Me siento bonita

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A uno le gustaría hablar del gol de Bale pero es demasiado tarde. Aunque sucedió el miércoles, es cómo si la imagen llevara décadas colgada en el museo del Real Madrid, escoltada, por ejemplo, por el taconazo de Redondo y la volea de Zidane.

 

A uno le gustaría hablar del gol de Bale pero es demasiado tarde. Aunque sucedió el miércoles, es cómo si la imagen llevara décadas colgada en el museo del Real Madrid, escoltada, por ejemplo, por el taconazo de Redondo y la volea de Zidane. Ahora viene Pep, y Cristiano quiere recibirle como se merece dándole las últimas lecciones a su tendón rotuliano como si éste fuera My Fair Lady saliéndose de tono, y él mismo el profesor Higgins. Uno ya está viéndole celebrar los goles cantando With a Little Bit of Luck, o incluso I Could Have Danced All Night, y hasta se imagina, no sabe por qué, al propio Guardiola haciéndole, encantado, los coros.

 

El independentismo declarado del de Sampedor quizá le haga viajar con una motivación especial a Madrid, por lo que cabría abrirle de par en par las puertas del Bernabéu y mostrarle todas sus esquinas, incluida (para asustar) esa dónde se guarda a Gareth (no el futbolista sino el purasangre que compró Florentino): el cajón en el que se le pone la divisa mientras golpea las paredes, o donde bufa mientras espera a que toquen la campana en el hipódromo, antes de encerrarle el miércoles dentro como a Mark Twain en el periódico Gloria Matinal y Grito de Guerra de Johnson County, para enseñarle cómo es el periodismo en Tennessee: a base de robo, contragolpe y disparo, todo ello sin perder las formas.

 

Hoy Ronaldo es un hombre atento (y el Madrid, en general, un prodigio de actitudes naturales: no tiene precio ver al caballero Alonso deslizarse sobre la hierba como un niño tras el éxtasis de Bale, quien se empeña en meterse en este artículo), lo cual tuvo su mejor demostración en el abrazo a Messi, momento que igual también debiera tener su hueco en el museo, y ser susceptible de cesión al de Can Barca para una exposición temporal ahora que están en crisis de valors. En los periódicos dicen que el Camp Nou ayer indultó al de Rosario, lo cual indica que ni el público está bien en el Barcelona, institución que esta mañana a uno le ha recordado al aloe vera de su terraza al que, de vez en cuando, hay que cambiarle la tierra y mezclarla bien con abono para que no se le sequen las puntas.

 

Porque el Barca se muere por las puntas, como si fuera por déficit de peluquería (quizá esto explique la contratación de Neymar), desde hace varios ciclos (esos ciclos barcelonistas de fácil reproducción: una madriguera y no una cantera es la Masía), mientras su afición se aferra al cogollo verde de Lionel (como si no se le pudiera poner de ese color porque ya lo es) que aún resiste enraizado en el tiesto. A uno estas cosas le dan lo mismo, y más sabiendo que la directiva actual va a dirigir la recolecta, donde se ve más a la pulga descalza pisando las uvas y remangándose la falda, como Aitana Sánchez Gijón paseando por las nubes, mientras les pone ojitos a jeques y oligarcas, que liderando esos trabajos. Está la Liga por decidirse pero allí el musical de éxitos ha bajado el telón; al contrario que aquí, (si nos dejan, como en la canción de José Alfredo Jiménez) donde uno tiene ganas de empezar a entonar el miércoles aquello de Natalie Wood: I feel pretty, oh so pretty, I feel pretty and witty and bright,…