Neologismos

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Y qué cuando crecimos en dictadura.

Cuando los recuerdos,

esos pocos recuerdos que tenemos de la infancia,

cuando los recuerdos

son equivocados. Porque no era

que nuestra amiga, o amigo,

ya no quería jugar

o tenía que estudiar el resto de la vida, y por eso.

No era no.

No era que nos recetaban Plidex como caramelos

porque nos ponía nerviosos la escuela,

la maestra, el maestro, las filas de varones y de nenas,

es normal, con esto se le va a pasar.

Nos recetaban, sí, pero no era por eso. Lo sabíamos, nosotros lo sabíamos

pero incluso así creíamos que era.

No era que las calles estaban vacías salvo por niños jugando

porque el resto de la ciudad trabajaba. No.

No había hombres de la bolsa ni el juego de escondernos en casa a algunas horas.

Aunque sí había hombres de la bolsa. Y jugaban.

 

 

Pasamos la infancia construyendo torres con fichas de dominó

que se caían, que todo el tiempo se caían.

Pero no era por falta de paciencia, de equilibrio.

Hoy sabemos³¹ que eran las fichas,

las fichas las que no encajaban.

[31. tr. Arg., Bol., Bra., Chi., Par., Ur. Neologismo utilizado por los nacidos en la década de 1970 que implica la voz condicional. De a ratos, sabemos. Suponiendo que lo sabemos.]

 

 

No había que callar o inventar

cuando preguntaban por nuestras familias. Había.

Pero no había que hacerlo porque a ellos, los que preguntaban,

no les interesaba. Sí les interesaba.

No era que nos cambiaban el nombre

y la fecha de nacimiento a nosotros,

porque si era a un amigo era a nosotros,

que nos cambiaban el nombre y la fecha de nacimiento

porque había sido un error y había que componerlo.

No componían el antes, sino el después.

 

 

No era que se fue y no volvió, era que se lo llevaron.

No era que está en el norte, como si el norte fuera un lugar, una casa, una estufa prendida, una taza de sopa, un libro abierto. Está en donde no hay estufa ni taza ni sopa ni libro,

ni lugar.

No era que está en un país al norte, y mezclábamos Suiza con Suecia y México con Canadá. No era pero creíamos.

Y señalábamos el norte señalando para arriba, sin saber que estábamos señalando el cielo.

 

 

No era que nos hacíamos pis en los pantalones

porque no controlábamos la vejiga. La controlábamos.

A ella sí.

No era que terminamos siendo hipocondríacos para llamar la atención.

Terminamos siendo porque crecimos con la muerte en cada silencio.

Y señalábamos el cielo pensando que señalábamos el norte.

Y no era, sobre todo no era

y nunca sería,

que había que entender,

que un día íbamos a entender.

 

 

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Ana Laura Lissardy es escritora, periodista y editora independiente. Licenciada en Letras por la Università degli Studi di Udine, Italia, y máster en escritura y producción para ficción y cine por la Università Cattolica di Milano. Ha colaborando con El País (España), The Guardian (Reino Unido), la Repubblica (Italia), Gatopardo (México), DonJuan (Colombia), Etiqueta Negra (Perú), elemmental, (España), entre otras. Fue editora de Santillana. Es autora de la novela Amarillo; Vamos que vamos. Un equipo, un país; Contra viento & marea. Historias de conquistas imposibles y Ser Luis. Y coautora de libros de crónicas latinoamericanos. Dirige un Laboratorio de escritura, el club de debate de libros Libro Fórum, y el ciclo de cine y debate Cine Fórum, en Punta del Este, Uruguay. Aquí, en este blog, lo entreabierto es un libro. Cuadernos, más bien. Apuntes que escribo desde hace tiempo. Y a través de los cuáles me busco. Me busco y soy poema, reflexión, carta, video, canción, crónica, recuerdo… Me construyo palabra a palabra, en páginas en blanco. Me creo, más que crear. Aquí es dónde.

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