Revista de prensa: la corrupción es el nuevo monstruo Nian

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Normalmente los titulares de la prensa china en español e inglés me dejan indiferente, sobre todo los de las secciones de Política y Economía, cuyos contenidos resultan tan repetitivos que pueden llegar a desesperar. Las secciones de Sociedad, Cultura y Opinión son a mi juicio las más interesantes, aunque a menudo se publican noticias anodinas que, a lo sumo, son capaces de despertar una curiosidad que se acaba frustrando tras su lectura. Sin embargo, he de reconocer que esta semana me han llamado la atención ciertas informaciones publicadas en varias cabeceras y que, analizándolas en conjunto, presentan un denominador común: la corrupción.

El 23 de febrero, leía en la página web del diario Global Times que veinte artistas se habían manifestado el día anterior en el centro de Beijing. «El centro… ¿eso debe ser Tian’anmen?», pensé. Por supuesto, no me detuve en el titular. De la manifestación en sí se dejaba claro que no merecía el calificativo de masiva y que no había logrado llegar a la simbólica plaza, pero la noticia iba más allá y explicaba, como debe ser, las razones y el contexto de la protesta. Al parecer, estos artistas denunciaban que estaban siendo presionados por promotores inmobiliarios que planean edificar sobre el terreno que hasta ahora albergaba sus estudios en régimen de alquiler a las afueras de la ciudad, una de las tantas zonas de creación artística que han proliferado estos años en el distrito de Chaoyang, al noreste de Beijing. A finales del año pasado se les había notificado el deshaucio, pero los artistas se negaron a abandonar sus estudios porque recientemente habían renovado contratos de alquiler. Y se mantuvieron en sus trece hasta que recibieron la poco amistosa visita de un ejército de matones. Ahora les han prometido vigilancia y las autoridades locales dicen que no tienen nada que ver en la operación inmobiliaria. Un día después, el China Daily también se hizo eco de esta noticia en un editorial titulado «Parad las demoliciones violentas».

Este artículo nos sitúa en el contexto de la corrupción y los desalojos forzados en China. «El 40 por ciento de los incidentes en todo el país están relacionados con las demoliciones», explicaba un experto en el tema en Global Times. Y me consta que las estadísticas no son del todo fiables.

Pero como si de una operación orquestada se tratase, estos días aparecen más titulares que me hacen pensar en la envergadura de esa lacra que amenaza con erosionar poco a poco la legitimidad del poder. «Trasvase de agua lleva a masiva reubicación de población», noticia de interés nacional reproducida por todos los medios del país (vaya, otro megaproyecto de ingeniería, me recuerda a las Tres Gargantas); «La gente cree que los nuevos ricos usan conexiones con el gobierno», fruto de una escuesta de China Daily;… Se apunta a aquéllos que se han enriquecido rápidamente en el sector de la construcción, con proyectos de infraestructuras y promoción inmobiliaria. También están en el punto de mira las administraciones locales por su connivencia y participación en las prácticas corruptas. Eso no gusta y cada cierto tiempo se efectúan purgas que acaban con algún pez gordo condenado a muerte.

El problema de fondo es que en este país el que más y el que menos es corrupto a su manera. Apenas hay conciencia ciudadana en lo que respecta a cumplir ciertas normas para el beneficio de todos. El Global Times alertaba en otra noticia a los emigrantes rurales que trabajan en Beijing sobre casos de venta ilegal de documentos de residencia (hukou). Hace un tiempo yo misma recibí mensajes en los que se me ofrecía visado y me consta que algunos extranjeros lo han comprado. El mercado negro, la población flotante, la economía sumergida,… son realidades muy cercanas en este país, como en tantos de su entorno.

En definitiva, como también se publicaba estos días en un artículo de opinión en el China Daily, «La corrupción es un nuevo terrible Nian», en alusión al mito del que emanan numerosos ritos de las festividades del año nuevo chino.

Vigo, 1983. Licenciada en Periodismo y Especialista en Información Internacional y Países del Sur por la Universidad Complutense de Madrid. Tras experiencias académicas y profesionales en Madrid, Freiburg, Utrecht, Berlín y Londres, en 2008 llegó la ansiada oportunidad de ampliar horizontes en Asia. Cuatro meses antes de los Juegos Olímpicos me trasladé a Beijing con un visado de trabajo pero sin propósitos definidos, abierta al descubrimiento de un nuevo mundo, y aquí sigo, observando los cambios de una sociedad en constante transición que desafía mis neuronas constantemente.