Lo que no cuenta la Globo de las favelas cariocas

0
357

Cuando comencé a trabajar como corresponsal en Brasil y ofrecí por primera vez un tema sobre la violencia en las favelas cariocas, mi editor fue contundente: “Eso sólo es noticia si entran con tanques en los morros”. Ahí empecé a entender que el que desangra las favelas desde hace décadas es uno más de los conflictos enquistados y silenciados que hace tiempo que dejaron de aparecer en los periódicos. Que ya no interesan. Interesaron estos días, por un breve lapso, porque esta vez sí hubo tanques. Y dejarán de interesar en el momento en que la Red Globo deje de proveernos de imágenes bélicas. Ahí se quedarán los vecinos del Complexo do Alemão, de la Maré, de la Rocinha, con sus problemas de siempre. Y otros nuevos.

 

En mi último viaje a Rio comencé una investigación sobre la violencia en las favelas que me ayudó a leer las entrelíneas del seguimiento mediático de los ataques que comenzaron hace una semana y de la contundente represión policial –y militar- que vino después. Los medios brasileños han enarbolado un discurso autocomplaciente y maniqueísta: la guerra entre el bien –encarnado en las fuerzas de seguridad del Estado- y el mal –las facciones del narcotráfico-. Pero, como vienen repitiendo desde hace tiempo los expertos en la materia, se trata de una oposición falsa: la policía corrupta está por detrás de la mayor parte de los negocios del crimen, sea en forma de milicias –grupos paramilitares que controlan el territorio de unas 200 favelas, sobre todo en el oeste de Rio- o mediante sobornos. Lo ha dicho sin ambages Cláudio Ferraz, delegado de la Delegación de Represión del Crimen Organizado (Draco) y coautor del libro Elite da Tropa 2, en el que se basó el filme de José Padilha Tropa de Elite 2: “Si la policía hoy parase de funcionar, el crimen caería, porque los bandidos robarían solo para ellos, sin necesitar pagar la parte de los milicianos”.

 

Así están las cosas en Rio de Janeiro desde hace décadas. Sólo que ahora la cercanía del Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, y la mirada escéptica de quienes se preguntan fuera de Brasil si Rio puede garantizar la seguridad de los atletas y visitantes que atraigan los eventos deportivos, impone la ocupación de las favelas. El proceso comenzó hace dos años con la implementación de Unidades de Policía Pacificadoras (UPPs), sobre todo en la rica zona sur de la ciudad, pero la ola de violencia callejera de la semana pasada precipitó las cosas y dio la oportunidad al Estado para emprender su asalto final a las favelas. O no. Con 21.000 efectivos en las calles, las fuerzas del orden no tardaron en controlar la situación. Pero, ¿cuántos agentes se necesitan para ocupar las más de 900 favelas de Rio de Janeiro? ¿basta con los 40.000 policías con que el Estado cuenta en la actualidad? Y, más aún, ¿existe voluntad política para acabar con el narcotráfico y el crimen organizado en Brasil o se trata apenas de una reestructuración, de un cambio de modelo.

 

Para responder a estas preguntas, recomiendo encarecidamente la lectura de estos dos artículos: en primer lugar, el blog de Luiz Eduardo Soares, antropólogo, ex secretario nacional de Seguridad y coautor de Elite da Tropa 2. El segundo, una entrevista al sociólogo José Claudio Alves. Yo, mientras, voy tomando notas y encajando poco a poco las piezas del puzle. Espero mostraros en breve el resultado, en forma de reportaje. Mientras tanto, sigue valiendo la máxima: No te creas todo lo que te cuentan los noticiarios. Tanta superficialidad y manipulación, ¿es orquestada o simple y pura ignorancia? No sé cuál de las dos opciones me da más pena…

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.