Los guineanos en el 3 de agosto, Dios y la vida eterna

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Hace poco los habitantes de Guinea Ecuatorial fueron testigos de la enésima celebración del 3 de agosto, fecha que en su jerga bautizan como “histórica”. Un servidor, visitante asiduo de este sitio, no dijo nada, y no porque la efeméride no mereciera ningún comentario, sino porque precisamente se agostaron todas las fuentes generadoras de reflexiones sobre el asunto de Guinea Ecuatorial. La novedad principal de este año es que tomó asiento central para saludar el paso de los hombres armados y de todos los aduladores agrupados en instituciones varias el más conocido de los hijos del viejo dictador, que casi se llama igual que él. Es decir, Nguema Obiang Mangue, este joven del que nadie tiene referencias de sus credenciales académicas, está a un paso de asumir la jefatura del poder del clan, que coincide con el guineano, este hecho que hace que el país tenga un asiento en la camaleónica y babilónica ONU. (A los primeros que construyeron un edificio y se pusieron a hablar en lenguas varias Dios los castigó)

Hemos llegado aquí, faltando un empujoncito para que inauguremos jefe de Estado, y no porque los guineanos no lo estuvieran viendo, sino porque nunca faltaron las razones para que hubiéramos dado vía libre a una de las autoridades africanas que más enfrentamientos ha tenido con la justicia de los países del hemisferio norte. Incluso la política frígida, e igualmente excéntrica, de Dinamarca despojó de su corona de miss a una señorita que de visita a Guinea para un evento internacional comprado por la familia se quedó prendado del actual vicepresidente del país. En aquel país escandinavo vieron que había podredumbre en los intercambios entre la doncella y el manboy guineano y aquello era inaceptable, por poco edificante. En Guinea Ecuatorial nadie se hubiera atrevido a ridiculizar a la chavala, por más que fueran evidente sus ganas de arrimarse a tan buena ascua. (En realidad dijo que hubo flechazo) Quien dice ridiculizar, dice hacer cualquier cosa contra el poder.

¿Por qué los guineanos no dieron lo mejor de sí para evitar que en nada se siente sobre sus cuellos el hijo malandro de Obiang y abramos las puertas a la tercera era de la dictadura? Por varias razones: estaban ocupados en la defensa de su pan, no querían enfrentarse al régimen para no perder sus posiciones políticas, en el caso de los miembros de la oposición, y porque habían dejado todo en las manos de Dios, por cuyo soondji todo ocurre. Bueno, soondji es una palabra del annobonés cuya equivalencia con el castellano no encuentro ahora mismo y utilizo para seguir avanzando. La cuestión de la que hablamos está en manos de Dios porque así lo han creído y querido los guineanos. Y aquí es necesario señalar las paradojas: ¿Cómo una gente que vive casi en la miseria, sin un sistema sanitario al que acudir, sin sistema educativo, que hace verdaderas piruetas vitales para encontrar agua potable puede creer que un ser poderosísimo les hará gozar de la vida eterna? ¿Cualquier persona miserable, negada por los bienes de la tierra, pero que a la vez creyera en la vida eterna, no lucharía a brazo partido con todos los enemigos por la restitución de su humanidad en esta vida sabedora de que no tiene nada aquí que perder? Esto es lo que se haría aquí y en el mundo alaakbarí, pero no en Guinea Ecuatorial. Es este hecho el que nos lleva a la conclusión del carácter engañoso de la religión predicada en Guinea. No, no tiene sentido que la espera en las recompensas futuras, las tales que incluye una inexplicable vida eterna, impidan a tanta gente buscar soluciones a los problemas de su vida diaria. Es un gran engaño. El descubrimiento de este hecho debe servir para que los guineanos se mentalicen de que la puesta en camino en su lucha contra la dictadura pasará de manera ineludible por la ruptura con instituciones que predican una historia que los ata de manera permanente al atraso moral, científico, económico y político. Las enormes dificultades para que los guineanos asuman esta verdad exigen que este artículo tenga su final, entendiendo que la ruptura con el creer cotidiano es un paso, hoy por hoy, impostergable.

Barcelona, 13 de agosto de 2021

Postdata:
Post scriptum:

No tiene sentido que, aun sea de manera dialéctica, muchos africanos, animados por muchos europeos, rechacen el colonialismo, pero se hagan tan mortalmente devotos de una doctrina que se predicó mientras se llevaba a cabo. (La realidad es que hay muchos africanos encantados con la colonización, pero que no se atreven a hacerlo público porque no sabrían justificarse)

 

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.

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