Ocho meses sentada

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Ha estado ahí sentada ocho meses desde la última palabra. Me acabo de sorprender al calcular con los dedos el tiempo que ha pasado. Siempre supe que terminaría por regresar, porque los 183 son irrenunciables, pero la resurrección prometida no llegaba ni con la Pascua.

 


Ha estado ahí sentada ocho meses desde la última palabra. Me acabo de sorprender al calcular con los dedos el tiempo que ha pasado. Siempre supe que terminaría por regresar, porque los 183 son irrenunciables, pero la resurrección prometida no llegaba ni con la Pascua. Estuve a punto de hacerlo en varias ocasiones, la última la semana pasada, al terminar
Zona de obras de Leila, un gesto simbólico no sé muy bien de qué. Imagino que nadie pensaría que si apuraba tanto el regreso era porque estaba pergeñando la madre de todos los posts. Decidí también volver para comentar lo mucho que me habían llamado la atención recientemente algunas esquelas, que en Galicia se publican repletas de apodos y detalles que ayudan a identificar a quienes pocos conocían por sus nombres: Jadella, Bravo, O Pello de Rueta, Garrote, O Cachizo. En un periódico conté hasta siete anuncios para una sola persona: esmerado empeño en reiterar que te has muerto. En otro diario, muy al contrario, una empresa concentraba en una el recuerdo a todos sus extrabajadores. Querida sedente, puede levantarse. Disculpe la tardanza.

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