Masié ha vuelto, vive Obiang

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Los guineanos que vivimos la época de Macías, de cuando se fusilaba sin cuartel, y si te confinaban a tu pueblo era que habías tenido mucha suerte, estamos, de luto. En realidad lo de confinar lo ha practicado más este régimen. Estamos, pues de luto, porque nadie nos hubiera mostrado mejor nuestro engaño que el mismísimo Obiang. En este artículo hablamos de cómo Guinea, desde 1969, no ha dejado de ser dictadura, siempre bajo la criminal complicidad de Obiang.

 

Los guineanos que vivimos la época de Macías, de cuando se fusilaba sin cuartel, y si te confinaban a tu pueblo era que habías tenido mucha suerte, estamos, de luto. En realidad lo de confinar lo ha practicado más este régimen. Estamos, pues de luto, porque nadie nos hubiera mostrado mejor nuestro engaño que el mismísimo Obiang.

 

En Guinea, con todos los ministros con millones de FCFA bajo sus camas, fusilan, te atropella un ministro y nadie dice nada; te amenazan a muerte y si lo denuncias, los jueces te llaman la atención. No se puede dudar de los excelencias que allí campan a sus anchas. Obiang, por su parte, con sus cerca de 60 ministros, para un país de 28 mil kilómetros cuadrados, dice que vive una paz envidiable, y se lo manda decir a su ministro de información, sí, este chico que estudió en España y que una vez fue crítico, pero que sabe que nunca nos convenció. Bien, vivimos una paz envidiable, ¿y por qué mandáis cortar las calles, y durante horas, cada vez que Obiang Nguema o Nguema Obiang sale de los miles de palacios que mandaron construir para no vivir como un pájaro? ¿Qué hay detrás de vuestro temor, presidente y dilecto hijo? Porque una bicicleta sería medio suficiente para cruzar una calle de un país en paz. Que respondan el sinnúmero de mujeres que en las RRSS no dejan de alabar a su querido Obiang, y a su hijo, «la esperanza de la juventud africana». Llegado aquí, tenemos que reconocer que hay miles de personas que desean que África siga como está, atragantada con la espina del mamuth; lo digo porque, de otra forma, no se entendería que pudieran perder un solo minuto en contar las inexistentes glorias de los que forman la familia de Obiang, el inmortal.

 

Luis Nzo, compañero del que esto escribe, está confinado en su pueblo. Salió a la calle a protestar porque habían hecho lo mismo con Guillermo Nguema, un hombre del que se sabe que no es la primera vez que viaja dentro de un saco, y en las bodegas de los aviones que transportan los muebles de Obiang. Siendo inocentes, como los 102 presos fusilados en los años 70, de los que hablaremos un día, no tenemos nada que decir. Ni pediremos para que los suelten, porque, total, están en su pueblo. Ya nos dirá Obiang un día los detalles que se esconden tras su decisión. Y es que sabe muy bien que si una persona no puede salir de su pueblo, en su desarrollado país, es un castigo duro. Y eso que viven en un «desarrollo sin precedentes y en una paz envidiable».

 

En medio ha ocurrido una cosa de la que hicimos breve mención, pero de la que sabe más el Ministro de Información, quien por la razón de su cargo sabe lo que se publica en Radio Malabo, y también en el medio de comunicación de Teodoro Nguema Obiang, Radio Asonga. El asunto es tan grave, y nos causa tanta desazón, que seremos los primeros en decirlo: Lo que cometan con el mismo no prescribirá jamás, y siempre les exigiremos que den cumplida respuesta.

 

Hace poco dijimos en un artículo que el dinero que Obiang entregó a la escuela sambera Beija-Flor es mucho más de lo que su gobierno ha gastado en educación en los últimos diez años. Una periodista de BBC tuvo dudas, y consultó las fuentes, pero como también dijimos, no encontró dato alguno que rebatiera nuestra afirmación. Y no acabamos de alzar el lápiz del artículo y cientos de jovencitos de lo que han querido llamar universidad salieron a la calle porque el régimen, ahora sí, ha sacado a la luz la información de que casi dejará de pagar sus exiguas becas. Los guineanitos que viven en Malabo y en Bata cobran al mes para seguir estudiando 50 mil francos. Si esta cantidad la dividimos por 660, que así  es cómo a veces se cambia el euro en Guinea, da como resultado 75 euros, una cantidad que no es nada, y teniendo en cuenta que un piso en Malabo, con una sola habitación, con el retrete fuera, y sin electricidad, cuesta más de la mitad de 75 euros, y si no lo creen, que hagan pesquisas. Si Obiang hubiera estado pagando esta cantidad a 8 mil estudiantes, sería 50.000×8.000= 400.000.000 de Francos. Y si esto se hubiera hecho por 10 años, cosa que no se hizo, y nadie lo duda, sería 4000.000.000, cuatro mil millones de CFA, una cifra algo respetable. Pero si esta cantidad la dividimos por 500, que es en dólares, moneda en la que ciertas cosas se empiezan a hablar en seriedad, y es el dinero en que hacen sus transacciones, tenemos, 400.000.000/500= 8.000.000, una miseria teniendo en cuenta que la casa de Malibú de Nguema Obiang cuesta cuatro veces más, una casita, esto sí, en la que no vivirá, porque no vivirá nunca en los Estados Unidos, por más que la tontería que hay en su cabeza se lo haga creer. Entonces es cierto que en 10 años Obiang Nguema no ha destinado a la educación guineana 3 millones quinientos mil dólares.

 

Han salido los estudiantes de la UNGE a la calle y ninguna de las bocas de los residentes en Guinea ha abierto para decir nada. En Guinea no solamente dejaron de hablar, sino que no escriben, no tienen opinión, y ya sea un maestro, ya sea un escritor que habla francés e inglés, o sea un antropólogo. Esta es la razón por la que creemos que ciertos abusos no prescribirán, y es porque cuando tuvieron que hablar, se callaron.

 

Masié sigue entre los guineanos, y vive Obiang, cubriéndole las espaldas.

 

Madrid, 30 de marzo de 2015

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.