Lo efímero

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Pensaba en esto. En cómo se dicen las cosas que no perduran, las rendijas por las que se nos cuelan a todos las impurezas. Las pérdidas, todo lo que se va. Todas esas cosas que deforman esa superficie que queremos que sea perfectamente redonda y que resulta ser siempre tan asimétrica: la vida. Una vez, un amigo me leyó un poema –nunca supe quién era el autor- que se llamaba “Todas las cosas que no son”. Desde entonces me dio por pensar –será que no hay cosas que pensar, eh- que nos faltan nombres para las cosas que no son, para las que están dejando de ser. Supongo que si se lo preguntaba el propio Bolaño, nosotros no podemos ser menos. ¿Que cómo se dice esto que no perdura? ¿Lo efímero? Tal vez.

 

 

 

 

Roberto Bolaño: ¿Cómo se dice esto que no perdura?

Cristián Warnken: ¿Lo efímero?

Entrevista. 1999. (¿Cómo se dice esto que no perdura?, de un poema de Ben Clark)

 

 

 

Pensaba en esto. En cómo se dicen las cosas que no perduran, las rendijas por las que se nos cuelan a todos las impurezas. Las pérdidas, todo lo que se va. Todas esas cosas que deforman esa superficie que queremos que sea perfectamente redonda y que resulta ser siempre tan asimétrica: la vida. Una vez, un amigo me leyó un poema –nunca supe quién era el autor- que se llamaba “Todas las cosas que no son”. Desde entonces me dio por pensar –será que no hay cosas que pensar, eh- que nos faltan nombres para las cosas que no son, para las que están dejando de ser. Supongo que si se lo preguntaba el propio Bolaño, nosotros no podemos ser menos. ¿Que cómo se dice esto que no perdura? ¿Lo efímero? Tal vez.

 

Una vuelve a los libros como vuelve a ciertas personas. Y hace poco me regalaron un libro especial: Una pena en observación, de C. S. Lewis. Cuando lo vi pensé “Uf. Otra vez no”. Porque lo leí cuando tenía 18 años. Álvaro de la Rica, mi profesor, y ahora amigo, nos lo puso como lectura obligatoria en nuestro primer año de periodismo. Que si me gustó: creo que no. De hecho: no. Que si dije, sin embargo, que me había gustado: claro. Y por qué: porque sabía que a Álvaro de la Rica le gustaba y yo quería aprobar. Aprobé. Pero esa no es la historia. Eso se llama hacer la pelota.

 

A lo que iba: me volvieron a regalar el libro y claro, una nunca dice: “Ya lo tengo, cámbiamelo que este es un tostón”. Así que no me quedó otra que sonreír y dar las gracias. Pero aquella noche, al llegar a casa, decidí hojearlo, aunque sin demasiado interés. Sí, el tema era el que recordaba: un profesor de universidad muy serio, incluso un poco estirado, perdía a su pareja y se pasaba todo el libro hablando de la pena, de Dios. Eso es lo que recordaba. Y a mis dieciocho años, con cuatro compañeras de piso, una resaca constante y muy pocas ganas de pensar, me pareció un fastidio tener que leerme a C. S. Lewis. Ay, la juventud.

 

Supongo que con dieciocho años, todo este asunto de las pérdidas a una le viene –generalmente– grande. Me ocurrió lo mismo cuando leí, un par de años después, ya con veinte, El año del pensamiento mágico y lo dejé a medias porque esa tristeza no me comunicaba absolutamente nada más que un profundo hastío. Sin embargo, el otro día, cuando empecé Una pena en observación, lo leí de un tirón. Y llevo días pensando en el libro y en su inicio: “Nadie me había dicho nunca que la pena se viviese con miedo”. C. S. Lewis nos habla en muy pocas páginas no solo acerca de una pena sino que se detiene en la sombra de una pena. En la difícil reflexión que sigue, por ejemplo, a la pérdida. Concretamente, él se centra en la muerte de su esposa, pero al final, lo que le preocupa a lo largo de las páginas es qué hacer con la ausencia. Cómo nombrar lo que ya no está. Qué hacer con todo eso. Le ocupa lo efímero, igual que a Bolaño. 

 

Así que pedí perdón mentalmente a C. S. Lewis y me dije que con los libros ocurre como con las personas. Hay un momento antes del cual es demasiado pronto y otro momento después del cuál ya es demasiado tarde.

2 COMENTARIOS

  1. Muy buen artículo, Laura,
    Muy buen artículo, Laura, enhorabuena. El momento justo, el kairós de los clásicos. Pero: ¿cómo casa eso con el imperio de la actualidad, con el miedo a llegar siempre demasiado tarde o a no llegar?

    • Muchas gracias. La verdad que

      Muchas gracias. La verdad que no lo sé… esto del momento adecuado es siempre tan complicado… Uno nunca sabe y en eso está el misterio, supongo.

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