Provocadores

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“Un buen profesor es, ante todo, un provocador”. Puestos ya en función del Día del Maestro, inventarié los míos: personajes que me grabaron a fuego en el cuello de la conciencia, y de la inconciencia.

 

Fabio Alzate, compañero de milicia en la Policía Militar, quien me enseñó a leer.


Mario Escobar Velásquez, Truman Capote y Bukowski: me inyectaron el veneno de la técnica narrativa.


Pitágoras, que me enseñó la Trigonometría. Newton, la Dinámica, Gauss. Sin Gauss no hubiera ganado Métodos numéricos, esa materia traída desde las llamas del infierno para torturarme e impedir mis grados como ingeniero.


John Ford, y sus estudio de Métodos y tiempos, porque sin este explotador del proletariado hoy no tendría cómo pagar las loncheras de mis hijas.

 

El cronista y mercenario Juan Pablo Meneses y a sus cursos online de periodismo narrativo. Lo mismo a Cicco, el cínico, convertido al sufi, la rama más radical del islam.

 

¿Y quién me enseñó el dolor? ¿Quién me enseñó la impotencia? ¿La rabia? ¿La tristeza? Esos maestros, tal vez los más importantes, ya están nombrados o sin nombrar, qué importa. Este es uno de esos casos en los que la arbitrariedad vale la pena como camuflaje.

 

Mi hermano, que se volvió mi pierna derecha para poder sostenerme de pie.


Mi papá y su terquedad.


Mi mamá y su desprendimiento.

 

Mis hijas: la paciencia.

A todos ellos un abrazo y mil gracias.

 

Pdt: Acá somos tan ligeros que nos damos el lujo de mandar abrazos a Pitágoras, a Capote, a Bukowski.