Obama versus Osama

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Esto de la realpolitik a mí cada vez me parece más
surrealista.

Han cazado a Osama y ni siquiera exhiben el cadáver.
Lo sepultan bajo el mar, dicen, para evitar que se cree un nuevo lugar de
peregrinación. Claro. Tiene todo el sentido. Previamente le han hecho al cuerpo
las oportunas pruebas de ADN y se han asegurado de que se trata de Bin Laden,
el hombre más buscado en el mundo desde hace una década casi exacta. Pues que
bien, deberíamos sentirnos todos muy felices, ¿no? Como los yanquis que, me
cuenta un amigo que vive en Washington, saltaban como locos, que ni argentinos
en un concierto de heavy metal, cuando supieron la noticia. No quiero ni saber
la que se montó en Texas. Yo digo lo que mi amigo Antonio: hasta que no
vea la muerte de Osama en una película, no me creo nada…

Que no, hombre, que no me parece que sea este hecho
tan trascendental como para dedicarle separatas en todos los diarios, y mucho
menos para que la Timesaque
una portada que rememora la muerte de Hitler. Que nada ha cambiado en el mundo.
Que Al Qaeda es lo que es -y no sé muy bien lo que es, si fuerza emergente o
decadente: esos análisis se los dejo a los que entiendan del mundo árabe que yo
con América Latina, de momento, tengo más que de sobra- con o sin Bin Laden.
Que seguirán las revueltas en Oriente Próximo mientras los árabes tengan hambre
y estén oprimidos. Que persistirá el odio al Imperio mientras el Pentágono siga
atizando guerras sinsentido en Afganistán, Iraq, y suma y sigue. Que nada ha
cambiado, salvo que, mientras Obama anuncia que tenemos un mundo más justo y
más seguro, Washington y New York y Londres y Berlín y Madrid refuerzan su
sistema de seguridad, atentos frente a una represalia que dan -dicen- por
segura. Obama que apela al mismo sentimiento de unidad que tanto benefició
electoralmente a su antecesor, George W. Bush, al que incluso se anima a
recordar y halagar. ¿Este era el cambio del ‘yes, we can’? Todo bien que Barack
necesitaba con urgencia un empujón a su popularidad, pero me parece un pelín
excesivo… Lo dicho, que yo la realpolitik cada vez la entiendo menos…

Como dice el columnista José Simão en la Folha de São Paulo, entre bodas reales,
beatificación de papas y cazas del malo malísimo, hemos tenido una Disney week
que no nos la quita nadie. ¡Hala, todos a las calles a celebrar la muerte de
Obama, la libertad y la democracia -que así es como se defienden los derechos humanos,
matando gente-, y a seguir consumiendo, olé!

Última hora: la Casa Blanca afirma que Bin Laden no
estaba armado cuando lo mataron. El portavoz de turno añade que le dispararon
porque intentó resistirse. ¿Cómo? ¿Con sus amenazantes barbas?

Por cierto que, después de párrafos y párrafos de
incisivos análisis geopolíticos, hay quien se acuerda de comentar a pie de
página que murieron otras cuatro personas durante el ataque a Osama. Pequeños
efectos colaterales…

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.