Lxs trabajadorxs…

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del sexo, repite un artículo que acabo de leer en CTXT (Contexto), un medio al que estoy suscrita. Lo firma una magistrada, está bien documentado y expone argumentos racionales y legítimos sobre el derecho de sindicación de las personas que ejercen la prostitución que en alguna medida comparto, aunque me siga pareciendo –por mi falta de conocimiento del tema– un asunto muy muy complejo.

 

Pero, dado que es discutible, me encantaría que las personas que pretenden plantar cara al masculino genérico me expliquen cómo van a conseguir resolverlo en el lenguaje oral (¡nada menos!) usando la equis en lugar de las vocales o y a. Por favor, intenten hacerse entender pronunciando esas tres consonantes seguidas sin reírse de uno mismo o hacer reir a los demás. Imposible, ¿no? Entonces, ¿se está intentando imponer por las buenas usos inviables, absurdos, sólo por razones ideológicas?

 

Hay quien, de broma o de veras, propone echar mano de la e, por ejemplo “amigues” como genérico. Pero… a ver, trabajadores tiene ya esa e providencial (ni trabajador, ni trabajadora), como la tiene “pobres” (hace poco en una columna de opinión en El País alguien escribía “pobras”…). Sin embargo, parece que no vale. También veo que CTXT encabeza su página con un “Encantadas de llegar tarde a las últimas noticias”. También es un genérico, pero esta vez femenino; no creo que responda a la proporción varones/mujeres que hacen el medio. Estos casos hacen pensar más bien en “dar una vuelta a la tortilla”.

 

Yo sólo quiero ayudar. Por favor, que alguien me diga cómo se puede resolver el problema del masculino genérico en estos pocos ejemplos (pienso seguir con la tarea en mis próximas entradas en este blog). Entre paréntesis, las supuestas soluciones.

 

“Apenas un 15 por ciento de los artistas que actuaron en 2017 fueron mujeres”. (Un 15 por ciento de las artistas fueron mujeres?).

 

“Los mayores primero”, en un coche del Ayuntamiento de Madrid. (¿Las mayores primero? ¿Los y las mayores? ¿Les mayores?).

 

“Los pequeños de las familias numerosas somos así” (¿Las pequeñas?).

 

“Sólo el 39 por ciento de los investigadores son mujeres”. (Otra vez el absurdo: …el 39 por ciento de las investigadoras son mujeres?).

 

¿Cómo hacemos con el Vivan los novios de las bodas cuando son hombre y mujer? ¿Vivan el novio y la novia? Porque en las “homobodas” no hay problema: Vivan los novios, vivan las novias.

 

En una crítica de un libro, en ABC Cultural, el autor se deshacía en elogios de la traducción: “Qué raro encontrarse con un traductor con esta sensibilidad para las palabras…”. El traductor era una traductora. ¿Tendría que haber escrito:… Qué raro encontrarse una traductora…? Si hubiera escrito “qué raro encontrar traductores” ¿estaría bien, no? Pero la fórmula que usa el crítico es más elogiosa, destaca más el caso de esta traductora, pese a que comete pecado mortal de genérico. Por cierto, la traductora se llama Teresa Lanero Ladrón de Guevara.

 

Suprimir el genérico masculino para visibilizar a las mujeres no es tan fácil, y en general el resultado no es compatible ni eficaz para trasmitir ideas, frases concisas, para la comunicación. Las frases se hacen más largas, reiterativas, el texto más espeso.

 

La lengua va adaptándose a la realidad, pero… Despacito, y sobre todo sin equis, por favor…!

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