¿Por qué ‘Lejano Oriente’?

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Lejano Oriente surgió como una denominación geográfica que actualmente muchos descartan como sinónimo de Asia oriental al considerarla una extensión del eurocentrismo y, por ende, anacrónica en tiempos de globalización. Estoy de acuerdo con la objetividad del término y cuando me refiero a la región geográfica empleo Asia oriental. No obstante, la subjetividad que proyecta Lejano Oriente me parece idónea para este cuaderno de experiencias y reflexiones sobre China, donde resido, y otros países de la región, cuya actualidad sigo y a los que viajo a menudo. El propio título refleja esa limitación cultural inherente a mi percepción de la realidad asiática: el orientalismo que nos describió Edward Said.

 

Además, el anacronismo es discutible. Incluso en el contexto de globalización actual, el Lejano Oriente sigue estando presente en nuestras sociedades occidentales a través del gran desconocimiento existente. No somos realmente conscientes de la ignorancia y los prejuicios que acumulamos sobre Asia hasta que no entramos en contacto directo con su realidad y nos planteamos una deconstrucción crítica. Mi objetivo no es servir de guía en ese laberinto en el que también estoy inmersa, sino emitir señales de humo mediante historias cotidianas que hagan reflexionar sobre la propia condición humana y acerquen ese oriente que apenas vemos por la distancia cultural.

 

Sin embargo, aun conviviendo con esa realidad, no es tarea fácil sumergirse en la diversidad de su contexto histórico, cultural y social cuando no se es una especialista en la materia. La dimensión espacial se amplifica, también la demográfica. Existen países pobres y países ricos, sistemas políticos más o menos libres y sistemas políticos más o menos represivos, escenarios medievales y escenarios de ciencia-ficción,… Ese poliedro conforma nuestro Lejano Oriente, un sorprendente caleidoscopio que invito a descubrir.

 

Vigo, 1983. Licenciada en Periodismo y Especialista en Información Internacional y Países del Sur por la Universidad Complutense de Madrid. Tras experiencias académicas y profesionales en Madrid, Freiburg, Utrecht, Berlín y Londres, en 2008 llegó la ansiada oportunidad de ampliar horizontes en Asia. Cuatro meses antes de los Juegos Olímpicos me trasladé a Beijing con un visado de trabajo pero sin propósitos definidos, abierta al descubrimiento de un nuevo mundo, y aquí sigo, observando los cambios de una sociedad en constante transición que desafía mis neuronas constantemente.