Los baños de los teatros IV – El Teatro Pavón

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Los baños de los Teatros IV. El Teatro Pavón. Cuarta entrega de la descripción de los baños de los teatros.

 

«Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo…».  Esta frase del comienzo de un relato de Cortázar me viene a la mente cuando bajo a los sótanos de los teatros, y en cierto modo, la sensación es más acusada en este teatro en concreto, el Pavón. Es cierto que los anteriores baños aludidos en esta sección, los del Fernán Gómez, también se encuentran en un sótano, pero los asiduos de estos espacios concretos de los teatros conocerán perfectamente la diferencia. 

 

Teatro Pavón

 

Ay, los sótanos, esos lugares que, se quiera o no, suelen estar infectados de cucarachas que se ocultan mientras el espectador baja los escalones y en el que las ratas pueden salir de noche, mientras el teatro está cerrado… No, quita, no pienses eso… Mejor date prisa, que la función está a punto de comenzar y aún sigues bajando esas escaleras con dudas. Y con… ¿pavor? Vale, era un estúpido chiste con el nombre del teatro y el comienzo del relato de Cortázar… 

 

El Teatro Pavón, por empeño de Francisca Pavón y Martos, se empezó a construir en 1924; las obras terminaron el 30 de marzo de 1925. No he podido saber aún si los baños en los primeros años estaban en el mismo lugar, pero quizá sí… Así que supongamos que estaban ahí… He visto fotos de la primera planta, con la barra de un bar, y ¿quizá otros baños? ¿Se subirá a ese hall de la primera planta por la escalera contigua a la de bajada al infierno? Bueno, ya me han entendido, donde dije infierno, quise decir baños. Un día cuando nadie mire, trataré de subir esa escalera… (Ssshhhh, no se lo digas a nadie.) 

 

A la inauguración, el 11 de abril de 1925, acudió el rey de turno, Alfonso XIII, con su esposa Victoria Eugenia, y sus vástagos, y vieron allí dos zarzuelas. Me pregunto: ¿qué hicieron entre El asombro de Damasco y Don Quintín el amargao? Si los baños estaban allí en ese lugar que indica la flecha de la foto, tal vez tuvieran que bajar por la misma escalera que bajo yo a menudo… ¿O tal vez les permitieron el uso particular de ese supuesto baño de la primera planta, por tratarse de espectadores «distinguidos»? Misterios insolubles. Posteriormente hizo temporada allí una dama de la escena de aquella época, Rosario Pino. Su público (que sí pagaría la entrada, no como el ejemplo anterior), bajó por la escalera, al igual que los que acudieron a escuchar a Angelillo, a Manolo Caracol, Juanito Valderrama o la Niña de los Peines. Vemos que es público muy variado el que ha visitado ese sótano.

 

En el año 32 muchos de los que fueron a escuchar a Celia Gámez cantar el Pichi en Las Leandras, antes o después de acomodarse en la butaca, bajaron allá al averno. Y los espectadores de otros nombres como Manolo Gómez Bur, Mª Fernanda Ladrón de Guevara, Amparito Rivelles de niña, Rafaela Aparicio… ¿Y quizá también hicieron sus necesidades allí aquellos que se metieron en los camerinos a secuestrar a Miguel de Molina tras la función de tarde y antes de la función de noche, y posteriormente le torturaron?

 

En los años 40 ese sótano fue visitado por los espectadores que acudieron a reír con la compañía cómica de Mariano Ozores. Y durante varios años, la escalera, igual que todo el edificio, se olvidó un poco. Pero en los 80 Manuel Collado reabre el espacio. Los que fueron a ver por ejemplo La última luna menguante, en pleno verano de 1986, bajaron las escaleras… Aquí una de las páginas de la edición de ese texto en 1986:

 

La última luna menguante

 

¿Y después? Bueno, muchos más espectadores de todo tipo, porque en ese escenario ha habido para todos los gustos… En el siglo XXI, la compañía Zampanó compra el teatro y sufraga una parte de las obras con la iniciativa de venta de butacas… En las primeras filas se pueden ver algunos asientos con placas en que se pueden leer nombres más o menos conocidos… Después se congrega en ese teatro a mucho público, y sobre todo a mucho público joven, ya que la Compañía Nacional de Teatro Clásico lleva allí más de 10 años. Y los espectadores que acudían a escuchar el verso de la señorita Rufo, a la que echo de tanto de menos últimamente en ese escenario, bajaron por la escalera…

 

Pero bueno, esto es mucho divagar; tendrá que haber una segunda entrega que se centre en el tema que titula la entrada… Incluso se me está ocurriendo preguntar la situación de los baños a algunos que conocieron ese teatro mucho antes que yo, antes de Zampanó, como el señor Carrión, la señora Pamplona, el señor Maya… ¡Ah, y quizá le podría pedir a la señorita Rufo que haga una breve descripción de algún aspecto de esos baños del Pavón que no suelo visitar! Me refiero a los de mujeres del sótano, o los supuestos (y quizá imaginados por mí) baños del primer piso…

 

Bueno, continuará…

 

nico guau

El Gallinero es la bitácora de un grupo de dramaturgos que interpretan el papel de un periodista. Un espacio donde se informa del teatro que no acostumbra a salir en los medios de comunicación, de los recovecos que componen la vida teatral de Madrid y los espectáculos/ espacios/ creadores/ gestores menos conocidos.   En El Gallinero escribe nico guau, y en una época escribieron muchas más gallinas: Antonio García, El Trapo, Folguera, la señora del fondo, Manuel Rodríguez, Muflón Silvestre, Pelma y gris, Turuleta, Vera Yobardé... Si queréis contactar con nosotros, podéis hacerlo en elgallinerofronterad @ gmail.com, quitándo lo espacios alrededor de la @.