Por mirar hacia alguna parte

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Desde el ventanal, primero las disculpas por la ausencia del jueves pasado. No faltó Pablo. Sólo yo. Él solo, sin texto; yo con fotografía para dos semanas. Al principio fue la ventana. En mayo. Y repetimos en agosto. 

 


Desde el ventanal, primero las disculpas por la ausencia del jueves pasado. No faltó Pablo. Sólo yo. Él solo, sin texto; yo con fotografía para dos semanas. Al principio fue la ventana. En mayo. Y repetimos en agosto. Ahora el ventanal y su espera con la mirada. ¿Qué verá? He mirado a través de muchos cristales en los últimos días en busca de inspiración, pero anochece demasiado temprano en otoño. Sólo la oscuridad. Yo solo, sin imágenes. Las ventanas no son sólo miradores –por cierto, el de A Curota, en A Pobra do Caramiñal, está adaptado para que ciegos puedan ver la ría de Arousa–, también sirven para ventilar. Justo lo que pretende hacer Francisco: renovar el aire para que se entusiasme y primeree. He leído la mitad de su alegre exhortación apostólica y pienso: ¿no tenderá «Diafragma 183» en exceso a la melancolía? Luego veo los telediarios como ideados para infundir miedo y las portadas de los periódicos convertidas en un «Se busca» hacia quienes ya han cumplido sus penas por nimias que parezcan y por execrables que fueran sus crímenes.