Ruano y el ‘rat-pack’

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“Ruano tenía el don de la frase perfecta, como lo tenía Fitzgerald, pero además sabía dónde mirar y lo había leído todo, y lo había vivido todo”, escribe Jorge Bustos, que ya no podrá ganar el premio César González-Ruano.

 

“Ruano tenía el don de la frase perfecta, como lo tenía Fitzgerald, pero además sabía dónde mirar y lo había leído todo, y lo había vivido todo”, escribe Jorge Bustos, que ya no podrá ganar el premio César González-Ruano. “El articulista madrileño instituyó un periodismo lírico (mas siempre claro) y resueltamente autobiográfico que no se nos ocurre reclamar como norma, pero sí al menos como excepción, credencial que hoy se le niega por culpa de un deslinde antinatural y ruinoso entre literatura y periodismo”.

 

A David Gistau, que tampoco se llevará el premio que se han llevado otros articulistas como él, le gusta citar a Ruano, como aquí, donde describe qué es una columna: “Ensayo, cuento y poesía, todo cerrado por arriba y abajo como un salchichón. Eso decían Ruano y Umbral, pero es que ellos lo conseguían”.

 

Hughes es otro de esos “amigos periodistas” que “reunidos admiten el término ‘rat-pack’, sólo que peor vestidos”. Y también lee a Ruano. O por lo menos le cita en sus columnas, a propósito de los chiringuitos, una palabra acuñada por Ruano: “Así que todo el ejército de los ignorantes de Ruano y los grandes horteras del país le pagan paradójicamente su tributo al dandy con esa palabra que es trago corto, puesto provisional y suena meridional y divertida, como una hawaiana del diccionario”.

 

Son estos algunos de los articulistas de moda de mi generación. Como antes lo fueron, si es que no lo siguen siendo, otros Félix de Azúa, Jorge Edwards, Carlos Fuentes o Ignacio Camacho. Estos sí que ganaron el premio González-Ruano de periodismo, porque el jurado valoró “la calidad literaria y el reflejo de algún aspecto de la realidad viva de nuestro tiempo” de los artículos que presentaron. También Luis María Ansón, Antonio Gala, Federico Jiménez Losantos o José Luis Garci fueron reconocidos con un galardón que la Fundación Mapfre ha decidido sustituir por un premio de relato corto. Mapfre no ha explicado los motivos.

 

 

Empiezo el primer post del año con los articulistas de mi generación porque así se titula un capítulo de las memorias de César González-Ruano, para quien 1934 y 1935 fueron “años nutridos, peligrosos y alegres”, pero también “decisivos” en su vida secreta: “Esa Vida Secreta que pocos la ignoran aunque sea a grandes rasgos y con bastantes versiones apócrifas”. Ruano lo escribió todo: novelas, poemas… pero sobre todo artículos, más de 30.000, según algunos, y lo escribió muy bien. Desde el Berlín de Hitler, desde Roma, o desde cualquier café. En ‘Los articulistas de mi generación’, Ruano dice que sus artículos en ABC “iban a la cabeza de la colaboración española”.

 

Tengo la impresión de que los del ‘rat-pack’ tienen una consideración de sí mismos parecida a la que dejó escrita Ruano, que se lo veía venir: “Creo de verdad que el artículo nunca se escribió ni probablemente volverá a escribirse tan inmejorablemente bien y tan como representación absoluta del valor literario como se ha escrito por nuestra generación. Antes no hay nada que se le parezca. Después nadie ha superado ni igualado su tono y su tino, su eficacia y belleza, su raro equilibrio de que siendo algo elegido y concretamente literario, no tuviera la limitación de un público minoritario”.

 

Esos artículos tan bien escritos, explica Ruano, consiguieron gustar a “casi todos” por lograr “una discreta aplicación de elementos de la cultura, una participación grande de valores de la invención poética y un como gusto hacia las formas melancólicas que combinaban bien con el interés periodístico, con la amenidad que exigía el gran público y aun con las imposiciones de la actualidad realista y vulgar” que él rechazaba. Los cronistas, poetas y articulistas de la generación de Ruano eran “cazadores de lo cotidiano, que llevaban dentro esa sospecha asegurada en un verso clásico: ‘lo fugitivo permanece y dura’”. Las citas también permanecen, por cierto. Ruano se veía como el mayor exponente de “una generación que sin precedentes era una auténtica generación de escritores en periódico, no de periodistas que hicieran algo de literatura”.

 

En otro párrafo escribe Ruano que nunca, “entonces ni ahora”, tuvo otro ingreso “ni ayudas indirectas ni gangas” que no fueran lo que le reportaron sus artículos. Pero eso es algo que prefiero dejar para otro día y otro post menos críptico, que se me hace tarde.