Minorías étnicas: entre realidad y espejismo

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La diversidad cultural que existe en China es fascinante en cifras y en imágenes, pero cuando uno se aproxima a esos mosaicos culturales, especialmente en las provincias y regiones del sur, descubre que el folclore está excesivamente comercializado en ciertos núcleos urbanos y que las etnias minoritarias, como comunidades eminentemente rurales que son, viven en condiciones que rozan la pobreza.

 

Ciudades como Dali, en Yunnan, se han transformado en un parque temático para turistas. Calles de bares y cafeterías, tiendas de souvenirs étnicos, hotetes de inspiración bai y tibetana, agencias de viajes, centros de masajes e incluso barrio rojo totalmente identificable. Al final incluso se duda de la propia existencia de la etnia bai en la ciudad. Todos los que tengan que vender algo visten el colorido traje tradicional. Lo llevan las dependientas del supermercado, las camareras del restaurante, las chicas de la recepción del hotel,… y te lo venden en la tienda de souvenirs de la esquina. Esta ciudad está especialmente preparada para el turista occidental, pero la mayoría de los visitantes son nacionales, especialmente chinos han. Ellos marcan las pautas del consumo, incluso donde no son la población mayoritaria, como en muchas localidades de estas provincias. Y las minorías étnicas, disgregadas en ese gran mosaico cultural, se pliegan comercializando su identidad para reducir su dependencia del campo. Es comprensible. No tienen mucha más elección para mejorar sus condiciones de vida.

 

Lo que me pregunto es cómo afecta este fenómeno a su identidad cultural. En la comercialización participan todos, no sólo los turistas, sino también los bai, los naxi, los musuo, los tibetanos, los yi, los miao, los dong, los zhuang,… Más allá del respectivo traje tradicional hay una identidad, al menos unas costumbres diferenciadas -estoy convencida-, sobre todo en esas comunidades rurales que subsisten de lo que les da la tierra, más alejadas del turismo. Sin embargo, es difícil vislumbrar esa realidad. El traje tradicional que se nos presenta es un espejismo de diversidad cultural. Cualquiera puede vestirlo y presentarse como bai, naxi, musuo, tibetano, yi, miao, dong, zhuang,… a los turistas. Es un espejismo, una farsa, una tragicomedia, un engaño, una decepción.

Vigo, 1983. Licenciada en Periodismo y Especialista en Información Internacional y Países del Sur por la Universidad Complutense de Madrid. Tras experiencias académicas y profesionales en Madrid, Freiburg, Utrecht, Berlín y Londres, en 2008 llegó la ansiada oportunidad de ampliar horizontes en Asia. Cuatro meses antes de los Juegos Olímpicos me trasladé a Beijing con un visado de trabajo pero sin propósitos definidos, abierta al descubrimiento de un nuevo mundo, y aquí sigo, observando los cambios de una sociedad en constante transición que desafía mis neuronas constantemente.