‘Mis almuerzos con gente inquietante’ —Manuel Vázquez Montalbán

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"Un aspecto que percibo a posteriori, una vez leído y releído el original, es que, juntos y sumados, estos personajes podrían posar para una fotografía fin de transición. Pero no insisto en esta intuición porque creo que todo y todos estamos en perpetua transición".

 

 

 

 

“Un aspecto que percibo a posteriori, una vez leído y releído el original, es que, juntos y sumados, estos personajes podrían posar para una fotografía fin de transición. Pero no insisto en esta intuición porque creo que todo y todos estamos en perpetua transición”.

 

A Manuel Vázquez Montalbán le falló la intuición en su prólogo de Mis almuerzos con gente inquietante (Público, 2009), una serie de entrevistas que publicó en 1984. Al menos en parte. Esa fotografía ha seguido viva diez, veinte, treinta años después. Los años que ha aguantado Alfonso Guerra en su escaño. Manuel Fraga murió hace tres, al poco de levantarse de su refugio en el Senado.

 

Es ahora cuando esa fotografía se rompe del todo.

 

Roca Junyent no es aquel político embaucador que aspiraba a tomar Madrid, sino el portavoz de una monarquía desvelada. Desde Argentina le interrumpen la siesta a Martín Villa, quien de repente recuerda que sí, que fue ministro de Franco. Julio Anguita se desespera en una entrevista digital con la ruleta rusa en la que anda metida IU. Quién se lo iba a decir.

 

Otros dejaron de salir en las fotos mucho antes: Bibi Andersen, Jesús Quintero, el cardenal Tarancón, Xavier Vinader, Luis Olarra… Nada ni nadie resiste tanto como un político. Van unas esquinas dobladas del libro:

 

* El marido es, después del perro, el animal doméstico menos valorado que existe. Los maridos de mujeres guapas están condenados a ser eternamente menospreciados por quienes se consideran con más dotes que ellos para aspirar al galardón.

 

* Anguita ya me ha expuesto su ideario político: es un socialista utópico que no encuentra un partido político a su medida. Anguita ya me ha demostrado que es un excelente alcalde, reelegido a pesar del desembarco de Normandía que practicó el PSOE. Anguita emana magnetismo personal y ha creado una simpática secta de nueva religiosidad laica que le ríen las espantás y las jartás de habas. Tiene la egocentría de un mal educado y la desarmante grosería de un niño mimado.

 

* Ahí está Cortina Prieto, asomando los ojos a este comedor donde le esperamos Paco Mora y yo, ojos fotográficos, grandes y muy abiertos que se apoderan de todo lo que hay como si estuvieran haciendo el inventario de una situación. El tamaño de los ojos es una condición congénita, pero la manera de mirar al mundo no.

 

* Viajé a mi ciudad para votar no por el PSOE, naturalmente; regresé a la clínica en pos de mi masoquismo aparcado y encontré a la dama airada al borde del exilio. Cada vez que la televisión comentaba la victoria socialista rugía tan delicada dama, con esa mala educación de clase y de historia que nuestra oligarquía ha adquirido bajo el franquismo, ese instinto de prepotencia e impunidad que les dio la victoria, ese derecho de conquista que se ejerce sobre un territorio o sobre un saloncito de televisión donde no te importa qué puedan pensar los demás.

 

* —De hecho se produjo una significativa alianza entre jóvenes franquista y viejos oposicionistas para que fuera posible la transición.

Así me resume Martín Villa la coincidencia histórica que posibilitó la actual democracia española.

—Los jóvenes de la oposición que se subieron al carro de la transición política poco han tenido que ver. Se han comportado más bien como una pandilla de insensatos, como si continuaran actuando en una asamblea de facultad.

 

* —Admita que es más elegante reprimir con las ideas que con las manos.

 

* Occidente se ha quedado sin filósofos y los que hay se dedican al intrusismo en el territorio del periodismo de opinión, son comentaristas de lo que pasa. Y el lugar otrora ocupado por los filósofos lo detentan ahora los economistas administradores escolásticos de las últimas verdades absolutas: el grado cero del desarrollo, el agotamiento de la revolución industrial, el advenimiento de la revolución tecnológica y la obsolescencia de una cultura, es decir, de una conciencia social construida para entender relaciones de producción precipitada dentro de diez, veinte años.

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