Pues sí quiero ser implacable

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La última entrada de este blog se titulaba Yo no quiero ser implacable (28 de diciembre de 2011), pero a veces me entran ganas de serlo –si estuviera en mi mano-, de alguna manera efectiva y sin sangre… No puedo entender, precisamente por haber trabajado allí tantos años, el desaliño y la dejadez con que nos obsequia El País a diario en lo que se refiere al lenguaje (amén de otras consideraciones). Hace daño, irrita y duele. Vean ustedes un puñadito reciente.

 

“Desde 2005 el declive de las ventas había caído en picado”, en una información sobre la desaparición de la versión en papel del semanario Newsweek.

 

“El Congreso puede aprobar inmediatamente una ley que impida que el 98 por ciento de los americanos no sufran una subida de impuestos”, al hilo del famoso “abismo fiscal” que todavía pende sobre sus cabezas.

 

A raíz de la muerte de Rita Levi Montalcini: “Su fuga y vida de clandestina siguió hasta que Italia no se liberó del nazi-fascismo, en 1945”.

 

Y, last but not least, un editorial (nada menos) que se pronuncia sobre lo de Iberdrola en Bolivia con este subtítulo: “El Gobierno de Bolivia incauta cuatro filiales de Iberdrola para satisfacer a los votantes cocaleros”. Como en el texto emplea a continuación los términos “expropia”, “se apropió” y califica el hecho finalmente como “una incautación próxima al expolio”, no parece que el redactor del editorial careciera de léxico. Pudiendo haber escrito “expropia” en ese subtítulo, prefiere “incauta”, que como todo buen hablante sabe, es reflexivo, o sea que lo correcto hubiera sido “se incauta de”. En todo caso prefiere “incauta”, que suena más duro, a “expropia” (más acorde con los hechos, de momento), y en el texto lo aproxima al expolio, todavía más allá, pese a que el Gobierno boliviano ha declarado que pagará el justiprecio. El título de esta pieza (de pronto me apetece llamarla pecio) es “Evo reincide”, pero para mí que el que reincide es El País, pues de estas incautaciones incorrectas he encontrado muchas. Y otra cosa: precisamente en El País aprendí que no se debe titular diciendo al lector cómo debe interpretar la noticia; lo digo por el tufillo que desprende ese categórico “para satisfacer a los votantes cocaleros”.

 

Yo ya sé que en un diario es muy difícil no cometer errores, pero lo que me pasma es que nadie corrija, que no haya filtros. Y también me pasma que allí haya tanta gente que, lisa y llanamente, no conoce bien el castellano, y que por lo tanto, reincide. Y que a nadie parezca importarle el daño a la imagen del diario que todo eso conlleva.

 

¿Qué está pasando en El País?

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.

1 COMENTARIO

  1. El abismo fiscal nunca fue
    El abismo fiscal nunca fue tal abismo, sino una pendiente que ha de subirse, lo mismo que harían los impuestos de todos los norteamericanos si no se alcanzaba un acuerdo. Cliff tiene esas dos acepciones, quizás se prefirió la primera por pura vagancia o por resultar más dramática.
    También es cierto que un periodico que titula con Sidney, capital de Australia, no cabe esperar mayor rigor. Simplemente, se deja llevar por la corriente dominante. La que les llega. Cómo la inmensa mayoría a que engañarse.

    J.M Costa

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