‘Regalo’. Czeslaw Milosz

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Se suele decir que la felicidad es inexpresable, porque basta con intentar describirla para que se evapore de inmediato, pero eso no es del todo cierto. A veces, en raros momentos de plenitud, es posible expresar un estado de bienestar, o quizá sería mejor decir bienaventuranza (o incluso beatitud), que logre atrapar en unas pocas palabras el milagro de la aceptación del mundo, o dicho de otro modo, la rendición incondicional por el simple hecho de estar vivo.

       “Regalo” es este poema, o más bien este milagro. Fue escrito por el poeta polaco Czeslaw Milosz, en Berkeley, un día de 1971. Sin temor a exagerar, se puede asegurar que Milosz es uno de los más grandes poetas del siglo XX. Ganó con justicia el Premio Nobel en 1980, pero ni siquiera eso hizo que fuera conocido en nuestro país, lo que dice muy poco a favor de nuestro gusto poético. Pero lo importante es que Milosz ha escrito –en prosa y en verso- algunos de los libros fundamentales de la segunda mitad del siglo XX.

Czeslaw Milosz         Milosz nació en 1911, en el seno de una familia aristocrática polaca que tenía tierras en Lituania. Vivió la ocupación nazi en Polonia y estaba traduciendo a T. S. Eliot cuando se inició el levantamiento de Varsovia del verano de 1944, que Milosz describió como “un apocalipsis” en su magistral libro de recuerdos Otra Europa. En 1951, siendo diplomático al servicio de la Polonia comunista, Milosz se pasó a Occidente. Después vivió en Francia y en Berkeley, dando clases de polaco en el Departamento de Lenguas Eslavas. El escritor Edmundo Paz Soldán, que estudió en Berkeley en los años 80, alcanzó a verlo paseando por el patio de la universidad. Después de la llegada de la democracia a Polonia, Milosz regresó a su país. Murió en Cracovia en agosto de 2004. Desde 1984, no se ha editado en España ningún volumen con su poesía en castellano. En catalán, en cambio, el poeta Xavier Farré ha publicado una antología excelente, Travessant fronteres (Proa, 2006).

       Una última precisión sobre el título de este poema, Dar en polaco. En polaco, regalo, dádiva, se dice prezent, pero Milosz eligió el vocablo dar porque tiene una mayor riqueza evocativa. Dar es un regalo, sí, pero también puede ser una ofrenda (a la vez material y espiritual), y yendo más allá, un don, en el doble sentido que hace años tenía la palabra en castellano: un regalo como los dones que ofrecían las hadas y los genios de la lámpara maravillosa, pero también el don entendido como una cualidad poco habitual: el don de ser poeta, por ejemplo, que consiste en dar vida a las palabras y en resucitar los recuerdos que todo el mundo cree perdidos.

       La poesía de Milosz es ante todo una inagotable acción de gracias por el hecho de vivir. “Se puede creer en Dios sólo para agradecerle todas las cosas que nos ha dado”, escribió una vez. Y en otro sitio dijo: “Era una persona agradecida, y por eso no podía dejar de creer en Dios”. El poeta celebra la vida, esa ofrenda llegada de no sabemos dónde, y agradece ese regalo con otra ofrenda, el poema, que a su vez se integra en el ciclo de la naturaleza, como el vuelo de los colibríes o el brillo de las velas sobre el mar azul, y así la vida, doblemente enriquecida, vuelve a deslumbrarnos por la maravilla y el asombro. De ahí surge la necesidad de dar las gracias. Y el regalo: la sencilla complejidad de la poesía de Czeslaw Milosz.

 

 

REGALO

Czeslaw Milosz

 

Qué día tan feliz.

Se disipó la niebla temprano, yo trabajaba en el jardín.

Los colibríes se detenían sobre las madreselvas.

No había nada en la tierra que deseara tener.

No conocía a nadie que valiera la pena envidiar.

Olvidé todo el mal acontecido.

No me avergonzaba pensar que era el que ahora soy.

En el cuerpo no sentía ningún dolor.

Al incorporarme, vi el mar azul y unas velas. 

 

Berkeley, 1971

 

Traducción de Xavier Farré

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Autor: Eduardo Jordá