
A Joel Lima, cuyos estudios enriquecieron la bibliografía
sherlockiana
In memoriam
“Los seres inteligentes son los que tienen existencia más positiva,
más llena,
más enérgica: por ellos tiene el mundo espectadores”
José Soriano
Nota introductoria. Parodia y pastiche
Utilizando la Inteligencia Artificial (IA), conocedor que sus respuestas pueden contener errores u omisiones, hice una búsqueda relacionada con la existencia en Portugal de pastiches sherlockianos, y la respuesta obtenida fue que “no se ha identificado un autor portugués específico que haya escrito extensamente pastiches de Holmes en el canon de la literatura portuguesa (a diferencia de las traducciones de las obras originales, que existen en portugués). Sin embargo, la figura de Holmes es muy popular en Portugal, y las obras originales y pastiches de autores internacionales se publican regularmente allí […] La principal conexión con pastiches proviene de autores de habla hispana u otros autores internacionales que han utilizado Portugal como escenario para algunas de las aventuras apócrifas del famoso detective”.
En otra pesquisa se me informa que si estoy “buscando pastiches portugueses puramente (autor, ambientación, etcétera, portugueses), la evidencia es pobre hasta ahora […] Hay algunas obras en portugués con inspiración holmesiana, pero no hay una tradición muy amplia de pastiches de Holmes específicamente producidos por autores portugueses […] Podría ser un campo interesante para investigación si alguien quisiera recopilar todos los pastiches holmesianos en portugués”.
“Podría ser un campo interesante para investigación”, se acaba de leer, y lo cierto es que Joel Lima (1936-2022), autor de referencia en Portugal en literatura policíaca, cuyo nombre no será la última vez que aparezca en este artículo, ya había dado interesantes noticias sobre el universal culto a Sherlock Holmes, pero también sobre los abundantes apócrifos que, desde su invención, se habían generado, haciendo mención a los portugueses (Lima 1990: 72-79; Lima 2002: 185-197), y es que este asunto de los pastiches está estrechamente relacionado con este detective consultor, con una indumentaria inconfundible, como son su peculiar gorra deerstalker y el macferlán a cuadros, prendas ya unidas inseparablemente a su figura, y que siempre se acompaña de Arthur Conan Doyle accesorios ya icónicos como son la curvada pipa Calabash (véase la representación del detective en las imágenes que acompañan este artículo) y la lupa.

Sherlock Holmes, genial creación literaria(1) del escritor Arthur Conan Doyle (1859-1930), me condujo en su día, sin afán erudito, amparado en mi mitología y curiosidad personales, a una singular exploración, que extendí a Brasil, que ahora reescribo y amplío, cuyo resultado quedó expuesto, de manera embrionaria, en ‘Noticia de tres pastiches lusófonos’, uno de los capítulos del libro misceláneo Viaje a Portugal. El país de Zé Povinho, que, en edición numerada, publiqué en 2024 (BNE, signatura 11/356608). Era mi pretensión hacer hincapié en algunas novelas y relatos de escritores del ámbito lingüístico portugués que se habían servido de esta técnica creativa, incluyendo al detective en su narrativa, lo que me obligaba a una necesaria e inevitable acotación.
Conan Doyle nunca imaginó el éxito y número de imitadores que iba a generar, al ser numerosos, ¡cientos e, incluso, miles!, los apócrifos, muchas veces anónimos, publicados en libros, folletos y revistas que, desde sus inicios, intentaron prolongar en distintos ámbitos geográficos y lingüísticos las aventuras del considerado rey de los detectives, en muchas ocasiones al margen de la legalidad, prescindiendo de los derechos de autor, que le ocasionaron no pocos disgustos a su creador. De Sherlock Holmes se ha dicho que es “el personaje ficticio más real que existe”, y, con gran acierto, una exposición que tuvo lugar en 2015 en Londres en donde se recreaba el espacio en el que habitó (finales del periodo victoriano y principios del periodo eduardino) llevaba por título Sherlock Holmes: el hombre que nunca vivió y que nunca morirá. En una vuelta de tuerca, se le enviaban cartas(2), como sigue sucediendo hoy en día, y en una de ellas, cuando aún vivía Conan Doyle, un admirador le solicitaba que le mandase su autógrafo para enriquecer su colección, e incluía esta postdata: “Ignorando sus actuales señas, me tomo la libertad de mandar esta carta a Sir A. Conan Doyle, rogándole que tenga la bondad de hacerla llegar”(3). Llegados a este punto, no podían faltar las biografías sobre él, pero también sobre el Dr. Watson… William S. Baring-Gould, destacado estudioso, publicaría en 1962 Sherlock Holmes of Baker Street: A Life of the World´s First Consulting Detective [traducción española: Valdemar, 1999, y portuguesa: Camões e Companhia, 2010], y en 2005 apareció Sherlock Holmes: the unauthorized biography, de Nick Rennison [traducción portuguesa: Esfera do Caos, 2008], y es que “libros que recojan la vida de Sherlock Holmes hay muchos en el mercado” (Errazquin 2020: 57). En 1931, al año siguiente del fallecimiento de Conan Doyle, sir Sidney Castle Roberts publicó Doctor Watson: Prolegomena to the study of a biographical problem, que es considerado como el punto de partida de los estudios sherlockianos, y en 1983 Michael Hardwick noveló su existencia en The private life of Dr. Watson.
Frente a la imitación burlesca, que en esto consiste la parodia, y distorsionadora, cuando en literatura se habla de un pastiche se hace referencia a una obra que, de la manera más fiel posible, intenta imitar el lenguaje, el sonido y la atmósfera de una obra anterior. En la terminología holmesiana, se da este nombre a los relatos de las aventuras del detective de autoría espuria o incierta. Se ha dado, no obstante, el caso de “editores” que han ofrecido al público escritos del Doctor encontrados en la célebre caja de hojalata en la que éste guardaba sus notas. Aunque de tal hallazgo convenga siempre desconfiar, no cabe, estrictamente hablando, negar la posibilidad teórica del hecho. Me interesa aclarar en todo caso, que el término “pastiche” no es peyorativo sino simplemente descriptivo; existen, es cierto que pocos, excelentes pastiches. La A. M. S. [Sociedad de Mendigos Aficionados] reserva para los buenos pastiches el nombre de “apócrifos” (Díez-Alegría 1997: 36, nota 5).
Pero, antes de entrar en materia, no quiero dejar de comentar que este asunto del “pastichismo”, término que utilizo conscientemente, al no estar reconocido por la Real Academia Española, posee unos enormes tentáculos, unas enormes derivaciones, hasta el punto que son muchos los bibliófilos que han encargado o ellos mismos han creado un exlibris con una temática sherlockiana… Ha llegado a plantearse si Sherlock Holmes tuvo el suyo (Butler 1992: 32-44), sugestivo objeto de coleccionismo, al igual que sucede con los exlibris cervantistas, en los que cobran protagonismo, como no podía ser de otro modo, don Quijote y su escudero Sancho Panza. Así, escribe W. E. Butler, en un delicioso pastiche
“Palmirani [se refiere al renombrado exlibrista italiano Remo Palmirani] desarrolla el argumento. Durante ese terrible periodo que él pasó en Viena para curarse de su adicción a la cocaína… Holmes acusó al Profesor Moriarty de, entre otras cosas, haber robado una placa grabada en cobre que era particularmente querida por él. La placa había sido grabada en ácido por un conocido artista bohemio, pero Freud, que estaba tratando a Holmes, era uno de esos pobres mortales que no tenía interés en los ex libris” (Butler 1992: 36).
La personalidad de Sherlock Holmes, como acabo de apuntar, ha creado escuela y son muchas las recreaciones que, a nivel mundial, se han ideado de él y de su inseparable amigo y compañero. En el ámbito de la lengua española, la benemérita editorial Valdemar creó en 1990 la colección, ya cerrada y tristemente desaparecida, Los Archivos de Baker Street, dirigida e impulsada por Cristina Macía, “destinada a ofrecer los más logrados apócrifos del genial Sherlock Holmes a sus incondicionales fans”, según la nota editorial. Fueron 14 los títulos que vieron la luz, siendo el número uno Las hazañas de Sherlock Holmes (1990), de Adrian Conan Doyle y John Dickson Carr, autor éste último de una reputada y pionera biografía en 1949 de Conan Doyle. Con La venganza del sabueso (1994), de Michael Hardwick, concluyó la colección, hoy descatalogada. Para Macía, “el pastiche sherlockiano es un verdadero género dentro del policíaco” (Antón 1990).
Algunas parodias y pastiches sherlockianos portugueses y brasileños
Conocido sobre todo por su admirable Libro del desasosiego, libro inclasificable, ya que tanto puede ser considerado un dietario como un libro de aforismos, pero también un tratado filosófico, por su interpelación al lector, donde la reflexión serena surge por cualquier página que se abra, fueron, sin embargo, muchos más los géneros que abarcó el original poeta que fue Fernando Pessoa (1888-1935). Entre las diversas traducciones al español que han aparecido en los últimos años (Sáez 2012: 149-166), se encuentran alguna pieza teatral, numerosos cuentos y narraciones breves, ensayos sobre temas esotéricos, ocultistas y astrológicos, sobre los que tenía una clara inclinación (fue un gran hacedor de cartas astrales), textos políticos y, por supuesto, en determinante lugar, su obra poética. Su múltiple personalidad le llevó a cultivar también el género policial, al que, desde su juventud, dedicó innumerables lecturas. De la introducción que hizo Ana Maria Freitas con motivo de la publicación de Quaresma, descifrador. Relatos policíacos, libro que, por inacabado, nunca se publicó en vida de este gran fingidor que fue Pessoa, tomo esta confesión:
“Uno de los pocos divertimentos intelectuales que persisten en lo que aún le queda de intelectual a la humanidad es la lectura de novelas policíacas. Entre el inestimable y reducido número de horas felices que la Vida me permite pasar, considero que el mejor año es aquél que me permite pasar horas enfrascado, de cabeza y corazón, en las lecturas de Conan Doyle o de Arthur Morrison. Un libro de estos autores, un cigarrillo de a cuarenta y cinco la cajetilla, la idea de una taza de café –trinidad cuya unidad conjuga la felicidad para mí–, en esto se resume mi felicidad” (Freitas 2014: 11; Pessoa 2003: 150).
Entre esos relatos inconclusos, hay uno cuyo título, ‘El caso de la habitación cerrada’, ha sido muy frecuentado por aquellos que han pretendido, con mayor o menor fortuna, emular las exitosas proezas del universal y mítico detective.
Cuánto me hubiera gustado en este viaje haber podido señalar, a continuación, algún apócrifo pessoano-sherlockiano… No va a ser posible, pues nunca escribió tal. Me consuela pensar, no obstante, que, al menos, como apuntó un crítico sobre el libro citado,
“los problemas planteados y la forma de desarrollar la trama recuerdan a las novelas policíacas del período clásico, a las que Pessoa era tan aficionado; sobre todo, la deuda con Conan Doyle y con su personaje, Sherlock Holmes, es grande” (Moreno 2015).
Pero, centrándome ya en las parodias y pastiches portugueses y brasileños, doy cuenta a renglón seguido de los que he localizado, pero también de aquellos que me ha sido imposible manejar, por inencontrables, o, por razones de conservación, ser de difícil acceso.
En 1910, año en que se proclama la I República en Portugal, fueron varios los que aparecieron. En este sentido, como escribe Joel Lima:
“En el año de implantación de la República, el lector nacional sabía ya sobradamente quién era Sherlock Holmes y […] conocía, igualmente, la personalidad, los métodos y las singularidades del personaje creado por Conan Doyle. Concurrían, por tanto, las condiciones básicas para que, también en Portugal, brotasen los primeros pastiches del Gran Detective” (Lima 2002: 192-193)
El periodista y escritor Gustaf Adolf Bergström (1882-1916), portugués de ascendencia sueca por parte de padre –había nacido en la isla de Santo Antão, en Cabo Verde–, publicó As Vitórias da Lógica [1910, 2002], pastiche que incluye las siguientes aventuras: ‘Los pendientes de brillantes’, ‘El inspector cómplice’, ‘La chapa misteriosa’ y, por último, ‘El enigma de la coraza: Sherlock Holmes en Coimbra’ [reeditada en 1984 por Edições do jornal Expansão], en la que el detective se traslada a la ciudad del Mondego.
“Gustaf Adolf Bergström, escribe Joel Lima, fue el primero en Portugal –y uno de los primeros en todo el mundo– que se atrevió a escribir y proponer un libro completo de pastiches del Gran Detective” (Lima 2002: 197).
Maria da Conceição Infante de Lacerda Pereira de Eça Custance O’Neill (1873-1932), prima del escritor Eça de Queiroz, conocida en el mundo de las letras como Maria O’Neill, puede ser considerada también una pionera, al publicar tempranamente, en varios folletos [véase uno de ellos en la imagen adjunta], Um imitador de Sherlock Holmes [¿1910?, 2003](4). Nos encontramos ante una serie de aventuras paródicas cuya acción se desarrolla en espacios reconocibles de Lisboa, en los que su protagonista principal, el vizconde Silvestre, abogado lisboeta, decide imitarle y convertirse también en un digno émulo suyo. Su amigo, Pedro Montagraço, como si fuera un alter ego del Dr. Watson, será el narrador. Poeta, escritora, periodista, traductora, gran activista en el contexto del feminismo en el Portugal de finales del siglo XIX, Maria O’Neill, como en los últimos años de su vida sucediera con Arthur Conan Doyle, fue, además, una activa espiritista.
El periodista y escritor Alfredo Lamas (1877-1953), fundador de periódicos humorísticos de combate, publicó en ese mismo año de 1910, con el seudónimo Ponson du Marne, una serie de folletos paródicos bajo el título genérico Sherlock Holmes, intrujado por Jack ‘O Estripador’ (Sherlock Holmes, engañado por Jack ‘El Destripador’). En el catálogo de la Biblioteca Nacional de Portugal aparecen con signatura independiente los siguientes rótulos(5): ‘El collar de esmeraldas’, ‘De Londres a Lisboa’, ‘El rapto de Buenos Aires’ y ‘Dos crímenes’. Los cuatro sin firma.
Bajo el seudónimo de “Félix Pevide”, el cronista, dramaturgo, humorista y militar André Brun (1881-1926), portugués de ascendencia francesa, publicó en 1912 en el ‘Suplemento Ilustrado’ de O Século los cuentos paródicos ‘El esqueleto desaparecido’ y ‘El suicida por engaño’, que al año siguiente serían incluidos, con ligeras variaciones, en su libro Sem pés nem cabeça (Sin pies ni cabeza). Protagonizados por un burlesco “Berloque Homes”, alter ego de Sherlock Holmes, están ambientados en Lisboa.
Si Gustaf Adolf Bergström llevó a Sherlock Holmes a Coimbra, João de Meira (1881-1913) lo hizo a Oporto, como ahora se verá. João de Meira fue un médico inclinado al mundo de las letras (recuérdense ahora, entre otros médicos escritores, a João de Araújo Correia, Fialho de Almeida, Manuel Laranjeira, António Lobo Antunes, Fernando Namora o Miguel Torga) con una habilidad especial para crear pastiches de diferentes escritores, algunos de ellos publicados en la prensa nacional portuguesa. En 1911, en una cena en homenaje a Maximiliano Lemos (1860-1923), quien fuera su maestro en la Escuela de Medicina de Oporto, leyó uno de Conan Doyle que tituló ‘Sherlock Holmes no Porto’ (Sherlock Holmes en Oporto)(6).
En una visita cultural a Guimarães, cuna de Portugal y cuyo centro histórico es Patrimonio Mundial Cultural desde 2001, ocupa un muy significativo lugar la Sociedade Martins Sarmento, institución cultural de estudio y divulgación histórica, arqueológica y etnográfica de Guimarães y su concejo, fundada en 1881 en homenaje al arqueólogo Francisco Martins Sarmento (1833-1899). Fue esa prestigiosa sociedad la que, en 2009, editó Sherlock Holmes no Porto (Sherlock Holmes en Oporto), que incluye el texto leído en la cena mencionada y dos casos más de aventuras apócrifas, ‘O cadáver que se evade’ y ‘O truc de Mr. Raymond’ son sus epígrafes, que se desarrollan en la “Ciudad invicta”, que así es como se conoce a la ciudad de Oporto, donde, una vez más, el detective consultor da sobrada muestra de sus habilidades. Se publicaron por primera vez en 1912 en la revista Mundo Ilustrado, que se editaba en la ciudad. Firmado por “Donan Coyle”, uno de los numerosos seudónimos que utilizó João de Meira, este libro forma parte de la Colección “de minimis”, que desea rescatar “textos marginales, obras inacabadas y piezas accesorias de reducidas dimensiones de autores consagrados pero también olvidados”. Todo un descubrimiento para el lector, para el bibliófilo y para todos los aficionados a esta entrañable criatura victoriana.
Fue enorme la personalidad de João Monteiro de Meira (Araújo 2012-2013: 85-100), con una polifacética obra en la que abundan no sólo los temas históricos, fundamentalmente vimaranenses, gentilicio de los nacidos en la ciudad minhota, sino también literarios, como el libro que acabo de traer a colación ahora, y profesionales. Se licenció en la Escuela Médico-Quirúrgica de Oporto, disertando con su trabajo O Concelho de Guimarães (Estudo de demografía e nosografía), y, cuando ejerció de profesor en esa escuela, futura Facultad de Medicina, presentó un trabajo sobre el parto por cesárea. Con motivo del centenario de su fallecimiento, la Sociedad más arriba mencionada publicó un número monográfico con colaboraciones varias que abarcaban su variada trayectoria vital(7).
João de Meira dirigió luego la morgue de Oporto, lugar que fue, indudablemente, fuente de inspiración de ‘O cadáver que se evade’ (La fuga del cadáver), la primera de las dos aventuras incluidas en Sherlock Holmes no Porto. Escribe Luís de Pina:
“A pesar de sus inevitables defectos y carencias, este cuento policiaco es, no obstante, uno de los primeros escritos en nuestro país y, por eso, merece ser registrado en la historia de este género literario”(8) (Pina 1961: 97).
Es innegable que ambas creaciones son muy dignas de haber sido escritas por el escritor escocés y no desmerecerían, en absoluto, en lo que se ha dado en llamar el canon, o sea, el conjunto de las cuatro novelas y cincuenta y seis relatos cortos que recogen las aventuras de Sherlock Holmes. Para Francisco Miguel Araújo:
“Las delicadas alusiones a determinadas situaciones y acontecimientos privados delatan el ingenio oculto de João de Meira en estos cuentos, como los rostros y costumbres típicas vimaranenses o la elección de la Morgue de Oporto y de las calles portuenses que pisaba todos los días […]. ¡Su ironía le lleva hasta a parafrasear la doble estupefacción de Holmes y Watson ante las deplorables condiciones del servicio que dirigía en la vida real o el débil dominio de la lengua portuguesa por los diarios nacionales!” (Araújo 2013: 323).
Mi entrañable amigo José Antonio Durán, fallecido en 2020, quien sigue vivo en mi memoria, me sorprendió hace ya algunos años con el regalo de Feira da Ladra. Contos humorísticos (1916), del brasileño Oduvaldo Vianna (1892-1972). Esta es la dedicatoria que escribió su creador: “A Bastos Tigre, Raul Pederneiras y André Brun, esta broma de mal gusto del autor”. De los cuatro cuentos que conforman Feira da Ladra(9), uno, que es el que me interesa destacar, lleva por título ‘Aventuras d’um policia amador’ (Aventuras de un policía aficionado). Se trata de una desternillante parodia de Sherlock Holmes, aquí reconvertido en Sholmes, siendo su ayudante Ping-Pong, y de la que, enseguida, sin que sirva de precedente, desvelaré su final. Las veinte páginas en que se desarrolla su absurda acción son suficientes para ironizar sin mesura sobre el método científico-deductivo, argucia lógica que, unida a sus observaciones cuidadosas, caracteriza las indagaciones del investigador inglés. Sirva de ejemplo que, a su comienzo, se encuentra sentado en su gabinete de trabajo en una profunda oscuridad. Llama en ese momento a la puerta Ping (Dr. Watson), su ayudante, preguntando por él. Sholmes, sin volverse, tras haber pasado algunos minutos (¿…?), responde:
“—¿Pong, hablaste?
—¡Sí, maestro! ¿Cómo lo supo?
—Lo deduje al oír la voz”.
Muy asustado porque le quieren matar, un cliente llamado Bridg Wool se presentará al poco en su estudio, exponiéndole sus zozobras. Sholmes, una vez enterado de lo que le sucede, se da un plazo de ocho años para resolver el caso… Este cuento humorístico finaliza con su suicidio… ¡Con un arma que le ha proporcionado el propio Sholmes!: “Y cuando el cuerpo del desgraciado cayó inerme al suelo, con la cabeza atravesada por una bala, el mayor de los policías vivos sonrió, íntimamente satisfecho: gracias a su pericia, había salvado a aquél pobre hombre de morir miserablemente a manos de sus crueles perseguidores” (Vianna 1916: 76).
Otro escritor brasileño, Jô Soares, seudónimo utilizado por José Eugênio Soares (1938-2022), humorista y dramaturgo y también conocido presentador de la televisión brasileña, publicó en 1995 O xangô de Baker Street, cuya acción transcurre en 1886 en Río de Janeiro, ciudad a la que Holmes y su ayudante, requeridos por el Rey, viajan para resolver un importante asunto. No voy a descubrir el final de su trama, cuyo origen se encuentra en el robo de un Stradivarius, regalo del Rey Pedro II a su amante, Maria Luisa Catarina de Alburquerque, baronesa de Avaré. A instancias de la actriz Sarah Bernhardt, el comisario Pimenta, suerte de inspector Lestrade, de Scotland Yard, que está tras la pista de un asesino en serie, un serial killer, quien, a continuación de sus salvajes crímenes, practica un macabro y escabroso ritual, se pone en comunicación con el investigador, aprovechando el llamamiento y encargo regios. Leyendo ésta más que entretenida novela, se descubre que Sherlock Holmes hablaba portugués. En efecto, tras preguntarle Watson que dónde aprendió a hablar esa lengua, le responde Holmes: “Pues en Macao, en China, un año antes de conocerte Watson. Pasé allí casi seis meses estudiando los misteriosos venenos orientales, y el mejor especialista en esa materia era un hombre de ciencia portugués, Nicolau Travessa”.
Una aclaración sobre el significado de la palabra xangô. Según una de las acepciones del Dicionário Priberam da Lingua Portuguesa (DPLP), xangô es “culto religioso de origen africano llevado a Brasil por los esclavos”, pero también uno de los santos que, según la religión de los yoruba de Nigeria, rigen y protegen la vida de cada uno. En la novela que estoy refiriendo, Sherlock Holmes sería hijo de Xangô, su protector.
Con una producción luso-brasileña, O xangô de Baker Street fue llevado a la pantalla en 2001, corriendo la dirección a cargo de Miguel Faria Jr., contando en su reparto con Joaquim de Almeida, Anthony O’Donnell, Maria de Medeiros, Claudia Abreu y un largo etcétera de actores y actrices, como el propio Jô Soares, mostrando así una faceta más de su poliédrica actividad profesional.
Sin salir del ámbito lusófono, tengo noticia de otros pastiches más, los que siguen, en la seguridad de que no son los únicos existentes.
António Machiavelo y Rogério Reis, del Departamento de Matemática Pura y del Departamento de Ciencia de los Computadores de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Figura 1. El primer Sudoku Oporto lo publicaron en la Sociedade Portuguesa de Matemática (SPM), uno que dividieron en dos partes(10). Bajo el título Um manuscrito perdido do Dr. Watson: Sherlock Holmes e o Sudoku, recurriendo a la táctica del manuscrito encontrado, ensamblan en su artículo una historia inédita cuyo comienzo promete una grata lectura:
“Un joven amigo nuestro, portuense de ascendencia británica, hizo recientemente un descubrimiento fascinante cuando revolvía unas cajas hace mucho olvidadas en el sótano de la casa familiar. Dentro de una de ellas encontró amontonadas unas hojas manuscritas, muy amarillentas y algo roídas por el paso del tiempo. Una rápida lectura le dejó atónito: el autor era, ni más ni menos, que el famoso Dr. Watson, de quien su abuelo afirmaba en diversas ocasiones descender. Con una caligrafía inescrutable, haciendo justicia a su profesión, esas hojas revelan una historia verdaderamente sorprendente que nuestro amigo Figura 2. El Sudoku monstruo generosamente nos permitió reproducir aquí de primerísima mano, exigiendo solo que mantuviésemos el más riguroso sigilo sobre su identidad”.

La originalidad de este pastiche, en el que, por cierto, sale a relucir el nombre del ingeniero, matemático e inventor español Leonardo Torres Quevedo (1852-1936), radica en el relieve que cobran los sudokus (véanse las figuras 1 y 2)(11), pasatiempo –al ser un problema de trabajosa solución, en Portugal se utiliza el acertado término quebra-cabeças– que, para quien lo desconozca, consiste, según el Diccionario de la RAE, “en completar con números del 1 al 9 una cuadrícula de 81 casillas y 9 subcuadrículas, de forma que no se repita ningún número en la misma fila o columna ni en la misma subcuadrícula”.
Por lo que se va viendo, Brasil ha sido más fecundo en la creación de pastiches. No sé explicar la razón, pero es muy posible que, en parte, influya el hecho de ser un país más poblado que Portugal, pero también por la gran afición existente a la novela detectivesca.
En 2017 se puso a la venta el libro Melodia mortal: Sherlock Holmes investiga as mortes de gênios da música, de Pedro Bandeira, escrito en colaboración con el médico Guido Carlos Levi, donde Sherlock Holmes y Watson ahondan en las historias y misterios que envuelven la muerte de grandes figuras de la música clásica, en concreto, Beethoven, Bellini, Chopin, Mozart, Salieri, Schumann, Tchaikovsky, porque, como publicita el editor:
“¿Fue Mozart asesinado por Salieri… Tchaikovsky murió de cólera o por envenenamiento… Chopin murió tuberculoso… Beethoven fue víctima del alcoholismo? La respuesta, o al menos algunas hipótesis plausibles a esas preguntas, están en Melodia Mortal […] El libro examina, a la luz de los conocimientos de la medicina contemporánea, los posibles indicios sobre las muertes polémicas de algunos grandes compositores de la música clásica. Y quien conduce la investigación no es ni más ni menos que Sherlock Holmes, auxiliado por su fiel escudero, el Dr. John H. Watson, que narra las aventuras del detective en esa tarea. Tal vez no sea posible, tanto tiempo después, averiguar la causa de esas muertes que la medicina de la época no fue capaz de precisar, pero la diversión está garantizada en esta novela llena de teorías científicas y enigmas que forman un intrincado pasatiempo, en la mejor tradición de la novela policíaca”.

En el año 2021 se ha publicado Um espião entre nós, que trae nuevamente al detective y a su ayudante el Dr. Watson al Brasil. Sin ser exactamente un pastiche, su autor, Walter Andrade, mezcla datos verídicos y documentados sobre el norteamericano Mr. (Richard) Simpson, que existió en la vida real, uno de los protagonistas principales de la novela, radicado en Governador Valadares, en el estado de Minas Gerais, donde, antes de su asesinato, trabajaba como ingeniero para una empresa de su país, con informaciones ficticias que proporcionan a su trama de espionaje dosis de agudeza y humor, y de ahí la aparición en escena de Sherlock Holmes quien, tras desvelar el misterio de su muerte misteriosa, razón que le ha llevado a la ciudad y estado referidos, aún tendrá tiempo de tocar el violín y hacer turismo (ascensión al Pico de Ibituruna o, por poner otro ejemplo, viajar en tren, atento siempre al ambiente y a los tipos locales y disfrutando de una variada y rica gastronomía, etcétera).
En un suma y sigue, de 2023 es el libro de Janaina Storfe, Sherlock Holmes e os Mistérios do Brasil República. Se trata de una novela pastiche que transporta al famoso detective y a su inseparable compañero a Brasil en un momento crucial de su historia, cuya trama se desarrolla en 1890, poco después de la caída del imperio brasileño y la consiguiente proclamación de la República, un período de gran agitación política y social en el país. No me ha sido posible su lectura, por lo que me veo en la obligación de recurrir a la sinopsis que facilita la propia casa editorial:
“En 1890, el legendario detective Sherlock Holmes es llamado para investigar una serie de asesinatos misteriosos en la recién implantada República del Brasil […] Mientras que la República intenta establecer su identidad, la población está inmersa en un clima de inestabilidad. El gobierno recién formado está preocupado por la repercusión internacional de los crímenes, temiendo que ello pueda poner en jaque la estabilidad política del país. Sherlock Holmes, acompañado de su fiel compañero el Dr. John Watson […] destapa una trama intrincada que incluye conspiraciones políticas, traiciones y oscuros secretos del pasado […]. Mientras que la tensión aumenta y la lista de víctimas crece, Holmes lucha contra reloj para descubrir la identidad del asesino y evitar que el país caiga en un caos aún mayor. Su habilidad deductiva y afilado raciocinio serán puestos a prueba […]. En esta emocionante aventura, el lector es transportado al Brasil del siglo XIX, con sus paisajes exuberantes y una sociedad en ebullición. A través de los ojos del famoso detective, se nos dan a conocer las peculiaridades del país, su cultura, la política y los conflictos internos, en tanto que Holmes y Watson nos desvelan un envolvente misterio que puede sacudir los cimientos del nuevo país”.
Conclusiones
Esta investigación, no se me ocurre un término mejor, que ahora finalizo, se ha centrado en aquellos escritores portugueses o de ascendencia portuguesa y brasileños cuya admiración por las hazañas de Sherlock Holmes les llevó a rendirle homenaje, creando relatos inspirados en la imagen que de él se había formado en el imaginario popular, pero también Sherlocks Holmes burlescos que, como escribe Joel Lima:
“sólo de lejos se asemejan al original; como mucho aparecerán como androides fabricados por Frankensteins de nuevo cuño que aprovecharán de Holmes algunas piezas anatómicas pero no el cerebro, que, deliberadamente, preferirán pedir prestado al bufón de corte o al payaso de un circo itinerante” [Lima 1990: 134].
No cabe duda que, en ambos casos, se le han querido dar nuevas oportunidades para que pudiera demostrar su extraordinaria pericia, contribuyendo así a expandir su leyenda. En un asunto tan específico, ante la casi inexistencia de bibliografía al respecto (solo he podido recurrir a los ensayos de Joel Lima, mencionados a lo largo del texto), sin ánimo exhaustivo, he pretendido informar de algunos pastiches lusófonos (escritos en portugués y en portugués de Brasil), algunos de ellos inencontrables y otros sólo disponibles, llegado el caso, en librerías de viejo (alfarrabistas en Portugal, sebos en Brasil) –uno de ellos, el que sus autores han titulado Matemática recreativa. Un manuscrito perdido del Dr. Watson: Sherlock Holmes y el Sudoku, no deja de ser un reto a los aficionados a este tipo de pasatiempos, siempre y cuando no hagan trampa recurriendo a la Solución que se incluye en la Nota 10–. Con la excepción de El xangô de Baker Street, de Jô Soares, el resto de parodias y pastiches que aquí se han señalado no están traducidos a la lengua española. Son, de otra parte, utilizando un oxímoron, un pequeño grano de arena entre los existentes en numerosos idiomas a nivel mundial, ya que una de las grandezas del detective es que nunca podremos librarnos de él, y en el momento en que redacto estas líneas ya habrá aparecido o estará a punto de hacerlo uno nuevo, sin ir más lejos, Pedro Bandeira, también citado anteriormente, uno de los más célebres autores de clásicos infantiles y juveniles de Brasil, con millones de ejemplares vendidos en su país, tiene previsto sacar en este año 2026 un nuevo título con Sherlock Holmes como protagonista, porque para aquellos que quieran seguir leyendo sus aventuras, las parodias y pastiches son una buena alternativa, siempre y cuando no se olvide que, como afirmó en una entrevista el gran especialista sherlockiano José Luis Errazquin, “un pastiche no debe superar los límites en los que los personajes originales fueron creados” (Errazquin 2017).
No quiero concluir este artículo sin mencionar este extracto de la reseña que de El xangô de Baker Street firmó Beatriz Hernanz y con la que no puedo estar más de acuerdo. Comenzaba así:
“Decía Ludwig Wittgenstein que el humor no es un estado espiritual, sino una visión del mundo. El humor impregna, cuando se encuentra en estado puro en un ser humano, todos sus actos, ordena, o desbarata, que también es necesario e higiénico, desbarajusta nuestro pensamiento, las acciones que nos constituyen como esencia viviente, permite una escapatoria del ilusorio hecho de la existencia. Y así de ese poder liberatorio del humor surge una cosmovisión, que nos hace más libres, más inteligentes, más humanos” (Hernanz 1996).
Notas
- El personaje de Sherlock Holmes surgió por primera vez, en 1887, en el almanaque literario Beeton’s Christmas Annual.
- La sociedad de crédito hipotecario británica Abbey National, luego convertida en banco, que durante muchos años ocupó el edificio del 221B de Baker Street, la dirección situada en el corazón del West End donde se sitúa el domicilio del detective, llegó a designar a un empleado para atender las cartas que eran enviadas a su nombre.
- Anónimo, Nuestro Tiempo, Madrid, noviembre de 1912, p. 254.
- Tempranamente, en abril de 1909, Maria O’Neill había publicado en la revista Serões la narración ‘Un imitador de Sherlock Holmes. Los claveles blancos’.
- La Biblioteca Nacional de Portugal exige autorización para su consulta, a causa de su mal estado de conservación.
- ‘Sherlock Holmes no Porto’ sería reproducido en la parte antológica del libro de Joel Lima As vidas Paralelas de Sherlock Holmes, Segunda parte (pp. 367-369), referenciado en la bibliografía final.
- Cf., Revista de Guimarães. Publicação da Sociedade Martins Sarmento, Guimarães, 2012/2013, Volumes 122-123. Disponible en https://www.csarmento.uminho.pt/revista-de-guimaraes/
- Los párrafos escritos en portugués a que se hace referencia en este artículo han sido traducidos al español por el autor.
- El escritor francés Maurice Leblanc (1864-1941) se vio obligado a cambiar el nombre de Holmes, que había utilizado en algunos de sus relatos, por el paródico de Herlock Sholmès, y de 1908 es su libro Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes.
- Cf. Machiavelo, António, y Reis, Rogério, «Matemática Recreativa. Um manuscrito perdido do Dr. Watson: Sherlock Holmes e o Sudoku», Parte 1 (?), Boletim da SMP, Outubro 2008, pp. 81-89; ídem, «Matemática Recreativa. Um manuscrito perdido do Dr. Watson: Sherlock Holmes e o Sudoku», Parte 2, Boletim da SMP, Maio 2009, pp. 47-65.
- SOLUCIÓN: Mi buen amigo Carlos García Díez no solo resolvió estos dos sudokus, sino que también me enseñó a hacerlos. Conste aquí mi agradecimiento por su ayuda y complicidad.
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