Rugidos paleomachistas y crímenes de mentira

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Pues sí, claro que era apócrifo. Alguien, de cuyo nombre no me acuerdo (ni quiero acordarme), lanzó a la red un alegato político contundente contra Mariano Rajoy… y se lo atribuyó a José Luis Sampedro; les recuerdo que en él se le llamaba  (a Rajoy) hijo de puta, bastardo y mal nacido (¡qué manía nos tienen a las madres!)… Como si lo que nos hace falta fueran insultos, y además vacíos de sentido…

 

Ayer paseando por la sierra madrileña con otras amigas por una pista forestal nos pasó un todoterreno a toda pastilla, al volante del cual iba un homo sapiens –bueno, supongo–, y como le hicimos un gesto de entre sorpresa y reproche (del tipo “pero a dónde vas, tío, con esas prisas”), nos llegó, mientras se perdía en la pista entre nubes de polvo, su respuesta, a saber: “¡¡Putaaaaaas!!”. Pues eso (véase el párrafo anterior).

 

He encontrado otro ejemplo del mal uso del término “crímenes”, muy común en la prensa escrita (El País en este caso). “Pero el jurado no juzga los pecados de John Edwards. Doce personas deben dictaminar si Edwards cometió varios crímenes”. Este  Edwards, que trató de ser nominado candidato demócrata en 2007, está acusado de fraude de la ley de financiación electoral, conspiración, etc., todo ello al parecer para esconder una relación extramatrimonial. Al pobre se la ha caído el pelo, desde luego. Es un paria social y probablemente va a ir a la cárcel, pero ¡no digan que cometió varios crímenes, por favor! ¡Son crimes, es decir, delitos!

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.