Orden y talento

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Hace unos días tuve la ocasión de ver unos videos de cuando Arsenio Iglesias entrenaba al Dépor. Mi sorpresa fue mayúscula al comprobar tanto el imparable paso del tiempo como también el férreo bipartidismo en el que andamos metidos. Songó, Naybet, Mauro y Bebeto eran la columna vertebral de un equipo que jugaba como los ángeles y que sin embargo no tenía empacho en alinear a cinco hombres en la defensa. El Dépor fue una de las pocas alternativas que el fútbol español ha presentado en las dos últimas décadas a la implacable hegemonía de las dos superpotencias. Las interesantes intermitencias del Valencia y el Sevilla, la sempiterna cruzada del Atlético de Madrid, la encomiable academia del Villarreal, no han ofrecido desgraciadamente la continuidad deseada en la competición. Es una pena. Hoy la Liga española es un asunto de dos partidos enfrentados y si acaso de algunas extensiones periféricas en la Premier y el Calcio. Cierto es que hemos aprendido un poco de idiomas y que esa travesía fue necesaria para ser hoy campeones del mundo y estar en un torneo del que podemos decir que lo mejorcito es el producto nacional, algo impensable, precisamente, en los tiempos de Arsenio. En tiempos del Dépor lo mejor venía de afuera aunque entre nosotros brillaban estilistas como Fran. Probablemente jugadores como Fran fueron los que hicieron la transición antes de la llegada de Xavi, Casillas o Iniesta. Se quedaron sin premio porque aún no estaban escolarizados en los torneos internacionales. Fue preciso salir al extranjero y dejarse aquí de complejos. Uno de ellos es que los españoles siempre fuimos muy bajitos. Algo que, pese a ser campeones del mundo de basket, hizo demasiado daño hasta hace bien poco. Si hace unos cuantos años dijéramos que el futuro estaba en Iniesta no tanto como en Desailly algunos se partirían de risa. Y sin embargo, la España bajita y talentosa le ha dado un meneo a los profetas de la musculatura. No señores, el fútbol es de listos. Quizás no la pillería de Raúl, sino más bien la  visión periférica de Xavi y la ingravidez angelical de Iniesta. Pero una vez comprobado que el fútbol vuelve a ser un asunto de hombres y no de robots, vuelve la preocupación al campo. El Real Madrid, con un Mourinho que incluso ha intuido la supremacía actual del made in Spain, y el Barca, con un Guardiola dispuesto a morir por un estilo de juego, llevan camino de convertirse en un duelo superlativo en si mismo pero capaz de laminar en su grandeza a otros gérmenes de este deporte. Es lo que está ya pasando en España. La mejor generación de la historia y la más laureada presa de dos entrenadores que pueden también sentenciarla de éxito y de aburrimiento al mismo tiempo. Por eso empecé citando a un equipo que personalizó durante una década inolvidable una de las irregularidades que bendicen este deporte, aquello que Arsenio resumió en dos palabras, orden y talento.

Galicia, 1961. Periodista y escritor, fue jefe de la sección de Cultura en el diario El Independiente y redactor jefe en las revistas Cinemanía y Rolling Stone. En la actualidad es columnista en El País Galicia y colaborador de Babelia. Ha ejercido como director cultural de Fnac España entre 2001 y 2008. Ha publicado novelas como El día de los enamoradosy Hazlo por mí (Alianza Editorial) y poesía en castellano, El resto del mundo (Lumen), y gallego, Shakespeare mata o Porco cunha rosa (Espiral Maior).