Momentos de amor

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Yo no puedo decir que recuerdo las mejores palabras, ni los mejores  momentos, ni las caricias, porque decirlo así nomás no te muestro lo que tengo tatuado en la piel.

 

Yo no puedo decirte que:

Para ti tengo las mejores palabras.

Que para ti tengo los mejores recuerdos.

Yo no puede decirte que para ti tengo los mejores besos, las mejores caricias, las más honestas miradas.

Para ti, los días azules…

 

Decirlo así,

así no más,

no vale la pena.

 

Porque decir “las mejores palabras” no se te mete en la piel.

 

Y decir “los mejores recuerdos” no especifica nada, no te muestra el bosque de Santa Elena, ni la playa en Panamá, ni el Puente de Occidente sobre el Rio Cauca. Decir “los mejores recuerdo” no captura ni el más breve momento entre nosotros.

 

Y así, con el resto de cosas que la gente dice, que escribe… Y ya sabes el ogro que soy con la gente que no respeta las palabras.

 

Pero yo no puedo hablarte de esa manera.

Ni escribirte así.

Y mucho menos nombrarte con ese tipo de expresiones.

 

En vez de ello quiero decirte que:

Cuando me escribías por el chat:

“Buenos días, cosota”

yo sabía que me decías: “te amo”.

 

Cuando recuerdo esa vez que vimos en tu casa la serie Breaking Bad, vestidos de oficina, separados los brazos, como si fuéramos adolescentes, apenas tocándonos las puntas de los dedos, ya me estabas diciendo: “me gustas”.

 

Y yo te estaba diciendo: “quiero estar con vos”.

 

Decir que te dejo “los mejores besos” es masticar el aire.

¿Cuáles besos?

¿Cuáles labios?

¿Cuál aliento?

 

Recuerdo esa vez que escuchamos las baladas de Elvis, Sinatra y Miles Davis, en tu sofá, y nos besábamos y nos besábamos.

 

Besos de oro, de pájaro, de velero, besos de París.

 

Yo desaparecí del mundo para estar solo con vos, dentro de vos, mezclado con tu aliento de noche, que no era el mismo aliento cuando recién salíamos de cine. Ni era el mismo aliento cuando estabas triste y nostálgica. O cuando estabas en tacones. Ni era el mismo aliento cuando estabas descalza o en pijama.  

 

Durante esos besos todavía no me explico por qué nos duraban tanto, yo sentía que entraba en ti, y al mismo tiempo entrabas en mí.

 

Y entonces entendía esa palabra que nombra lo Completo.

O mejor, yo sentía esa palabra que nombra la Unidad.

 

Yo no puedo decir que recuerdo las mejores palabras, ni los mejores  momentos, ni las caricias, porque decirlo así nomás no te muestro lo que tengo tatuado en la piel.

 

Yo tengo que sacar la lupa de la memoria, y sentir con hondura cada detalle, cada momento de amor.