Si el hombre que subía la cuesta empinada
se hubiera parado en mi casa
subido las escaleras llamado a mi puerta
si ese hombre encorvado de negro
hubiera realizado esa sucesión de rastros
dirigidos al centro mismo de mi pecho
yo hubiera cerrado el libro de tapas verdes
que estaba leyendo al calor de una lámpara
abierto la puerta ofrecido un asiento
contemplado lentamente esa mirada azul
esas manos de picos altos esa soledad transida
ese cansancio de siempre subir
que yo tan bien conocía
ese hombre de espaldas
ropas informes caminar pausado
transitando cuestas o escaleras
eternamente mayor eternamente sabio
ese hombre y yo al fin sentados
azul frente azul
explicándome sus manos el subir a mi morada
su silencio mi silencio
y ya después el lecho en sombra
la vida entera te he esperado
dentro del libro de tapas verdes
y el porche blanco aquel
que un día me donaste
en las profundidades de un sueño
que no era sueño quizás vigilia
la selva la mujer, yo, pariendo
el sombrero de ala ancha detrás de tus ojos
todo fue en otra vida
pero fue y lo sabemos
por eso todavía te estoy esperando
Al otro lado de la curva en cuesta
al final de la selva
a la luz del calor
y entre las frías sábanas
te espero todavía





