No hay épica sin Nokia

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Tanto se ha querido parecer Pedro Sánchez a un presentador de televisión que se ha olvidado de debatir. Eduardo Madina se ha empeñado en imitar a Eduardo Madina. Dedos índice y pulgar juntos, al más puro estilo Chiquito de la Calzada, moviendo el brazo de arriba abajo. José Antonio Pérez Tapias observaba el espectáculo como quien sale de copas y no despega el codo de la barra del bar. Por un lado, el guapo; por el otro, el torpe que quiere ser simpático.

 

Lunes, 7 de julio

 

Tanto se ha querido parecer Pedro Sánchez a un presentador de televisión que se ha olvidado de debatir. Eduardo Madina se ha empeñado en imitar a Eduardo Madina. Dedos índice y pulgar juntos, al más puro estilo Chiquito de la Calzada, moviendo el brazo de arriba abajo. José Antonio Pérez Tapias observaba el espectáculo como quien sale de copas y no despega el codo de la barra del bar. Por un lado, el guapo; por el otro, el torpe que quiere ser simpático. Pérez Tapias les mira y dice que él no es el tercero en discordia, sino el primero en concordia. Y que menudo programa de izquierdas tan chulo les está quedando.

 

Los tres protagonistas son los aspirantes a liderar el PSOE, todavía el principal partido de la oposición. Uno de ellos, a partir del domingo, deberá recomponer unas siglas con las que Zapatero jugó al Scrabble. La tarea no es fácil: la crisis del socialismo ha retirado de la política a Rubalcaba, aunque no a Guerra. Así que todavía hay margen. Y esa recuperación pasa por celebrar un debate al mediodía un lunes de julio. Sin chaquetas y sin corbatas. Intercambiando lemas y las mismas promesas de los últimos veinte años: yo derogaré el Concordato, dice Madina; yo promoveré un referéndum monarquía-república, dice Pérez Tapias; el PSOE no está formado por casta, sino por gente con casta, dice Sánchez, mientras muestra su perfil bueno. “Soy yo”, cierra Madina, por si alguien lo ha confundido con su imitador.

 

Los tres candidatos abandonan su atril antes de que la moderadora dé por terminado el debate. Se saludan entre ellos –todo queda entre compañeros y compañeras– y Madina tropieza con el logotipo del PSOE. Después se miran entre ellos sin saber qué hacer.

 

***

 

Martes, 8 de julio

 

Siglo 21 es un programa que se emite en Radio 3 entre las doce y la una de lunes a viernes. ‘El buzón de voz’ es el nombre de una sección que recoge las llamadas de los oyentes. Ellos llaman, dejan su mensaje y después son emitidos. En el programa del lunes, que he escuchado hoy mientras corría, un chico saluda: “¡Buenos días! ¡Por un mundo sin corbatas!”. “¿Cómo que un mundo sin corbatas?”, responde hoy otro, “si voy a estrenar corbata hoy”. “Voy a estrenar / corbata hoy. / Por fin haré algo de verdad / ¡Qué feliz soy!”, cantan Los Enemigos.

 

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Jueves, 10 de julio

 

Dice Carlos Alsina, durante el monólogo con el que arranca hoy su programa:

 

“Este domingo es un día muy importante para el PSOE porque termina la carrera entre Sánchez, Madina y Tapias para elegir al nuevo secretario general del Partido Socialista. Para quienes anden despistados, Pedro Sánchez es el que sonríe siempre –el Giocondo lo llaman en el partido–. Eduardo Madina es el que tiene siempre el dedo así levantado. El otro día hicieron un debate y la gente decía: ‘Madina perdió el control de su dedo’. Y los adversarios decían: ‘Si no sabe controlar sus manos cómo va a saber controlar el Partido Socialista’. Yo lo entiendo porque a mí también me pasa. A veces no sabes qué hacer con las manos”.

 

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Viernes, 11 de julio

 

Lo llaman #eltontolmóvil.

 

Su paso por los Sanfermines le saldrá por unos 1.500 euros, el precio de la autofoto más estúpida. O no. Porque todavía no sabemos si ha sido capaz de darle al botón, o si en realidad se estaba grabando, mientras corría delante de cuatro toros de media tonelada de peso. Han sido apenas cuatro segundos. Un tipo de barba, #eltontolmóvil, vestido con pantalones blancos y sudadera roja, se ha plantado delante del primer morlaco. Él levanta la mano, en la que lleva un teléfono móvil, e intenta fotografiarse, o grabarse, tratando de encajar en el objetivo alguno de los ocho pitones que le persiguen. #Eltontolmóvil mira hacia atrás y, cuando intuye el peligro, se aparta: cruza la calle de derecha a izquierda, entorpeciendo a otros corredores, y cae de boca cuando llega a la valla que delimita el recorrido. Un trompazo de 1.500 euros.

 

“En una colina, los rebeldes graban los misilazos con sus teléfonos móviles –releo en una crónica de Plàcid Garcia-Planas en la Libia que quería matar a Gadafi–. Ya no hay épica sin Nokia.”

 

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Sábado, 12 de julio

 

Antonio Muñoz Molina escribe en ‘Babelia’ sobre César González-Ruano, a propósito del libro ‘El marqués y la esvástica’:

 

“Decía que ‘la verdad, la verdad pura, apenas sirve para nada’, y escribía en los periódicos una literatura en gran medida superflua, de brillo y adorno, ajena a cualquier conexión con la realidad, o con esas verdades inútiles pero peligrosas de las que prefería olvidarse. En sus momentos de lucidez, de los que hay algún rastro en el Diario íntimo, reconocía que el suyo era un talento malogrado por la indisciplina y la prisa, por la falta de un empeño sostenido. No podía aceptar, aunque también lo sospechara, que un indicio o una consecuencia de mediocridad era su propensión a la impostura: escribía para ocultarse, para borrar pistas, para mantener un personaje, no para asomarse con los ojos abiertos a lo que prefería no ver, no saber.”

 

El Premio González-Ruano de periodismo era, con 30.000 euros, el mejor dotado hasta que la Fundación Mapfre lo suprimió, a raíz de la publicación de ‘El marqués y la esvástica’. Antonio Muñoz Molina lo ganó en el año 2002. No lo menciona en su reseña de hoy.