Ucrania, trágica incertidumbre

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Entrevista con Liliya Mykolayiv, presidenta de Con Ucrania

(Imagen: la abogada ucraniana Liliya Mykolayiv. Foto cedida por ella misma)

Liliya Mykolayiv (Novoyavorisk, región de Lviv, 1987), dirige con guante de seda el bufete de abogados Mykolayiv, Kmit y asociados. La presidenta de Con Ucrania llegó a España con su familia en el año 2000, un lustro antes de que la ilusionante Revolución Naranja recorriese su Ucrania natal. Ahora, en cambio, suenan tambores de guerra en la frontera ruso-ucraniana. Un conflicto al que los españoles no somos en absoluto ajenos, ya que sucede en Europa, a las puertas de una UE que —esperemos que no sea así— podría llegar a noquear. Cuando menos, en lo económico.

P: Quería que empezásemos con una cronología para los lectores españoles, de la crisis militar actual, su contexto y sus antecedentes. 

LM: Existen 3 momentos claves en esta crisis que es importante entender. 

El primero, el Maidán o la revuelta popular, que sería un cambio de gobierno y mentalidad a finales de 2013 y en 2014. Hablamos de un cambio de perspectiva, pasando del gran enfoque y la estrecha relación con Rusia, que lidera la Unión Euroasiática, al progresivo acercamiento de Ucrania a la Unión Europea. Desde ese momento clave cambian muchas cosas, como la apertura de visados. 

El segundo, la agresión rusa, cuando en primavera de 2014 tropas del ejército de la Federación Rusa atacan por sorpresa Ucrania para obtener terreno estratégico de nuestro país, como es Crimea, aparte de las zonas de Ucrania más cercanas a Rusia (el cinturón del Dombás, Lugansk y Donétsk). A partir de entonces, el gobierno ucraniano tiene una política enfocada en el desarrollo, en reformas que acercan al país a la Unión Europea y al ingreso en la OTAN. Una política que busca recuperar la integridad territorial. Este conflicto continúa hasta ahora. 

Y el tercero, la actualidad. ¿Por qué Rusia ahora despliega estas tropas y amenaza con, digamos, la Tercera Guerra Mundial? ¿Por qué elige justamente este momento? Porque se da cuenta de que Ucrania está ya muy lejos de Rusia, que se está desarrollando económicamente con las reformas. Se han hecho logros importantes en transparencia, investigando los lazos políticos o la connivencia previa con Rusia. Internamente hay muchos avances, y Ucrania poco a poco va cumpliendo los requisitos que la permitirían, en un futuro no tan lejano, acceder a la UE y a la OTAN. Ve Rusia que está perdiendo su influencia en Ucrania, tanto la política como la económica, e incluso la militar. Hay que pensar que la agresión armada rusa se produce entre 2014 y 2016, para ocupar puntos estratégicos del territorio ucraniano, pero no hay ninguna batalla nueva desde 2017-2018, solo escaramuzas entre soldados, aunque los dos ejércitos armados y la artillería sigan allí. Evidentemente, hay bajas por ambos lados, enfrentamientos y escaramuzas, pero no de gran alcance. 

Hasta el momento actual, cuando Rusia y Bielorrusia exhiben su fuerza situando un cuantosísimo ejército con tanques y artillería pesada en la frontera oriental ucraniana, además de enviar buques de guerra al mar Negro.

P: Hay un aspecto de la guerra que conviene no olvidar, la propaganda. Una batalla moral que se libra también en Internet, con las fake news, la piratería, la censura de las redes sociales…

LM: Las mentiras de la propaganda rusa son fáciles de desmontar. Nosotros, en Con Ucrania, hemos demostrado que el ejército ucraniano no crucifica niños, que los vídeos que circulan por Internet son actores pagados que además se repiten y solo hay que fijarse un poco para ver que es todo atrezzo. Pero una vez que están ahí, se comparten y circulan, el mal está hecho. Rusia ha comprendido muy bien la importancia de la tecnología y de los medios en nuestra sociedad. Es por eso que este conflicto se denomina “guerra híbrida”, porque la batalla también se libra en Internet, tanto desde el punto de vista del espionaje que los rusos han hecho ya en varios países —casos como el de Hillary Clinton o su injerencia en la política catalana son especialmente sonados—, como desde la conquista de la opinión pública. La nueva propaganda son los bulos, las fake news y para eso el gobierno de Putin tiene una oficina de hackers, trolls y boots a sueldo estatal que, lamentablemente, hacen una labor eficaz. Todo ello, complementado con en entramado de Russia Today –canal estatal y propagandista de noticias traducido a inglés, español, etc.–, tiene un impacto real en la opinión pública internacional. Nuestro gobierno se ha dado cuenta de eso y ha empezado a desmentir todos estos montajes, pero es difícil de contrarrestar porque nos llevan ventaja y, como decía Goebbels, «una mentira mil veces repetida se convierte en verdad». Especialmente cuando se refiere a conflictos que nos resultan lejanos, como para mí la crisis de Kazajistán, que por mucho que siga me cuesta entender. Algo similar les pasa a los españoles con la guerra en la frontera ucraniana. 

P: Háblenos de la organización que dirige, Con Ucrania. ¿Cómo surgió y cuál es su cometido? 

LM: En noviembre de 2013, en cuanto estalló el Euromaidán o la revuelta popular que comenzó en Kiev ante el incomprensible cambio de orientación del gobierno de Yanunkóvich, vimos que se empezó a reprimir violentamente a la población civil que se manifestaba pacíficamente, ante la pasividad general y el desamparo internacional. Nuestros primos, compañeros de estudios (los jóvenes protagonizaron la revuelta), padres y madres se habían echado a la calle y estaban siendo acribillados. Empezó entonces la desinformación, y comprendimos que sus historias no podían caer en el olvido. Además, necesitaban asistencia médica y ayuda material. 

El pueblo ucraniano había votado por ampliar las reformas y acercarse a la Unión Europea, y un presidente recién electo con ese programa electoral de repente se separó de la UE para abrazar la Unión Euroasiática, controlada por Rusia. Evidentemente, existían muchos intereses y corrupción heredada de la época soviética, Yanunkóvich es un político de esa generación ya veterana, y son muchos los lazos entre la élite política ucraniana y la rusa. Hoy también existen, aunque el gobierno actual está haciendo un esfuerzo importante en transparencia. Como abogada, me admira el sistema judicial español, cuestionado aquí, pero al que se accede por una oposición y tras una larga carrera. En mi país, en cambio, se están dando pasos para reformarlo, pero aún es una cuestión de prestigio y, por desgracia, el prestigio se puede comprar. 

P: ¿Cuántos muertos ucranianos hubo en esa revuelta, el Euromaidán? ¿Fue un intento de golpe de Estado, como sostiene Putin?

LM: Se calcula que unos 82. Es interesante observar que nuestra capital, Kíev, es parte de ese zona este del país que reclaman algunos nacionalistas rusos, y en cambio, centenares de miles de ciudadanos kievitas salieron a la calle a manifestarse en favor a la asociación con la UE. El Euromaidán fue un movimiento popular que aprovechó la fuerza de las redes sociales y el prestigio de influyentes periodistas. La indignación era tal, que toda la capital se echó a la calle, a protestar al Maidán o Plaza de la Independencia. Fueron expuestos a gases, acribillados por ese gobierno ilegítimo al que luego conseguimos derrocar, puesto que las manifestaciones eran por todo el país, tanto en Kíev como en Lviv o Kharkiv, por nombrar algunas de las principales ciudades ucranianas. 

P: ¿Cuál es el papel de Lukashenko en esta crisis? 

LM: Cuando se produjo la agresión armada rusa, Lukashenko, que ya estaba bastante aislado internacionalmente y tiene las cárceles llenas de presos políticos, se ofreció como mediador en los llamados “Acuerdos de Minsk”. Una supuesta paz que nunca ha llegado del todo. Actualmente, nos amenazan tropas rusas y de Belarús, porque el dictador ha decidido apoyar al ejército ruso. Si nos remontamos 6 años al origen de la crisis, vemos algo muy llamativo: Rusia ni siquiera quería sentarse a negociar con Ucrania el propio futuro ucraniano, sino que reclamaba a Bielorrusia y a la UE como interlocutores, algo parecido a lo que está haciendo ahora con Estados Unidos, desplazándonos de la mesa de negociación. 

P: ¿Existen similitudes entre el independentismo catalán y el nacionalismo ucraniano?

LM: Tal y como yo lo veo, no. La Ucrania actual es un país joven, de sólo 30 años. Un 99% de sus ciudadanos votó a favor de constituirse como un país. Pero es que además ha sido independiente en otros momentos de su historia, como con la insurrección cosaca antipolaca de Bohdan Jmielnitski (1648-1667), o la guerra ucraniano-bolchevique de los años 20 (la República Ucraniana de 1917-21). 

Yo no voy a entrar en la historia catalana, porque no soy especialista, pero sí veo un sentimiento popular, las manifestaciones por el referéndum, constantes crisis. En cambio, la diáspora rusa en Ucrania jamás ha salido a la calle a protestar por nada, ni a reclamar una supuesta pertenencia a Rusia. 

En Ucrania somos un país lleno de minorías y religiones (hay judíos, hay ortodoxos, hay grecocatólicos, hay tártaros musulmanes), y coexistíamos pacíficamente hasta la agresión rusa sin ningún conflicto social. Si bien la lengua oficial es el ucraniano, somos una nación tolerante donde muchos ciudadanos son hablantes bilingües (en el este del país), tanto de ruso como ucraniano, e incluso trilingües, en la parte occidental, donde hay también una importante minoría polaca. 

P: ¿Tiene Rusia algún tipo de derecho histórico sobre Ucrania?

LM: La gente se confunde mucho con los nombres porque desconoce nuestra historia. Lo entiendo, yo tampoco sé mucho de Siria o de Kazajistán, más allá de lo que veo en las noticias. Aunque Ucrania, en la Edad Media, se llamaba la Rus´de Kíev por ser nuestra bella ciudad la capital de aquel Estado, el Imperio Ruso proviene del Ducado de Moscovia, que era otro principado rival que simplemente hacía frontera. Los tártaro-mongoles además ejercieron su yugo más tiempo en la actual Rusia que en Ucrania, donde amplias regiones de la Volhynia y la Galitizia les expulsaron un siglo antes. 

Siglos más tarde, los cosacos de Zaporiya se alzaron contra la Confederación polaco-lituana constituyeron un estado independiente entre 1648 y 1667, cuando cayeron bajo dominio ruso. 

Estos vaivenes y cambios fronterizos se ven muy bien en el caso de la Galitzia, provincia occidental que hoy se encuentra dividida entre Ucrania y Polonia. En muchos momentos de su historia ha gozado de una amplia independencia, pero tiene una situación geográfica muy complicada, limítrofe entre imperios. La Galitzia y casi toda Ucrania fueron ocupadas por la Confederación polaco-lituana, primero, y por el Imperio austro-húngaro después. Pero es que, tras la Segunda Guerra Mundial, Stalin cercenó la Galitizia en dos partes, cuando jamás había pertenecido a Rusia. Él tenía mucho odio a Ucrania porque había intentado detener el avance de la URSS, proclamándose independiente en 1917. En represalia, una vez que el Atamán Petliura perdió en 1921 el conflicto ucraniano-bolchevique, la guerra contra el Ejército rojo, Stalin provocó la Gran Hambruna o Holodomor (1932-1934). 

P: Háblenos de la tragedia del Holocausto ucraniano o Holodomor, uno de los terribles genocidios del convulso siglo XX.

LM: A Ucrania se la conoce como el granero de Europa. Además, es atractiva económica y militarmente la zona este por la industria, así como la marina y el turismo aglutinados en torno al Mar Negro. 

El clima ucraniano es mucho más benigno y meridional que el ruso, se cultivan cereales, frutas, verduras y el vino es excelente.. Por eso, cuando el plan quinquenal acometió la colectivización de la tierra, los historiadores han demostrado que Stalin ordenó tirar las cosechas, el trigo ucraniano, para matar a los campesinos de hambre. Los consideraba nacionalistas ucranianos y por tanto, traidores. Pensemos que, ante el temor de una insurrección antisoviética e independentista ucraniana, hubo diferentes oleadas de deportaciones, las purgas de 1929-1934 y 1936-1938, aparte de la Hambruna, que en sentido estricto duró 2 años (del 32 al 34). Fue horrible, en mi país fallecieron entre 6 y 9 millones de personas (los historiadores barajan distintas cifras) de una muerte tan dramática como es no tener ni pan que llevarse a la boca. Bebés, niños, ancianos… el campo ucraniano fue humana y económicamente exterminado.  

P: A pesar de su dramática historia, mi imagen de Ucrania es muy diferente. Personalmente la he visitado en 3 ocasiones, es un país hermoso, fascinante y complejo. Mi primera estancia fue durante la Revolución Naranja, de 2004. ¿Hasta qué punto es un precedente de lo que sucede ahora?

LM: Bueno, entonces tuvimos un caso de manipulación electoral y envenenamiento al candidato opositor a Yanunkóvich, Yushchenko, que por fortuna, sobrevivió de milagro. Luego Yushchenko no fue un buen gestor, pero todos vimos cómo se le intentó asesinar durante la campaña. 

P: ¿Cómo ve el futuro inmediato? ¿Habrá lo que algunos llaman ya la Tercera Guerra Mundial?

LM: Yo creo que estamos ante un gran teatro de Putin encaminado a cortarle las alas a Ucrania, a evitar que ingrese en la OTAN y en la UE para forzarla, contra su voluntad, a formar parte de la Unión Euroasiática. Ucrania está dispuesta a negociar, pero pide que para eso se retiren los refuerzos navales y de artillería antes. ¿Cómo negocias con alguien que te está poniendo una pistola en la sien? Pensemos que a Rusia le cuesta ya administrar parte del territorio ilegítimamente ocupado, las repúblicas de Lugansk y Donetsk, a diferencia de lo que ocurre en Crimea, cuya “anexión” a la fuerza supuso un gran aporte militar, estratégico y de ingresos económicos. 

Pero a Europa le interesa plantar cara a Putin, porque si bien se está marcando un farol, ha conseguido lo que quería: financiar un ejército con el dinero del gasoducto que le está financiando todos estos años Alemania, para así desestabilizar a la propia UE. Si la Unión Eurosiática, que él maneja, se fortalece aún más, la Europa que conocemos de los derechos humanos y las libertades será un actor muy secundario en el escenario internacional, que ni siquiera tendrá la hegemonía en su propio continente. 

El miércoles es una fecha clave (por el anuncio estadounidense de un presunto ataque ruso en la madrugada del 16 de febrero, como parte de la “diplomacia de altavoz” o disuasoria), pero en esto soy moderadamente optimista. 

En resumen, no parece que Putin busque aumentar aún más su extenso territorio, sino quiere ampliar las zonas de influencia y expansión para el mercado ruso. No creo que desate la Tercera Guerra Mundial, de imprevisibles consecuencias, sino que busca hundir la economía ucraniana para atar a Ucrania y otros países de la región al área de influencia rusa, y así debilitar e intimidar a la Unión Europea. 

P: ¿Cómo afecta el conflicto a los países vecinos que sí son miembros de la Unión Europea (Polonia, Lituania, Letonia y Estonia)?

LM: Pensemos que en las antiguas Repúblicas bálticas, que son parte de la UE (Lituania, Letonia y Estonia), así como en la vecina Polonia, los ciudadanos están horrorizados. Todos ellos tienen una importante minoría rusa o bielorrusa, y escarbando en la historia se podría justificar lo injustificable, la ocupación de una parte del territorio de un país soberano, como nos ha sucedido a nosotros. Cuando además, esa diáspora rusa jamás se ha manifestado ni ha salido a la calle para reclamar independencia alguna. Ellos pueden ser, también, la próxima Ucrania. 

P: ¿Se podría decir que Ucrania es una mujer maltratada que intenta emanciparse de su agresor, Rusia?

LM: No creo, porque no somos el mismo país. Ucrania es un país soberano y legítimamente reconocido. Hace 30 años votó masivamente por abandonar la URSS y dejar atrás ese período de coexistencia. 

P: Quizás ese símil sirva entonces para Lukashenko y las multitudinarias protestas bielorrusas. ¿Cuál sería entonces, para usted, el símil con Rusia? 

LM: Exacto, yo lo veo más bien para nuestro vecino del norte. Para mí, Rusia es como el matón del patio escolar. Y Ucrania sufre de un claro caso de bulling. La influencia del acosador y el grado del acoso dependerán de lo que hagan los padres, los demás niños, los profesores. Por eso os pedimos que no nos dejéis solos. Si Inglaterra, Alemania, Estados Unidos, Francia no se preocupan por ayudar a Ucrania, de una forma contundente y disuasoria, el matón se sentirá fuerte. Y ya se sabe lo que ocurre cuando nadie para los pies a un agresor: el acoso irá a peor, afectando también al resto de la clase.  

P: Gracias por su tiempo, Liliya. Seguiremos conversando sobre lo que suceda en Ucrania, punto caliente de la Nueva Guerra Fría. Confiemos en una desescalada. 

Amelia Serraller Calvo es docente y traductora técnica y literaria del polaco, el inglés y el ruso. Profesora asociada de la Universidad Francisco de Vitoria y colaboradora del Área de Filología Eslava en la Universidad Complutense, trabajó previamente como lectora en el Departamento de Iberística de la Universidad de Breslavia, así como profesora asociada en la Universidad Alfonso X el Sabio. En 2015 defendió su tesis doctoral "¿Literatura o periodismo? La recepción de la obra de Ryszard Kapuściński", premiada con el 1er Premio Embajador de Polonia en Humanidades. Es autora del ensayo “Cenizas y fuego: crónicas de Ryszard Kapuściński” (Ediciones Amargord), del libro de relatos sobre la pandemia "Réquiem y marmitako" (Eds. Facta) y de la edición crítica de "Fugaces" de Sofía Casanova (Edit. Torremozas). Medalla Gloria Artis 2018 por su labor como difusora de la literatura polaca, entre sus autores traducidos figuran los rusos Vladímir Sorokin, Aleksandr Pushkin y Nikolái Chernyshevski, así como los polacos Anna Augustyniak, Józef Wittlin, Marcin Kurek y Piotr Bednarski.

2 COMENTARIOS

  1. Acabo de leer esta entrevista, a flor de piel, y, desde mí militancia eterna en la izquierda y tras años de pacifismo, me veo en la obligación moral de manifestar mi opinión. Recientemente voces amigas, voces bravas, me han hecho reflexionar sobre la vacuidad de sostener la frase “no a la guerra” cuando dicha guerra ya es un hecho.
    Con motivo de la invasión, del atropello y los crímenes de guerra que Vladimir Putin está ejecutando sobre el pueblo ucraniano, admito que ningún pueblo puede luchar solo contra un poder militar apabullante que pretende aniquilarle, aniquilar su cultura, sus pensamientos, sus vidas.
    Y creo igual de firmemente que la postura más tibia ahora sería la de permanecer al margen de tal abuso de poder, de la enormidad de esta tragedia.
    Creo que solo la unión de todos los pueblos puede ayudar a acabar con ese dictador, y en ese sentido afirmó que no basta con medidas poco enérgicas, no basta con enviar armas a un pueblo que lucha en sus propias calles. Hay que luchar junto a ellos, aislar a Rusia económica y diplomáticamente, y rodearla de ejércitos, de los ejércitos de Europa con el objetivo para disuadir a quien acaba de romper el efecto disuasorio que provocaba hasta ahora el arsenal nuclear. Putin ha de quedar proscrito incluso para su propio pueblo, y nuestras conciencias sólo quedarán liberadas apoyando al pueblo ucraniano, hermano nuestro como cualquier otro pueblo, sin restricciones, sea cual sea el final de esta situación.

  2. Francisco Javier, gracias por tu extenso comentario. Es un dilema ético acuciante: la guerra y el sufrimiento de la población civil ucraniana y de los dos ejércitos tiene que acabar. No obstante, Rusia aún no ha avanzado del todo y quiere controlar medio país. Si Zelenski se rinde pronto, el este de Ucrania será absorbido por Rusia, arrasando su cultura y sus aspiraciones democráticas. Habrá otro gobierno títere y poco a poco será envenenado él, su familia, su gabinete, los diputados, los alcaldes. Si tarda en hacerlo, sobrevivirán como cultura con identidad propia, pero medio país será un desierto. No tendrá a quién gobernar, siendo el corresponsable de un conflicto que no inició…

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