RAE que RAE

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Es el cuento de nunca acabar. Yo también estoy de acuerdo en que, como argumenta Blecua, el diccionario no puede pretender ser “políticamente correcto”, sino dar cuenta del idioma que se usa. Pero no estoy de acuerdo en que tenga que ser –ni sea- tan angelical y neutral.

 

Nos cuenta la filóloga Pilar Ruiz-Va su opinión sobre el nuevo diccionario de la RAE, y ella misma aparece entrando al trapo en este enlace que nos lleva al digital eldiario.es:

 

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Es el cuento de nunca acabar. Yo también estoy de acuerdo en que, como argumenta Blecua, el diccionario no puede pretender ser “políticamente correcto”, sino dar cuenta del idioma que se usa. Pero no estoy de acuerdo en que tenga que ser –ni sea- tan angelical y neutral. La prueba es que se pueden citar como una acepción algunos usos ofensivos calificándolos como tales, con lo que su uso se certifica pero a la vez se desaconseja –preferencia que aparece en algunos diccionarios y libros de estilo-.

 

Si no hubiera cambios en el uso, en la percepción que tenemos de las palabras ¿para qué renovar los diccionarios una y otra vez? ¿Tiene interés filológico conservar lo de “débil” como acepción de femenino, cuando todos sabemos que eso emana de una concepción de la mujer superada con creces por la Historia? Sería como recordar aquello de “loco, vano y mal cristiano” ligado a la condición de “asturiano”, lo de “gallego pata sucia”,  “murcianos, levantinos y demás gente de mal vivir”, o la frase “eso es como comparar a Dios con un gitano”. Eso entre otras muchas calificaciones, contradictorias a menudo pero, eso sí, siempre con la intención de denigrar. Si la gente las quiere usar, allá ellos, pero el diccionario de la RAE no debe consagrar esas resonancias. 

 

«…ciertas palabras o acepciones que, en el sentir de algunos, o reflejan realidades sociales que se consideran superadas, o resultan hirientes para determinadas sensibilidades«. La explicación de J.M. Blecua sobre la política de la RAE en esta cuestión me parece errónea. Parece que lo que pasa es que hay  gente picajosa, susceptible… (que haberla, hayla). Pero no es (sólo) eso. Es que la evolución de la sociedad acompaña a la del lenguaje, así que éste también tiene que ir modificándose. No pensemos tanto en suprimir como en contextualizar, rodeando de sentido –contemporáneo- esos términos, señalando por ejemplo que son despectivos, en desuso, etc.

 

Ea, pues a ver si nos vamos poniendo de acuerdo.

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.