No sé qué les pasa a las nuevas manadas que no triunfan

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Me he acordado de las boy band. Yo recuerdo los cientos de miles de mujeres de todas las edades que han arrastrado siempre las boy band. Es una locura. Yo con doce años (y con cuarenta y cuatro) quería ser un boy de una band. Uno de ellos podía sonreír y un instante después se podía escuchar el estremecedor grito histérico al unísono de decenas de miles de mujeres. Es chocante y desagradable, pero me he acordado de las boy band porque no había visto una reacción femenina multitudinaria tan pasional hasta que vi las manifestaciones de protesta por el caso de La Manada.

Entonces las mujeres se reunieron masivamente para despreciar, no para celebrar, al célebre grupo sevillano. Pero La Manada de Pamplona (los LMDP) no parece haber iniciado ningún fenómeno respecto al gremio infecto de las manadas violadoras. Todo lo contrario. Hay un mutismo mediático insólito. No parece que pueda haber ya nunca, incomprensiblemente, una manada con el éxito de convocatoria de la primera, que ni siquiera es la primera. Simplemente es la elegida.

En realidad, ni siquiera se habla ya de éxito sino de la mera existencia de una convocatoria. La proliferación de las manadas supera cualquier precedente conocido, pero a cada nueva noticia le sucede un silencio desalentador, un humo como de discoteca de los ochenta en duro contraste con el bombazo pamplonica. Hay como una cerrazón ahí. No sé qué les pasa a las nuevas manadas que no triunfan. No se sabe nada de ellas, de sus miembros. Son práctica y asombrosamente ignoradas, y eso que todas comparten los mimbres (incluso los superan con creces en grado de abuso y crueldad) de la manada famosa.

Dicen algunos que es porque las nuevas manadas están mayormente formadas por inmigrantes originarios de países de religión mayoritaria musulmana. Pero esto no lo cuentan nunca en el telediario. Sí lo cuentan, en cambio, si el violador o los violadores son naturales de Cuenca o de Zúrich. De ser así, sería como si hubiese racismo encubierto en el mundo de las bandas de violadores. Es como si no se pudiera triunfar en este gremio repugnante si eres marroquí o argelino, por ejemplo. Así debe de funcionar el turbio negocio de los violadores.

Y no hay derecho. Hay que promocionar a todas las manadas por igual, independientemente de su procedencia. Todas agreden y violan. ¿Por qué el Prenda tiene que llevarse toda la fama? ¿Y el desconocido inmigrante de Manresa? ¿Acaso no violenta con la misma sensibilidad? ¿No realiza el mismo sacrificado esfuerzo? ¿Acaso no demuestra el mismo talento?, ¿o incluso uno mayor?

Me pregunto dónde está ese público vociferante de las manifestaciones por el caso de la Manada de Pamplona. Es como si para él sólo existieran ellos, los LMDP. Como si fuera la única y genuina e insuperable banda de violadores. Como si las demás fueran meras copias sin importancia, como sus víctimas. Y digo yo que buen mérito tienen todas las manadas. No sé qué es lo que pasa. He visto a un familiar de la víctima de la violación de Manresa intentando tomarse la justicia por su mano, antes de ser detenido por la policía mientras el anónimo acusado salía y entraba del juzgado sin que una sola fan, salvo dicho familiar de la víctima, acudiera a vitorearlo.

Todos esos talentos de las manadas que no cesan de aparecer por todas partes deberían ser tan reconocidos como el de los LMDP, y sin embargo sucede lo contrario. Lo que parecía un clamor de hartazgo, un punto de inflexión ante esta clase de delitos, ha resultado ser una campaña publicitaria con millones de extras. Porque en extras han terminado convirtiéndose todas esas mujeres reivindicativas que callan ahora ante cada nueva noticia de violación cuyos autores son selectivamente protegidos.

¿No serían jefes de producción en lugar de convocantes? ¿Por qué el guardia civil de La Manada sale todo el tiempo en la tele? ¿Por qué sé que es un guardia civil y no sé nada sobre los violadores de Santa Coloma de Gramanet? Qué terrible anonimato el que sufren los miembros de esta manada en Cataluña. O los miembros de la manada de Burriana, o de La Bisbal d’Empordá, Las Palmas, Vejer de la Frontera, Molins de Rei, Jaén, Beniaján, Alicante, Pola de Lena, por citar sólo unos pocos ejemplos. Yo quiero escuchar todos los éxitos por igual. Todas las manadas lo merecen. No es una carrera fácil la de violador malnacido. Démosles a todos la misma oportunidad. Que nos pongan en la radio todas las canciones y dejen de poner todo el tiempo en la tele el documental de los LMDP. Ni que fueran los New Kids On The Block.

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