¡Que no es irónico, que es paradójico!

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Encontré el enésimo ejemplo de mala traducción –que se está haciendo crónica-, del término inglés ironic (o el adverbio ironically, etc.). Por supuesto, es un falso amigo como la copa de un pino. ¿Adivinan en qué medio? Pues sí, El País, concretamente en Babelia. Es una interesante entrevista por internet a la escritora norteamericana –judía de origen lituano- Cynthia Ozick (por cierto, ahí aparece, tan pancha a sus 85 añitos, estrenando novela). Ella, evidentemente, respondería en inglés. Critica el “último viraje” del feminismo, “desde el feminismo clásico (que aspiraba al acceso sin cortapisas al mundo con mayúsculas y su miríada de actividades ) a la línea actual que pone el énfasis en la biología. Toda esa preocupación académica centrada en el Cuerpo Femenino nos retrotrae, irónicamente, a los malos tiempos del pasado, cuando las mujeres no eran consideradas más que un cuerpo. La política del cuerpo era reductivamente denigrante cuando los hombres manejaban el poder. Y no es menos reductivamente denigrante cuando la promulgan teóricas que son mujeres”. Muy interesante como apertura a la reflexión, sí señor. Y más claro que el agua: si hay un ejemplo válido para anotar la disfunción lingüística que supone escribir “irónico” donde quiere decir “paradójico”, éste es el perfecto. La escritora no comenta una “ironía” (que es algo que ponen las personas intencionadamente, no los hechos ni las teorías), sino que subraya una gran paradoja, lo que según ella ha sucedido con el cuerpo femenino: antes, “cuando los hombres manejaban el poder”, y, ahora (aquí viene la paradoja) cuando son las teóricas del feminismo las que hacen hincapié en “la política del cuerpo”.

 

Otra cosa horrible encontrada, esta vez en publicidad: “Toda tu oficina disponible en el cloud”. Es de Office 365. Vergüenza debía de darles. Todo dios habla ya de la nube, con la mayor naturalidad (otra cosa es que yo lo entienda bien), y estos petardos salen con “el cloud”; a estas alturas. El caso es aparentar, hacer como si; seguimos poniendo miguitas de pan en la casaca para que parezca que hemos comido, no podemos redactar  un anuncio de informática sin una palabra en inglés, hay que oscurecerlo un poco, no vaya a ser que se entienda todo. Y todo eso sin saber inglés, claro. ¡ARGG!

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.