Mayo ha sido de los palestinos

0
204

 

 

Hassan Hijazi, de 28 años, escuchaba el pasado 15 de mayo junto a unas mil personas a los habitantes que desde los Altos del Golán (sur de Siria, ocupado por Israel en 1967) les gritaban que era suficiente, que debían retroceder. Sintió la adrenalina aumentar cuando algunos de los jóvenes escalaron con determinación la valla metálica, sin escuchar a los que preocupados les advertían de que había minas, que era muy peligroso cruzar la frontera.

      Pero nadie escuchó y en apenas unos minutos muchos de los palestinos que recordaban la Nakba, la catástrofe que en 1948 hizo que 700.000 personas abandonaran sus hogares huyendo de los ataques del Ejército israelí, se abrazaban orgullosos a sus hermanos drusos “ocupados”.

       Hijazi no se detuvo en Majdal Shams (Altos del Golán) sino que decidió seguir camino hasta llegar a su ciudad natal, Jaffa, situada junto a Tel Aviv (capital de Israel). “Era mi sueño. No tenía miedo. Esto no es Israel sino Palestina, esta es mi tierra”, declaró poco después de ser detenido y expulsado a Siria. También explicó que se organizaron a través de Facebook porque el régimen sirio no les permitía manifestarse, y aclara: “Fue Hezbollah quien presionó a Siria para que nos dejaran seguir con nuestra protesta”.

       Escenas de denuncia, mensajes directos a Israel, se repitieron en todas las fronteras de los territorios palestinos actuales y de los que fueron perdiendo en las guerras del siglo pasado contra Israel.

       En el valle del Jordán, junto a Cisjordania, en el norte de la franja de Gaza, en el sur de Líbano, miles de palestinos lograron organizarse para retar con una sola voz al opresor. “la próxima vez cruzaremos la frontera armados y responderemos al Ejército israelí sin dudar y sin miedo, porque ayer mataron a más de ocho mártires”, concluyó Hijazi.

       Al día siguiente la prensa árabe dedicaba sus portadas al despertar de los palestinos que 53 años después, aprovechando el impulso de las revueltas en el mundo árabe y la inestabilidad en la que Israel está cada día más aislada en la región. “Hacia una nueva etapa en la lucha”, “un antes y un después de la Nakba de 2011”, eran los titulares del rotativo palestino Al Ayam en un artículo firmado por Talal Ukal, quien destacaba  que se trató de “una acción popular pacífica que se enfrentó a la ocupación proclamando al mundo entero cantos de libertad y compromiso con los derechos del pueblo palestino, y el primero de ellos el derecho al retorno y a las compensaciones a los refugiados expulsados por la agresión israelí”.

        El analista Abdelbari Atuán tituló su artículo en Al Quds al Arabi: ‘Las revoluciones árabes abren las fronteras’ y luego desarrolló la compleja situación en la que se encuentra Israel porque “los pueblos árabes son más fuertes que sus regímenes, y por lo tanto más fuertes que Israel. Han roto décadas de miedo profundo a regímenes dictatoriales, algo mucho más difícil que perderle el miedo a los israelíes”.

       La tercera Intifada, una revolución pacífica, apuntaban también otros observadores de la región como el libanés Satea Nureddín en el semanario Al Safir, incapaces de ser objetivos y contener sus análisis. “La revolución árabe atraviesa las fronteras inmunes, las alambradas, las barreras psicológicas establecidas por el régimen árabe con el enemigo israelí”, sentenció Nureddín.

       Incluso el presidente Mahmud Abbas participaba en esta campaña centrada en mirar al presente cercano con el objetivo prioritario de que la Asamblea de Naciones Unidas apruebe la creación del estado de Palestina. En un artículo publicado en el New York Times el 16 de mayo recordaba que lo que exigen hoy los palestinos es vivir en libertad en el 22% de su tierra histórica tras 20 años negociando con Israel. “No podemos esperar indefinidamente mientras Israel manda más colonos para ocupar Cisjordania y deniega el acceso a los palestinos a la mayor parte de nuestra tierra y a los lugares sagrados, especialmente a Jerusalén”.

        La reacción sobre el terreno de Israel fue usar la violencia. Hubo al menos 14 muertos y más de 100 heridos, y en las declaraciones oficiales lanzar la acusación de que Irán estaba detrás del movimiento, mientras que los más contenidos, como el ministro de Defensa Ehud Barak, reconocían que es sólo el principio de una serie de complejos retos a los que se enfrenta su país.

       La convicción de que “un cambio es posible” incluso en el caso de Palestina, también la expresó el periodista Jonathan Cook en la páginas de The National, donde describía cómo por primera vez llegaron a ondear banderas palestinas en Jaffa y en algunos otros territorios de 1948.

       El recuerdo de Mohamed al-Dura, el niño de 12 años que horrorizado falleció junto a su padre que no logró protegerle de los soldados israelíes, regresa a la memoria de muchos palestinos que en estos tiempos de revueltas, en los que la vida parece haber recobrado el sentido básico olvidado, sitúan a al-Dura al mismo nivel que Mohamed Buazizi (Túnez) y Jalid Said (Egipto). Son mártires y al mismo tiempo representan a la gota que colma el vaso. Al Dura, Buazizi y Said representan al ciudadano medio en los territorios palestinos, Túnez y Egipto que soporta una realidad indigna, represiva, carente de libertad… en la que su vida no vale nada.

        Tras la firma del acuerdo de reconciliación entre las 13 facciones palestinas, que impulsó las manifestaciones del 15 de mayo; los palestinos han vivido otro momento decisivo en este determinante mes de mayo. El día 28, en sábado, un día de la semana en el que nunca se había abierto antes,  el paso fronterizo de Rafah que une la franja de Gaza con Egipto quedó accesible  de forma permanente. De sábado a jueves, entre las nueve de la mañana y las cinco de la tarde egipcios y palestinos pueden atravesarlo presentando sólo su pasaporte.

         Terminaron las citas previas, las listas supervisadas por Israel, las horas de espera, la frustración de regresar a casa con la maleta intacta, las cartas agradeciendo invitaciones a congresos y conferencias a las que nunca pudieron optar, las becas de estudios que expiran y los visados rechazados. La única restricción es que los varones entre 18 y 40 años no podrán salir del territorio, excepto si el motivo son estudios, salud o un visado a otro país por lo que tengan que acceder en tránsito Egipto.

        Sin que exista espacio para la tregua, porque la espera ha sido suficientemente larga para los palestinos, la próxima cita es el domingo 5 de junio. De nuevo a través de las redes sociales, esperan superar la reacción y movilización del Día de la Nakba. Piden que miles de personas tiren abajo las fronteras, que utilicen la fuerza del pueblo, la capacidad recién encontrada de enfrentarse a los opresores, sin que nadie tenga que lanzar una proclama para que cada individuo reaccione ante la perspectiva presente.

 

 

 

Telegramas sobre el estado de las revueltas

 

Libia

Muamar Gadafi está dispuesto a llegar a un acuerdo, a negociar el fin de la crisis pero volvió a repetir, esta vez al presidente sudafricano, que no abandonará su país.

      Misrata, al este, sigue controlada por los rebeldes que están mostrando las atrocidades cometidas por los mercenarios progubernamentales durante semanas, y en el  oeste del país la batalla sigue avanzando y retrocediendo, cada vez con más muertos y heridos, la mayoría civiles.

      La Unión Europea ha abierto una delegación en la ciudad para reconocer a la autoridad rebelde, quienes ya han empezado a recibir a ministros extranjeros, uno de los primeros en mantener un encuentro ha sido el jefe de la diplomacia italiana.

 

Bahréin

Taras levantar el estado de excepción, las tropas saudíes han comenzado a retirarse.  El rey Ahmed Bin Issa al Jalifa, ha pedido que se instaure un diálogo nacional para que el país no vuelva a caer en el caos.

      Mientras médicos y enfermeras han sido juzgados por haber ayudado en los hospitales a los manifestantes  y varios activistas también se han sentado en el banquillo por su supuesta responsabilidad en la muerte de varios policías durante los enfrentamientos de marzo.

 

 

Siria

Terrible situación, cada día más alarmante. La comunidad internacional sigue reaccionando con timidez. La UE ha condenado la violencia del régimen de Al Assad contra su pueblo pero no se apunta una posible intervención, y Estados Unidos también ha reaccionado pidiéndoles a Al Assad que reforme o se vaya; un planteamientos poco directo teniendo en cuenta que en las últimas 10 semanas han muertos más de 1.000 personas y hay al menso 10.000 detenidos.

      Hamza al Jatib, un niño de 13 años, se ha convertido en el símbolo de la revuelta después de que su familia recuperase el cuerpo torturado y mutilado. El adolescente participó en una manifestación cerca de Deraa a finales de abril. UNICEF ha denunciado la muerte de al menos 30 menores desde que comenzaron las protestas.

      Bachar al Assad ha decretado una amnistía general, que incluye a presos políticos y miembros de los Hermanos Musulmanes, y ha creado un organismo para iniciar un diálogo nacional. No se ha especificado ni cómo trabajará, quién lo formará ni en qué calendario se espera que tenga resultados.

     Ambas medidas caen en saco roto para la oposición que asegura que llegan demasiado tarde, con muchos muertos sobre la mesa, y los tanques rodeando varias ciudades.

En una entrevista el pasado 17 de mayo en La Vanguardia el ex  vicepresidente Abdel Halim Jadam, explicó desde Bruselas que el régimen de Al Assad será derrocado “en mes o mes y medio”. “Se requiere una intervención internacional más activa y la imposición de sanciones políticas, económicas y militares contra el régimen de Al Assad”, declaró.

 

 

 

Yemen

 

Al borde de una guerra civil en un país donde según los expertos hay 70 millones de armas, el enfrentamiento en la tribu Hashid entre el principal sheij y el presidente, ha potenciado la violencia en una crisis que hasta el momento discurría de forma pacífica.

      En la plaza Taghir los manifestantes intentan mantener ese espíritu, al margen de las artimañas del presidente Ali Abdulah Saleh, que estuvo durante varias semanas jugando con los países del Golfo y con Estados Unidos al ratón y el gato con los acuerdos que planteaban su renuncia a cambio de inmunidad.  

     Además de los enfrentamientos entre fuerzas de seguridad leales a Saleh y combatientes de la tribu Hashed en la capital, el presidente yemení ha, según los analistas de la región, permitido que Al Qaeda se haya hecho con el control de Zinyibar, en el sur del país, para resurgir como la figura capaz de restablecer la paz y estabilidad. Sigue ajeno a que la calle ya no quiere “al líder capaz de arreglar la situación”, porque ahora están convencidos de que son capaces de gestionar su país, Saleh se aferra al poder y parece estar dispuesto a destruirlo antes de entregarlo.

Print Friendly, PDF & Email

Autor: Carla Fibla