Una muerte bastante agónica

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No sé si se han fijado en el abuso que se hace continuamente del verbo poder. Es intrigante, como si al hablante le diera miedo ir al grano (¿…?). He escogido sólo dos ejemplos, pero es continuo; hagan la prueba, por favor:

 

–“…han cedido una galería para poder realizar una exposición”. ¿Poder realizar? ¿O simple y limpiamente realizar una exposición?

 

–Era un ejemplo tomado de la radio, pero este otro lo encontré sin ningún esfuerzo (es uno de tantos, tantos) en El País: …para lograr poder viajar”. Es un hito, además, esa acumulación de verbos tan absurda. Parece que la acumulación es un signo de nuestros tiempos, sobre todo para algunos (como lo de los vasos comunicantes).

 

También me impactó mucho esta frase de El País, que encontré en su web:…su muerte resultó bastante agónica” (creo recordar que hablaba del asesinato en su chalé de una abogada madrileña, pero no lo aseguro). Bueno, queda a disposición de los humoristas que por suerte para nosotros siguen proliferando.

 

Por último, entresaco esta frase de… pues sí, de El País: …recibió un rescate de 100 mil millones cuyo 25% todavía está en manos del Gobierno de Merkel”. Confieso que esto de los relativos me supera, y hoy más, no sé por qué. Quien escribe eso, desde luego, es una persona ilustrada (no recuerdo su nombre y no suelo citarlos), ya que una tribuna de opinión es un espacio que no se concede a mindundis precisamente (este término parece vulgar, pero vaya usted a saber; a lo mejor le pasa lo que a chupa, que me la encontré en El Buscón…). ¿A qué se debe esa especie de incapacidad estructural, ontológica, sintáctica ¡yo qué sé cómo llamarla! para escribir “el 25% de los cuales? ¿o del cuál? No lo sé. Aquí les dejo, con mi pregunta no menos ontológica…

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.