The Pacific, la narración se muda a la pequeña pantalla

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Steven Spilberg, el mago de Hollywood, regresa a la televisión

 

Tras el éxito que supuso Band of Brothers, anterior incursión de Steven Spielberg y Tom Hanks en la segunda guerra mundial, ambos fijan su mirada de nuevo en el conflicto con el apoyo económico de la HBO. En este caso, el episodio histórico es la batalla de Guadalcanal, crucial para impedir el avance del ejército japonés por el pacífico y que se desgrana a lo largo de 10 capítulos. El guión proviene de la adaptación de las memorias de dos soldados que vivieron la feroz guerra del pacífico, Eugene Sledge y Robert Leckie. Más allá de su impresionante calidad técnica, The Pacific se postula como ejemplo de la madurez que ha alcanzado el discurso narrativo televisivo, laboratorio para una nueva concepción del tiempo que logra lo que el cine es incapaz de asumir por motivos comerciales.

       Cada capítulo comienza con un pequeño bloque documental, donde protagonistas de la batalla cuentan sus historias, ilustradas con archivos fílmicos de la época. Tras plantear este punto de partida, viene la ruptura ficcional, poniendo en cuestión la convulsa línea entre ésta y la realidad. Al fin y al cabo, lo que se plantea es que toda historia es narración, y puede resultar igualmente válido filmar la rememoración de un hecho por algún protagonista, como la apuesta por representar en imágenes las memorias de los combatientes. Evidentemente, esto entraña el peligro de la manipulación, pero ¿acaso no comprobamos diariamente cuán igualmente fácil resulta tergiversar la realidad? La línea divisoria habría que trazarla, quizás, no en la nomenclatura audiovisual sino en la intención moral del autor y, en mayor medida, en el papel activo del espectador. Es hora de empezar a demandarle el uso de su inteligencia.

       De la misma manera que Band of Brothers se convirtió en la extensión de Salvar al Soldado Ryan, podemos considerar The Pacific como la expansión de la magnífica La Delgada Línea Roja. La urgencia temporal desaparece, y por lo tanto se diluye la personificación característica de toda ficción cinematográfica histórica. La segunda guerra mundial ya no es Tom Hanks y su escuadrón en cumplimiento de una misión, sino un grupo de soldados cuyos cuerpos y mentes se degradan a medida que pasan los meses. El heroísmo que resalta la serie es evidente, pero se relativiza poco a poco a medida que se muestran las funestas consecuencias de la confrontación. Es necesario rendir tributo a aquellos que murieron en la guerra, pero sin perder de vista que se trataba de meros peones. La inocencia de éstos queda retratada perfectamente a través del romanticismo con el que el sargento Leckie se enrola en el ejército, o las lágrimas de un muchacho al no poder alistarse por problemas de salud. El acierto de The Pacific reside en utilizar dosis de patriotismo made in USA con atisbos crecientes del terrible reverso que esconde todo conflicto armado.

       La madurez de la serie se muestra en cómo se presentan las escenas de acción que uno espera encontrarse en una producción de Steven Spielberg. Hasta el mago de Hollywood parece entender que el formato televisivo elimina la urgencia de la visibilidad absoluta, permitiendo una apuesta realista por la noche como escenario de acción -la mayor parte de los ataques enemigos en la guerra del Pacífico no se llevaban a cabo durante el día-. La concatenación de obstáculos con los que constantemente se encontraba el batallón de Salvar al Soldado Ryan, desaparece aquí en favor de una tensa calma que se desata en una impactante escena nocturna. En ella, se hace patente la confusión y el caos de la refriega, dejándonos ver apenas retazos del asalto de los japoneses a través de las explosiones y fogonazos. Será la luz de la mañana la que haga emerger el resultado de las armas, cuando la playa se presenta repleta de cadáveres. Excelente opción la de mostrar de esta manera la batalla, alejada de las escenas cuidadosamente planeadas de cualquier cinta bélica, en donde lo importante es que el diseño de producción sea lo más visible posible.

 

 

       The Pacific ha aparecido en un momento en el que el cine se encuentra ante una encrucijada digital. El camino a seguir por las mayors parece ser el de la espectacularidad del 3D y la imagen generada por ordenador. De momento, la narración ha de contentarse con una vuelta al modelo de los fuegos de artificio, como parece marcar el éxito de Avatar y la avalancha de producciones en tres dimensiones que se avecina. La histeria tecnológica ha llegado a tal punto que muchas películas rodadas en 2D han sido reconvertidas al 3D mediante un programa informático. El otro camino lo proponen cineastas como Michael Mann o David Lynch. Su uso de las cámaras digitales de alta definición les sitúa en el campo de la experimentación, explorando las posibilidades plásticas que ofrece el medio a través de texturas y luces. Películas como Enemigos Públicos o Inland Empire son buenos ejemplos de cómo la emulsión da paso a la textura virtual. En este momento de transición, ha sido en la pequeña pantalla donde ha encontrado refugio la narración, gracias a la apuesta de numerosas cadenas de cable americanas por series que se aventuran más allá del formato clásico de la ficción televisiva seriada. Ejemplos como Los Soprano, The Wire, Lost, Band of Brothers, Generation Kill y muchos otros han confirmado una simbiosis entre ambos medios que a día de hoy produce las mejores historias. The Pacific nos plantea sin embargo un interrogante que la industria ha obviado sistemáticamente. En la sociedad multipantalla en la que vivimos, la tendencia es hacia la minituarización de las mismas por un lado y el aumento de pulgadas en casa por otro, pero nunca se podrán igualar las condiciones de visualización de una sala de cine. Quizás esta hibridación definitiva entre el cine y la televisión a través de la exhibición sea la tabla de salvación que tanto se anhela desde la industria. Por el momento, habrá que contentarse con disfrutar de la estupenda producción de Spielberg y Hanks en la comodidad de nuestros hogares, a la espera de que la moda del 3D pase de largo y la industria decida dar por fin un paso adelante en lugar de hacia atrás.

 


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Autor: Enrique Fibla

3 COMENTARIOS

  1. Cada capítulo comienza con un

    Cada capítulo comienza con un pequeño bloque documental PK0-003, donde protagonistas de la batalla cuentan sus historias, ilustradas con archivos fílmicos de la época ccna 640-802. Tras plantear este punto de partida, viene la ruptura ficcional, poniendo en cuestión la convulsa línea entre ésta y la realidad. Al fin y al cabo, lo que se plantea es que toda historia es narración 640-816, y puede resultar igualmente válido filmar la rememoración de un hecho por algún protagonista, como la apuesta por representar en imágenes las memorias de los combatientes. Evidentemente, esto entraña el peligro de la manipulación, pero ¿acaso no comprobamos diariamente cuán igualmente fácil resulta tergiversar la realidad? La línea divisoria habría que trazarla, quizás, no en la nomenclatura audiovisual sino en la intención moral del autor y, en ambassador medida, en el papel activo del espectador 640-863

    . Es hora de empezar a demandarle el uso de su inteligencia.

     

  2. Cada capítulo comienza con un

    Cada capítulo comienza con un pequeño bloque documental PK0-003, donde
    protagonistas de la batalla cuentan sus historias, ilustradas con
    archivos fílmicos de la época ccna 640-802. Tras plantear este punto de partida,
    viene la ruptura ficcional, poniendo en cuestión la convulsa línea
    entre ésta y la realidad. Al fin y al cabo, lo que se plantea es que
    toda historia es narración 640-816, y puede resultar igualmente válido filmar
    la rememoración de un hecho por algún protagonista, como la apuesta por
    representar en imágenes las memorias de los combatientes.
    Evidentemente, esto entraña el peligro de la manipulación, pero ¿acaso
    no comprobamos diariamente cuán igualmente fácil resulta tergiversar la
    realidad? La línea divisoria habría que trazarla, quizás, no en la
    nomenclatura audiovisual sino en la intención moral del autor y, en
    ambassador medida, en el papel activo del espectador 640-863

    . Es hora de
    empezar a demandarle el uso de su inteligencia.


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