AcordeónY, a pesar del tren búlgaro, los estudiantes llegaron a Belgrado

Y, a pesar del tren búlgaro, los estudiantes llegaron a Belgrado

 “Lijte kiše, hladne vode, Vučić ode, Vučić ode”
“Pumpaj!”
“Gotov je!” 

“Que llueva, que llueva, que caiga agua fría
¡Vučić se va, Vučić se va!
Dales caña
Se acabó”

[Cánticos basados en el tema homónimo ‘Lijte kiše’, de la cantante serbia Zorica Marković, en las ciudades serbias tras la victoria electoral de la candidatura Lista de los estudiantes contra Aleksandar Vučić en las elecciones parlamentarias, 25 de octubre de 2026]

 

El autobús, por fin, hace su entrada en la urbe de la fortaleza blanca

Un autobús desvencijado de la empresa Krstić atraviesa Serbia desde Novi Sad. Ocupan al principio sus asientos (algo ajados, todo hay que decirlo: a veces, hasta se ve la esponja) unos pasajeros jóvenes a los que les da igual que Belgrado esté sombrío, porque están ilusionados por llegar. Son muy jóvenes y han decidido dejar sus labores propias de estudiantes para marchar a la capital. 

Solo tienen en común el destino, Belgrado y un país asomado al abismo. Ni siquiera están de acuerdo en todo, sólo en que la luz penetre algo por las nubes belgradenses. Se empezó a platicar sobre el pokret (movimiento) un mes y pico después de atravesada la frontera de 2025. Comenzaron, en 2024, los de Novi Sad, aunque se extendió como una mancha de aceite en un terreno liso labrado por otras protestas, otros estudiantes, otros ciudadanos hartos de la violencia, que también trajo muertes de inocentes. Los jóvenes no portan mucho equipaje, porque sabían que el camino proveería: pero si poseen una canción ‘¿Quién canta ahí?’ (Ko to tamo peva?), se interrogan los estudiantes, como en la comedia negra de 1980 dirigida por Slobodan Šijan, e interpretada por los músicos gitanos Mića y Nenad Kostić, quienes, también entonan ‘Za Beograd’ (Hacia Belgrado), una canción de Voki Kostić.

Está muy bien todo, hay que ser joven, quién lo discute, pero ¿qué se os ha perdido allí? –les preguntan algunos, conmovidos por su empeño, pero también resignados a una situación imposible de cambiar. Allí no hay nada que hacer, nada que cambiar. “Seguid estudiando”, “esto no lo arregla ni Dios”, les aconsejan en las estaciones por las que pasan, que son muchas porque el motor se recalienta pronto. Sin embargo, van subiendo más y más estudiantes, de otras localidades también: ya es un convoy. Por la gente de los pueblos empieza a circular un rumor que precede a los estudiantes y, si antes, cuando el vehículo se detenía y sólo el viento que ululaba en páramos desolados era el único testigo, los lugareños salen a ver de qué va aquella locura.

Un día, resulta que hay señoras mayores que les ofrecen comida y bebida. En otro pueblo ya la multitud, que era de curiosos admirados de la determinación estudiantil, ya es un comité de bienvenida que les da abrazos, flores, comida, productos de higiene, de limpieza. Alguien ofrece su invernadero, su fábrica o el pabellón deportivo de la localidad para dormir. Qué va a ser eso de machacarse la espalda tantas horas. Muchos estudiantes de otras universidades y facultades se van subiendo al autobús. Y está lleno, son tantos, que es menester organizarse: con el tiempo, estos partisanos sin armas portarán chalecos amarillos que dicen АРХИТЕКТУРА (Arquitectura), ПРАВНИ (derecho), ЕЛЕКТРОТЕХНИЧКA (ingeniería electrónica), ПОЛИТЕХНИКА (Politécnica), ПРАВНИ (derecho). Los de secundaria se les van agregando.

Es más: un día, acostumbrados a transitar solos en carreteras secundarias y comarcales, ven polvo en el horizonte, y esta vez no es aquel que arrastra la nada como antes, porque suena algo. Son tractores de los campesinos que se les unen, e incluso bandas de moteros con sus chalecos de cuero y sus Harley, Viragos y todo lo que tenga dos ruedas que los escoltan y, con el tiempo, los protegen en las ciudades contra ataques de pendencieros. “Aquí estoy”, “métete conmigo”, “atropéllame”, “a ver la porra, si la sacas tan fácil ahora”, provocan. La población va tomando sus propios vehículos y les va siguiendo, multiplicándose las bienvenidas que ya no dejan pasar al autobús. Y tienen que bajar. En un momento dado, el vehículo no puede más, si bien esto no es problema, pronto se ofrece uno que carbure. Los de Belgrado, que primero los ignoraban, luego se reían de ellos (si se ríen de ti es que algo pasa) para a continuación enfadarse e intentar comprarlos, desviar la atención para que los serbios se olvidaran de ellos desescalando su ascendente. No funcionó: entonces tocaba insultarlos, intimidarlos y, finalmente, actuar. 

Ya no se trata solo de ciudadanos con una sonrisa que saludan el paso, también hay hombres de gris que intentan hacerles daño, lugartenientes del SNS (Partido Progresivo Serbio) con poder territorial que les impiden dormir, pasar, concentrarse. Como no basta –los de la capital acaban de comprender que esto es en serio y que se les puede mover el asiento, desde luego, mucho más lujoso que los del autobús–, comienzan a enviar emisarios para convencerles de que depongan su actitud. Aún piensan que serán otros revoltosos más. Pero no es suficiente. A estas alturas, saben que se les ha ido de madre el pokret, por mucho que aún confíen en encarrilar la situación. No pocas veces se ha dejado enfriar y a otra cosa. Funcionó: esta vez, por el contrario, es diferente y la reacción prueba que tienen miedo, porque toda la población está ya con aquella expedición minúscula que comenzó sólo con juvenil ilusión. Quilomberos del SNS los atacan, los arrestan; también a los que les apoyan. 

A ver, quiero hablar con el jefe, dice el comandante de un retén de la policía. “No hay”, dicen. En otro lado estarán. Tampoco. No hay ninguna cabeza visible, es como las defensas territoriales de otra época. Cada uno sabía dónde debía estar y cuál era su cometido, pero, si intentabas descabezar el movimiento neutralizando al jefe se encontraban con que no había nada que neutralizar: sólo podían ir tras fantasmas. Era la idea: Teritorijalna Odbrana o TO permitía seguir actuando a la defensa aún cuando Belgrado ya no podía dar órdenes. No hay jefe, pero organización sí que hay. Se sustituyen los brazaletes por los omnipresentes chalecos fosforito y como en las mencionadas TO, cada uno sabe el lugar y función que le corresponde. Cuando la policía y la inteligencia y seguridad del Estado (también policías que no querían ir contra el pueblo ni acatar órdenes ilegales) vieron que no eran la panda de borrachos juerguistas que describía el gobierno alguien con conocimiento debió advertirle a Aleksandar Vučić: 

Predsednik, con todos mis respetos; esto es muy grande: no son cuatro zarrapastrosos que no saben a dónde van. Están muy organizados. Hágame caso. Tienen Redarski timovi, equipos de orden que se ocupan de la seguridad, cortar el tráfico, coordinar las movilizaciones, delegados que nadie sabe quienes son que se comunican por walkie-talkies, con equipos en la cabecera, los laterales, detrás. Dentro de ellos, tienen además a los dabrovi (castores), quienes van con cascos y protección, tienen entrenamiento, tus cobras de la policía pueden hacer poco. Encima se hacen llamar castores para mofarse de tus cobras. También tienen controladores de acceso (redarski), equipos de logística para coordinar las donaciones, el transporte, el material, el abastecimiento (tim za logistiku), primeros auxilios, con estudiantes de medicina y médicos (prva pomoć), delegati, que tienen diversas funciones en cada manifestación

También van con brigada sanitaria (sanitarna brigada), que se encargan de dejar las universidades y edificios que ocupan, dejándolos limpios como una patena; las cosas, como son: por eso, cuando usted dice que “son unos cerdos, lo dejan todo lleno de basura”, la gente se ríe de cómo decimos cosas que saben que son mentiras palmarias –desde el respeto, Gospodine predsedniče: yo me limito a informar.

―¡Maldita sea! Detenga a cada uno de los que mandan, yo qué se. Tan difícil no puede ser…

―Eso es otra cosa que quería comentarle: no tienen jefe: podemos pillar a un que esté con el altavoz, pero viene otro rápido.

―¡Quiten a este cenizo de mi vista! –ordenó, nervioso a uno de seguridad.

―Siempre a sus órdenes, predsednik –respondió, profesional.

Es entonces cuando los de arriba dicen “se acabó la tontería”. Vamos a las cosas serias. Gritar y protestar está muy bien. Que sí, que están muy bien organizados, pero ¿qué futuro es ese? Una cosa es organizar un botellón en la facultad con equipos de distribución de cerveza y otra gobernar un país. Eso no es un proyecto. Ninguno. Tendréis que elegir entre nosotros o el caos.

Sin embargo, cuando hubo que decidir entre el caos o el orden, la gente eligió el supuesto caos. Los que mandaban se habían pasado dos años persiguiendo a alguien que siempre acababa por pasar el balón a otro. Muchos caían, pero de qué servía. Cuando los confiados de lo más alto perdieron la silla, ignoraban –obsesionados con las individualidades–, nunca supieron, en realidad, quién les había golpeado. Porque no había un quién. Había un todos. Cuando los capitalinos del poder se instalaron en la mullida soberbia de las sillas de cuero y su experiencia la sociedad, al mando de gente sin experiencia política como los estudiantes, había recuperado la ilusión y les había expulsado de sus confortables tronos.

Pero eso fue después, nunca nadie lo imaginó. En principio, había razones de sobra para que el pueblo marchara a Belgrado (Za Beograd), decía la canción… pero para qué, si la suerte no acompaña. La canción refleja unos tiempos sombríos, los de la ocupación nazi de Yugoslavia. En 2025, otro tipo de tiniebla, menos existencial, se cernía –tiempo hacía– sobre Serbia. 

Su acto inaugural fue la tragedia de Novi Sad en noviembre de 2024: la marquesina de una obra recién reformada (¿por qué se dejó sin reformar dicha marquesina?) que se llevó en su colapso las vidas de 16 personas. Fue el detonante de un movimiento nuevo, pero tampoco tan nuevo: recogía el testigo de tantas movilizaciones desde el milosevismo y durante el vučićismo, pero siempre faltó una chispa, aspecto del que era perfectamente conocedor un depredador político como el diputado electo Aleksandar Vučić. Aún no lo es: ocupará su escaño opositor cuando tenga lugar la constitución de la nueva Narodna Skupština (Asamblea Nacional), según la Constitución serbia (artículo 101), en 30 días desde la proclamación de los resultados oficiales. 

 

Las lluvias heladas (sólo para algunos) del final del camino

El domingo ha amanecido,
y me ha llegado al corazón,
él le está entregando el anillo
y no se arrepiente en absoluto.

‘Lijte kiše’ (Lijte Kiše), Zorica Marković,  Jugoton, 1988

 

En Belgrado, dos años después de la partida del autobús, no llovía la noche electoral del 25 de octubre de 2026; al menos, no para la multitud que celebraba en las calles y los chalecos amarillos con rótulos que indicaban de qué facultad provenían, pero sí caía agua, agua helada sobre los derrotados que habían llevado el país a la captura del Estado y al despeñadero de lo autoritario al ritmo del machacón son los-Balcanes-no-tienen-remedio. Entiéndase: son especiales, pero para mal. Un poco como la imagen mítica del fatalismo español o el consabido ibérico desordenado, violento, siempre dispuesto a pelearse y a matarse entre sí, atávicamente mal gobernado, como en los grabados y aguafuertes de Goya.

Pumpaj! (¡bombea!) comenzó a sonar al principio hasta convertirse en el lema más reconocible, que los estudiantes acabaron pasando a gran parte de la sociedad –con el devenir del tiempo, mayoritaria. Significa “bombear”, en el sentido de “dar caña” (al poder, se entiende) 

Volviendo al agua helada, los manifestantes, tras entonar, entre otros, el descrito ‘Za Beograd’, como lema del camino hacia una victoria en la que siempre confiaron, desplegaron otro hit para la celebración, y este vino dado por ‘Lijte kiše’ (“caed, lluvias” o “que llueva”) un viejo éxito. 

De éxitos yugoslavos va el asunto

La canción, en cualquier caso, no se canta ahora por primera vez. De hecho, fue una de las coplas-arenga con que se recibió a los estudiantes la noche del miércoles 21 de octubre de 2026 en la belgradense Studentski trg (plaza de los estudiantes), frente a la Oficina del rector de la Universidad de Belgrado. Los estudiantes “tomaron” de esta particular guisa, la capital, organizados en varias columnas que arribaban a pie desde diversos puntos del país como Zaječar, Novi Sad, Valjevo, Šabac y Gornji Milanovac, siendo recibidos efusivamente por los congregados en la plaza.

La canción, interpretada la famosa cantante serbia Zorica Marković (67 años en la actualidad), con letra de Marina Tucaković. Un despecho, eso sí, que, en el caso del pokret y sus seguidores, se convierte en liberación por quitarse de encima a una pareja tóxica. El tema formó parte de la banda sonora de la tercera entrega de la exitosa saga de películas Tesna koža (piel estrecha, expresión que viene a querer decir “estar metido en un lío”), muy famosas en Yugoslavia. Componían una ácida crítica a la sociedad yugoslava. Uno de los protagonistas es un trepa, parte del sistema, que se aprovecha del mismo para medrar en él… ¡Anda!… ¡Como Péter Magyar! [el nuevo primer ministro húngaro, que desplazó del poder a Viktor Orbán]: Ya se hablará de él cuando toque.

La Yugoslavia de la idea sigue viviendo

Si será antiguo el éxito que todavía existía Yugoslavia. No la Yugoslavia lowcost de Slobodan Milošević en la que sólo quedaban Serbia y Montenegro, y que pretendía ser una ficción jurídica con la finalidad de suceder a la Yugoslavia que nació en la posguerra. Lo intentó: rebautizó a su país como República Federal Yugoslava (RFY, ya perdida la s de socialista de la de Tito). Yugoslavia transmutada en Gran Serbia, cargando la aspiración de que regiones enteras de Croacia y Bosnia formaran parte manu militari y purgatione ethnica genocidali de dicha yugofarsa. 

Zorica, la cantante, siempre se mantuvo equidistante en lo tocante al pokret. Se llegó a rumorear que incluso se afilió al SNS de Vučić. Nunca se probó y la respuesta del SNS a quien ello afirmaba, siempre tan comedida (pedófilo transtornado, odias al pueblo serbio, etcetera), no pareció ir en esa dirección. No hay que confundirla con otra Zorica, también cantante, pero de apellido Brunclik, que sí expresó su respaldo al entonces presidente en 2023. La cantante llegó a reproducir el aviso de que “o futuro o desaparición”. Entiéndase por futuro, huelga mencionarlo, el SNS, y por desaparición, la de los serbios, victimología muy extendida entre los serbobosnios durante la guerra y durante el dodikismo [por Miroslav Dodik, presidente de la República Srpska].

Podría deberse la actitud de Zorica Marković al miedo a la cancelación de actuaciones suyas, o no. Tampoco ha dicho que no, ni que sí. En todo caso, es de esperar que esté encantadísima de la vida por el ímpetu (mudado en descargas y adquisiciones de sus obras) que sin duda cosecharán sus canciones, sobre todo ahora que el pokret ha derrotado al SNS de Vučić y enviado al paro a los acostumbrados socios, los socialistas de Ivica Dačić, partido que fundó Slobodan Milošević en julio de 1990.

 

Somos el mundo, somos los estudiantes: la vieja Yugoslavia continúa inspirando

Ya no tengas miedo, todos con los estudiantes,
alguien que quiere darte amor,
una parte de su cálido sueño.
Nunca tengas miedo, el amor es más fuerte,
los niños que llevamos dentro lo saben todo:
el camino verdadero hacia nuevos sueños

‘Za milion Godina’, Yu Rock Misija, Radiotelevisión de Belgrado, 1985

Versión modificada de los estudiantes serbios

 

No pudo dejar de sonar otro éxito de la Yugoslavia ochentera como ‘Za milion godina’ (por un millón de años), de Yu Rock Misija, una congregación de músicos creado para la ocasión cuyo objetivo era recaudar fondos y denunciar la hambruna en Etiopía, una especie de We are the World a la yugoslava (año 1985) que lanza consignas que versan sobre la solidaridad, la unión para conseguir un futuro mejor. También hablaba de lluvias, si bien siempre aparece “una mano que te busca y te ofrece un poco de ternura”. Los estudiantes confiaban tanto en su victoria y en sus dotes organizacionales que ya tenían pensada la canción que corearían al unísono en las calles de Belgrado y de Serbia. Ni que decir tiene que se encargaron de hacer el vídeo. Fueron los estudiantes de música a partir de una idea de los de economía: dos chicas ataviadas con un chaleco amarillo se abrazan. Más chalecos amarillos, símbolo no sólo de las protestas serbias sino mundiales…, químicos con pipetas, pintores, estudiantes de veterinaria, de informática, de odontología, de ingeniería civil, de mecánica, etcétera, en representación de la unidad, concepto clave, dejando claro al poder que la protesta no lo van a parar ni las intimidaciones, ni las amenazas, sino que…

“Ni dentro de un millón de años será el final. El final es cuando nosotros lo decimos”.

Los estudiantes usaron una vieja canción yugoslava que pedía unidad, interpretada por músicas de todas las repúblicas, de cantantes de Sarajevo, pero criados en Zagreb, como Jura Stublić, o de Niš (Serbia), que creció en Skopie (Macedonia), como Aki Rahimovski. Los estudiantes quieren transmitir el mensaje de que ya está bien de fracturas antinaturales. No reivindican Yugoslavia, pero la recuperación del tema por los estudiantes exuda un poderoso significado simbólico, especialmente porque se da tres décadas y media tras la desintegración violenta de Yugoslavia, una disolución antinatural, atizada por conflictos étnicos interesados, según afirma Dubravka Stojanović, profesora de Historia Contemporánea en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Belgrado. Como se describe más adelante, el pokret estudiantil serbio volvería a unir a los que antes estaban unidos: estudiantes de Zagreb, Rijeka, Liubliana, Sarajevo y Podgorica se concentrarían en apoyo a los belgradenses.

Hubo más coplas en las marchas, como los míticos ‘Bella Ciao’ y otro himno serbio, el Vostani Serbie, de 1804, el primer levantamiento contra los turcos.

Las bicicletas y los maratones son para el verano

Muchos de los recorridos, a pie o en bicicleta, incluidas las carreras de relevos, forman parte del paisaje habitual de las protestas de este último bienio. Y no solo en dirección a Belgrado: los estudiantes también pedalearon hasta Estrasburgo –unos 1.400 kilómetros desde Novi Sad– y corrieron por relevos hasta Bruselas, en un recorrido de cerca de 2.000 kilómetros. Ambas expediciones se marcaron idéntica meta: dar a conocer el pokret por una Europa de la que aspiran a formar parte. Una Europa que no les hizo demasiado caso, pese a representar los estudiantes un ariete contra la extrema derecha que avanza en Europa. Los jóvenes serbios reclamaban transparencia, Estado de derecho, justicia y democracia; es decir, los valores de los que la UE presume y pregona. Dichos principios se encuentran amenazados por el Fidesz de Orbán, la AfD alemana, el Rassemblement National de Le Pen y Jordan Bardella o el PiS polaco de Nawrocki, el Smer de Fico o Andrej Babiš, ANO 2011 (Acción de Ciudadanos Descontentos). Son la antieuropa que propugna alianzas con Vladimir Putin y dejar solos a los ucranianos, el endurecimiento de las condiciones de asilo y refugio o limar el Estado de derecho o la independencia judicial, los que usan su poder de veto para que Europa sea menos Europa. 

La Unión, visto su potente mensaje contra el autoritarismo, debería llamar a sus brazos a los estudiantes serbios. Sin embargo, no sucede así. Una UE en modo equidistante que destila pragmatismo político y doble moral reaccionó rápidamente contra el gobierno de Georgia, que resultó afectado por medidas financieras y una paralización del proceso de adhesión. No es que tirara la casa por la ventana porque inmediatamente afloraron las divisiones entre los Estados-miembro, pero al menos mandó un mensaje claro. Las comparaciones con Serbia, en cambio son odiosas: los estudiantes aman a Europa, es su esperanza, tienden a ella, pero Europa necesita a Vučić como garante de la estabilidad de los Balcanes con el diálogo con Kosovo (fútil esperanza, puesto que Vučić atiza el fuego más que sofocarlo); y, sobre todo la UE ansía el litio y minerales raros del subsuelo serbio, básicos para la actualización tecnológica europea. De hecho, la UE adoptó el litio de la mina de Jadar como uno de sus proyectos estratégicos. La apertura de dicho yacimiento suscitó no pocas protestas en Serbia: fue de extranjis, a puerta cerrada, muy trápala todo. Pero fueron descubiertos y denunciados por lugareños a los que dieron altavoz nacional los estudiantes.

A estas alturas es dudoso que los serbios confíen ciegamente en Europa, pero es lo que les queda. Siempre será mejor Europa. Hacia ella tienden, mediante dos rutas simbólicas: en la ciclista hacia Estrasburgo, los estudiantes fueron recibidos en Budapest por Gergely Karácsony, alcalde de la capital húngara, quien los calificó de héroes y destacó su lucha por la libertad y la democracia, valores que, aseguró, también inspiran a los húngaros. A lo largo del recorrido, serbios residentes y numerosos húngaros les ofrecieron avituallamiento y asistencia. Los habitantes de las localidades que atravesaban también les proporcionaron alimentos, productos sanitarios e incluso lugares donde dormir: una constante muestra de apoyo al movimiento.

Completado el trayecto hasta Estrasburgo el 15 de abril de 2025, los estudiantes fueron recibidos por miembros de la numerosa diáspora serbia y vecinos de la ciudad, entre ellos la vicealcaldesa. En los encuentros institucionales participaron eurodiputados como la eslovena Irena Joveva y la francesa Fabienne Keller, ambas de Renew Europe, y el croata Gordan Bosanac, del grupo de los Verdes/ALE. También los recibieron dos representantes del Consejo de Europa: Bjørn Berge, vicesecretario general, y Matjaž Gruden, director de Participación Democrática. Si se esperaba a la crème de la crème europea no apareció

Otra expedición estudiantil llegó a la capital europea el 12 de mayo, tras una ultramaratón por relevos de unos 2.000 kilómetros. Los corredores fueron recibidos por miembros de la diáspora serbia y simpatizantes belgas y de países vecinos. Entre los representantes europeos que acudieron a darles la bienvenida estaban Martin Hojsík, vicepresidente del Parlamento Europeo, e Irena Joveva y Gordan Bosanac, que ya habían apoyado a los estudiantes ciclistas en Estrasburgo. También estuvo presente el eurodiputado socialista danés Rasmus Nordqvist.

En los días siguientes, los estudiantes mantuvieron encuentros con representantes de distintas fuerzas políticas y con los comisarios europeos Marta Kos, responsable de Ampliación –un ámbito especialmente relevante, dado que Serbia es candidata oficial a la adhesión a la UE desde 2012–, y Glenn Micallef, responsable de Equidad Intergeneracional, Juventud, Cultura y Deporte. Las reuniones permitieron trasladar sus reivindicaciones directamente a las instituciones europeas.

Excurso húngaro: exija el original, no se conforme con menos

Karácsony es el producto original. A él, esperanza opositora, Péter Magyar, actual primer ministro del país, le comió la tostada, quedándose con el puesto de “esperanza anti-Orbán”: una copia de ínfimo taller. Karácsony era quien llevaba años enfrentándose a Orbán y había empezado a subir enteros entre la aceptación de los húngaros. Entre tanto Magyar frecuentaba, con trato privilegiado de marido de ministra, al líder del Fidesz, mientras prosperaba en las estructuras del partido (¡arrea! ¡como en la peli serbia!), hasta que, en 2024, de repente, despertó el tal Péter, y descubrió que el elefante Viktor –y mira que era grande– se empeñaba en permanecer ahí, tenaz elefante cacharrero. Cuando el Fidesz reformó la constitución y amplió su control sobre los medios y torpedeaba la actuación de las organizaciones de la sociedad civil, mientras la independencia judicial era atacada y el gobierno de Orbán indultaba a encubridores de agresores sexuales de menores, seguía ahí.  Lo último lo tomó Magyar –le llegó en bandeja– como excusa para labrarse un partidito aprovechando las estructuras y los contactos de Fidesz. 

2025: Orbán prohíbe el desfile del orgullo gay. Es malo para nuestros jóvenes. Campeones abanderados de la moralidad de los húngaros y contra la homosexualidad no faltan (no les va el ambiente)… bueno… a algunos sí, como a József Szájer, uno de sus lugartenientes en Bruselas, pillado por la policía en una orgía gay y con drogas; o Zsolt Borkai, compi de  Orbán, otro tipo de ambiente más hetero: de putas en un yate en bello litoral adriático en Croacia. Lo de los amigos, vete haciéndolo mirar, Viktor: incluido Putin. Magyar, siempre muy calculador, evitó en todo momento asistir a una marcha repleta de políticos europeos que la apoyaban y mostrar su adhesión al desfile, cuidando las palabras: “que nadie cayera en provocaciones” y responsabilizando “a Orbán de cualquier daño que pudiera producirse”. Se las ingenió en todo momento para no granjearse las furias homófobas de una enorme parte de su electorado, descontento con Orbán pero nada dispuesto a transigir con los derechos del colectivo que se proponía desfilar.

Gergely sale a dar la cara en el desfile del Orgullo de 2025 desafiando la prohibición policial. Numerosos líderes europeos acudieron. Péter dijo que prohibir el orgullo estaba regular tirando a feo, pero hay que luchar en las urnas. Hay que ser un caballero, claro que sí. Por eso, quizá esperó 22 años, desde que se afilió al Fidesz desde 2002 y formó parte de las estructuras políticas y administrativas del sistema autoritario del orbanato. Algo lento de reflejos, ofreció sus servicios en el Ministerio de Asuntos Exteriores, fue diplomático en la Representación Permanente de Hungría ante la Unión Europea en Bruselas, y posteriormente trabajó en la oficina del primer ministro (es decir, Orbán: una relación muy próxima con el jefe), ocupándose de las relaciones entre el Gobierno húngaro y el Parlamento Europeo. Continuó ampliando su currículo y sus contactos, como la ministra Judit Varga, con quien estuvo casado 17 años. Hubiera resultado poético escribir “mientras todo se derrumbaba a su alrededor”, pero ¡qué va!: aquello que se edificaba era un sistema caracterizado por la concentración del poder, el debilitamiento de los controles institucionales, la presión sobre los medios de comunicación independientes, la corrupción y las redes clientelares, el ultranacionalismo homófobo y antieuropeo o la culpabilización del inmigrante. Todo se desarrollaba en un ambiente de conservadurismo moral (espurio en más de una coyuntura) y, a él anejo, la restricción de derechos, especialmente los de las personas LGTBIQ+: un rollo muy cristiano-nacional, como aquel señor bajito español. 

El mentado Péter, que no se había dado cuenta de todos aquellos detalles autoritarios de Orbán, no tuvo a bien mostrar su solidaridad a los estudiantes serbios. Hay que disculparlo, pobre: se merendó el orbanismo como un niño bueno, con buena ración de papas, sin rechistar; un menú con idénticos ingredientes al plato Vučić. Mejor perfil bajo, que las plazas de hipócritas azotemoralistas ya están ocupadas por Szájer y Borkai.

Luego, diez meses después de la equidistancia con el pride, ganó las elecciones y todos en Europa le agasajaron porque transpira dizque la esperanza. Los líderes europeos que desatendieron a los estudiantes sí le dijeron: enhorabuena, eres un crack. Has devuelto a Hungría a la senda europea y a los caminos de la democracia. Que sí, que has hecho lo contrario durante décadas, pero oye, qué alegría. Es de sabios rectificar. Es una falsificación. No tiene la misma calidad, huele a sudor si lo tienes puesto más de una hora y no aguanta dos lavados, pero eso ¿quién lo sabe? Lo tiras y ya está. Para rotos y descosidos, nunca mejor dicho, me fue de lujo. En realidad, mejor pagar un poco más, pero díselo tú a los que más mandan y a los que más cámara acaparan. Es una falsificación, pero es nuestra falsificación. Aguafiestas, este no es vuestro sitio.

La cuestión es que se acabó, se va

Con o sin Europa, con o sin Magyar, los estudiantes se hallaban en Belgrado, ya como vencedores absolutos, en octubre de 2026, retomando las lluvias heladas de aquella Zorica, la cantante.

“Detente, sol, no brilles para él
Te lo ruego, no le ilumines
Que caiga una fría helada
Mi amor se va”

La canción parecía que ni pensada para Vučić, si bien le hicieron algún que otro recorte estético cambiado “dragi”, en el original (querido, amado, mi amor), por “Vučić”.

“Detente, sol, no brilles para él
te lo ruego, no le ilumines
que caiga una fría helada
Vučić se va”

Al final, quedan, como grito de guerra abreviado, los muy deportivos dos últimos eslóganes/versos: “Lijte kiše, hladne vode, Vučić ode” (que llueva, agua helada, Vučić se va, que no rima en español salvo en la última vocal acentuada: un pelín forzado), para la multitudinaria salutación a los estudiantes en una atmósfera delirantemente festiva. Los asistentes dieron la bienvenida a los estudiantes con aplausos, abrazos y consignas contra Vučić. En la Studentski trg se tiró, asimismo, de fuegos artificiales, bengalas y silbatos. Por allí andaba la estrella de la canasta Vladimir Štimac, de quien hablaremos después, cantando a voz en grito el ‘Lijte kiše’ como uno más:

“Debajo de mi ventana
se ha empezado a oír la música
los invitados a la boda se reúnen
se saludan y cantan”.

La plaza del rector, se ha dicho; y el rector es Vladan Đokić: él y el rectorado y siempre estuvieron con los estudiantes, exigiendo que se cumplieran sus demandas y denunciando provocaciones violentas, defendiendo la autonomía de la universidad y negándose a sancionar a los estudiantes, que llevaban diez días ocupando el rectorado en 2025 y hasta el final. Đokić, en concreto, estuvo retenido en 2025, declarando un par de días ante la Kriminalpolicija (más o menos, policía judicial). Dicha unidad entró en marzo de 2026 en el rectorado, realizando un registro que duró nueve horas incautándose de ordenadores y materiales supuestamente relacionados con las protestas, en un claro ejemplo de intimidación a la universidad, violando su autonomía. El rector declaró que no era un ataque a él sino al concepto de  instituciones en Serbia

Un ‘pokret’ intergeneracional y transfronterizo que supera religiones, etnias y viejas heridas.

El pokret da muestras sobradas de herramienta de unión no sólo de sociedades, sino también de grupos étnicos que antes vivían juntos, como los musulmanes, idea que ya se vio al entonar ‘Za milion’ Godina. El fanatismo étnico del milosevismo (no fue el único: lo hubo, de igual modo, en Croacia) los separó sin razón. Los estudiantes volvieron a lograr que de nuevo cabalgaran juntos: tal acaeció en Novi Pazar, de predominio étnico musulmán con un importante componente bosníaco. Así sucede en la región que los alberga, el Sandžak, dividida entre Serbia y Montenegro. Cuando los estudiantes de dicho grupo étnico se unieron al movimiento se generó un sentimiento de pertenencia rara vez visto.

Cruzando las fronteras serbias, pero sin salir de lo que fue Yugoslavia, otros estudiantes toman el relevo en Bosnia y Montenegro siguiendo el modelo de los serbios y clamando contra la corrupción que, como en Serbia, ocasiona víctimas mortales. También en Banja Luka, capital de la Republika Srpska, uno de los entes que componen Bosnia-Herzegovina, los estudiantes locales se concentraron en apoyo a los estudiantes serbios, lo que es una indirecta para el entonces líder de dicha entidad, Milorad Dodik, y su corrupto gobierno.

Todo se retroalimenta y resulta obvio sacar a la palestra las protestas croatas de 2009 centradas en la demanda de mejorar la educación pública. En realidad, todo hunde sus raíces en un esquema muy yugoslavo-autogestionario: asambleas, bloqueos desde abajo, horizontalidad en vez de verticalidad, solidaridad y apoyo mutuo entre comunidades. No es nada de ayer mismo. Los estudiantes croatas de entonces llamaron Blokadna kuharica (recetario de bloqueos) a su manual para llevar a cabo a las ocupaciones de facultades, asambleas abiertas o plenums y grupos de trabajo que adoptaban las decisiones conjuntas por democracia directa. Ello no tuvo que ser ajeno a los estudiantes serbios. No les perdió la pista, de ningún modo, Ana Brnabić, alias la preparada-moderada-escaparate-de-modernidad, quien tomó la elaboración de la kuharica como argumento irrefutable, en una alocución en el deplorable y progubernamental tabloide televisivo Pink, de estar ideado en el exterior, por –cómo no– enemigos de Serbia. Era de recibo que los estudiantes recibían, sí o sí, billete generoso de aviesas potencias enemigas; o sea, que los estudiantes eran espías, secuaces de las revoluciones de color, etcétera: la narrativa manida de los mercenarios extranjeros. Si los croatas lo fueron, los serbios no van a ser menos.

Los serbios se habían muy probablemente inspirado en sus antaño conciudadanos croatas, y estos en el modelo yugoslavo, pero la retroalimentación continuó el ciclo: que rule, dirían los estudiantes croatas de Zagreb, Split y Osijek, quienes, en febrero de 2025, guardaron quince minutos de silencio en solidaridad con sus compañeros serbios, adoptando la conmemoración serbia de las víctimas de Novi Sad. Significativo resulta el hecho de que se hacían eco de la noticia rotativos bosnios.

“Apoyo a los estudiantes serbios”. Fuente: Bosna info

Y eso, que los Studenti no renuncian al nacionalismo: ello queda demostrado por las banderas serbias omnipresentes en toda concentración. Mal estarían si diesen la espalda a sectores nada minoritarios en su país. De hecho, los estudiantes se han visto más de una vez en el lance de verse obligados a demostrar con hechos explícitos su patriotismo para contrarrestar la muy plúmbea narrativa gubernamental que los tilda de antiserbios o manipulados por servidores de poderes no serbios.

Pues bien, sirva otro ejemplo: otro medio poco sospechoso de ultranacionalismo serbio como Radio Goražde recogió la noticia de la victoria electoral de la Studentska lista de manera positiva. Lo más curioso de todo es que se trata de una emisora de una ciudad que estuvo cercada durante la guerra por diversas unidades militares de trasunto étnico serbio, como el ejército serbobosnio (VRS) de la empresa criminal de los autores de genocidio, crímenes de guerra y lesa humanidad Radovan Karadžić en lo civil y general Ratko Mladić (fallecido hace poco y tratado como un héroe en Serbia) en lo militar. Recibió apoyo logístico del JNA, el Ejército popular yugoslavo, que de yugoslavo tenía sólo la palabra, puesto que experimentó desde el milosevismo la depuración de mandos no serbios o montenegrinos. 

La asociación criminal se completaba con unidades paramilitares como la llamada Guardia de Voluntarios Serbia, de igual modo conocida como los Tigres de Arkan. Al ágape de sangre se sumaron también las Águilas Blancas de Vojislav Šešelj (antiguo jefe de partido de Vučić), o los Škorpioni. Aquellas unidades conformaron banderías de soldadesca macarra, con patente de corso para, en el oscuro período 1992-1995, afanarse en organizar una orgía delictiva con lo más granado del honorable gremio de los asesinos. Por allí anduvo, por cierto, el “profesional de la información” Aleksandar Vučić proporcionando cobertura mediática propagandística a las atrocidades. Estas consistían en bombardeos indiscriminados y ataques contra la población civil: disparos de francotiradores contra personas en las calles y junto a puntos de suministro de agua; asesinatos de civiles, ejecuciones extrajudiciales de prisioneros y civiles capturados en acciones bélicas; agresiones sexuales, mutilación y decapitación de cadáveres, incendio y destrucción de viviendas y pueblos; traslado forzoso de civiles, obligándolos a abandonar sus hogares, tierras y pertenencias para proceder al saqueo, ataques contra hospitales, ambulancias que transportaban heridos, instalaciones humanitarias y edificios utilizados por la ONU y a su personal, corte y destrucción del suministro de agua; bloqueo y obstaculización de convoyes humanitarios con alimentos, medicamentos y otros suministros esenciales; destrucción de infraestructuras y propiedades e impedimentos a la reparación de instalaciones críticas o destrucción de tejido productivo. Ahí donde los ves, casi nada.

 

Si quieren bombear, que bombeen: el clamoroso error de cálculo de Vučić. Al final, resulta que era política

Ellos dicen:
son gamberros
sí, lo nuestro
es política 

‘Es Política’, La Polla Records. Revolución, 1985, Oihuka

 

La transformación de un movimiento de protesta surgido a raíz de las víctimas del desplome en la estación ferroviaria de Novi Sad, en noviembre de 2024, protagonizado por jóvenes cargados de determinación, acabó desbordando los límites de la mera protesta para vehicular un sentimiento generalizado de una población cansada, resignada y desmotivada, que ansiaba cambios y no veía una oposición capaz de detectar el pulso ciudadano. La contestación basculó hacia Belgrado, dejando Novi Sad como capitalidad simbólica y convirtiendo Belgrado en centro de operaciones hasta transformar la juvenil resolución en lista electoral capaz de derrotar a la maquinaria del Estado. 

Y pensó Vučić: déjalos que bombeen, ya se cansarán, todo el mundo se cansa de bombear y se acaba desinflando lo que sea: la caña soy yo quien la da, que para eso mando y dispongo. Y si no se agotan, ya me ocupo yo de que desfallezcan, que medios no me faltan. Tengo matones, detenciones, presiono a los docentes díscolos, echo del trabajo a la gente que proteste, los ahuyento con armas sónicas. Las manis son lo mejor: con mis aparatos chinos de identificación facial (¡ellos sí que saben!) tomo fotos de las caras de los más chulitos. Y a dormir fuera de casa. 

Que se lo cuenten, si no, a Srđan Ilić. Es un buen ejemplo. Según la cansina narrativa gubernamental, traidor, antiserbio, fijo que es agente de potencias extranjeras que quieren desestabilizar la sagrada Serbia: los atributos no son exactos, pero no es necesaria ninguna comprobación: el patrón es recurrentísimo.

Srđan Ilić es diseñador web. Es increíble, a propósito, la cantidad de informáticos que se han puesto al servicio de los estudiantes estos dos años confeccionando estadísticas, webs, conteo de asistentes y los más diversos ingenios de ware –blando o duro– al objeto de coordinar las manifestaciones, convocarlas, anonimizarlas, haciéndolas, en suma, descentralizadas para que la policía y los bravi del gobierno sólo persigan sombras en vez de personas concretas. Srđan es uno más, activista contra el gobierno. Participaba en Beograd ostaje (Belgrado permanece, o se queda), una red ciudadana belgradense en la que Ilić colabora como coordinador de equipos móviles de la lista estudiantil en el municipio de Savski Venac, una de las diecisiete municipalidades de Belgrado (entiéndase por municipio lo mismo que se entiende en Cuba: distritos urbanos; o tenencias de alcaldía, aunque no es exactamente igual).

Todas aquellas marchas que se han puesto en práctica estos dos últimos años desde los más distantes puntos de la geografía serbia a la capital precisan de logística, informática, aplicaciones que reflejan las marchas o facilitan la incorporación a las mismas, entre otras, siempre bajo el prisma securitario: que la policía no cace un mensaje que te lleve a pernoctar con problemas de espalda y ratas.

La organización es ecologista, anticorrupción, anti Vučić, defensora del patrimonio urbano. En el último aspecto fue vehemente, por ejemplo, contra la demolición de un viejo puente sobre el Sava para sustituirlo por la especulación urbanística, muchas veces vinculada al distrito capitalino de Novi Beograd, de donde el dinero corrupto fluía como el líquido elemento del mismo río.

Ilić también diseñó la web del Joint History Project, una iniciativa educativa que data de los años 1990 sobre la historia compartida de los Balcanes, vinculado a la memoria histórica, aquello de ofrecer diversas versiones del pasado para que los de siempre no den la suya como pensamiento único. “History is not a single perspective” (la historia no es una perspectiva única) es uno de sus lemas.

El caso de Srđan Ilić es paradigmático, si bien en absoluto único: detención de un activista molesto. Todo lo que reste de una oposición en la cresta de la ola, bienvenido será para el gobierno. De acuerdo: no es un gerrymandering [redibujo de distritos electorales en beneficio del partido gobernante], pero a caballo regalao… La policía lo arrestó por su activismo vinculado al aludido Beograd ostaje. Se le acusó de preparativos para cometer violencia electoral, otro patrón de acusación. La cronología es especialmente significativa: Ilić fue detenido el 21 de octubre de 2026, cuatro días antes de las elecciones parlamentarias del 25 de octubre (oportunísimo). Ilić negó esa acusación de planes violentos, pero no aquella de posesión de drogas, que aceptó. No trasciende qué cantidad portaba, pero siempre viene de lujo al gobierno propagar que la droga y el alcohol circulan en cantidades generosas entre los jóvenes estudiantes. Ilić no es joven, pero le va el billullo como a ellos: ese es el mensaje; ese es el nivel.

La policía detuvo a Ilić por orden de la Fiscalía Superior de Belgrado, registró su apartamento y se incautó de sus dispositivos electrónicos. No fue necesaria ninguna declaración oficial para que los medios afines al gobierno difundieran con alegría acusaciones sin aportar pruebas que el activista había organizado y entrenado a “equipos móviles de violencia” y a “boxeadores” para provocar enfrentamientos callejeros durante las elecciones parlamentarias del 25 de octubre. La palabra empleada es bokseri en el artículo original en serbio, que podría significar algo como matones o alborotadores. En cuanto al periódico Politika forma parte de la infame constelación de tabloides propagandísticos del gobierno, como Informer y Alo!, especialistas en un “periodismo” sin fuentes y sin pruebas. 

Ilić, y luego se verá que Vladimir Štimac, son tan solo muestras de la acción represiva indiscriminada del Estado contra los opositores. De acuerdo con lo dicho, sólo hasta el 18 de octubre, CRTA documenta dos activistas retenidos en una comisaría para que no molestaran en un mitin del partido del gobierno, el SNS (algo parecido a lo que relatan añosos antifranquistas de San Sebastián durante la dictadura: la policía solía proceder a una selección preventiva de arrestos de los opositores más molestos para que el muy generalísimo jefe del Estado no viera perturbada sus alocuciones con molestias imprevistas), tres casos de abuso policial contra estudiantes, oposición, periodistas y ciudadanos, con la detención de un “sospechoso” de un total de trece casos registrados, seis casos de ataques contra activistas y candidatos del partido gobernante: en cuatro se registraron arrestos. 

En los días anteriores a la jornada electoral, se recrudeció la represión: seis detenidos el 21 de octubre, cinco en Novi Sad y uno en Belgrado, entre los que se cuentan Srđan Ilić, de cuyas vicisitudes se discurrió ya.

A Vučić hubieron de brotarle lágrimas de nostalgia al asaltarle sus recuerdos de juventud, divino tesoro, tiempos memorables del Kanal S en Pale al servicio de la propaganda del criminal de guerra serbobosnio Radovan Karadžić. “Son unos chivolos, pero no está mal ¡nada mal!”, rememoraría, esbozando una sonrisa, el antiguo periodista y ministro de Información bajo Milošević devenido en predsednik y, desde hace poco, expredsednik. 

Lo de los medios es caso aparte que merece no un artículo, sino varias tesis. De hecho, el mismo 26 de octubre ya consumada la victoria de la lista de estudiantes, varios de ellos entraron en los estudios de Informer TV y se enfrentaron al director Dragan J. Vučićević. Informer pertenece a Media 026, un grupo de medios que ha ido comprando otros, del empresario Boban Rajić, que controla Večernje novosti y Politika y tiene conexiones con Vučić. Los estudiantes recriminaron a Vučićević los años de cobertura informativa (es un decir) del movimiento estudiantil. Eso sí, Vučićević aguantó en su despacho como un señor, contenido, tranquilo, sin entrar al trapo, hasta que llegaron los antidisturbios y desalojaron a los estudiantes: todavía son los suyos.

 

Monta jaleo en la calle…

Si no te portas bien
‘te echarás pronto a perder
y caerás en el infierno
te alcanzará la maldición
nunca tendrás reputación
¿qué más da? mi rollo es el rock

‘Los rockeros van al infierno’, Volumen Brutal, Barón Rojo, Chapa Discos, 1982

 

Medios como los descritos llevan dos años machacando a los estudiantes con desinformación, exageración y atribución a los opositores de comportamientos violentos y vandálicos. Y es que acusar de violencia a los manifestantes no es nuevo para el gobierno y encaja con la narrativa de que los estudiantes son gente salvaje, que incluso aprovechan las manifestaciones para pasarlo bien y beber y tomar drogas. Casos no faltan, suelen ser bastante irrisorios, con un tufo de algo pasado de moda, como si se hubieran quedado anclados en una narrativa setentera a tenor de la cual los hippies son drogatas o los jevis en los ochenta son borrachos y delincuentes. Ahí van unos cuantos de estos patrones acostumbrados del relato oficial sólo en 2025: 

  1. Los borrachuzos de la Facultad de Derecho. Allí se congregaban estudiantes que apoyaban las protestas y llevaban a cabo blokade (una especie de ocupaciones) en la facultad. Se registraron incidentes que el titular de Interior, Ivica Dačić, calificó el suceso como de índole no política: “es una cuestión de estudiantes de secundaria bajo la influencia del alcohol”. Su supuesta condición alcohólica se difundió en medios progubernamentales antes de que se conociera públicamente la versión oficial de la Fiscalía. Fácil. El periódico que lo difunde, Blic, es un medio no gubernamental, pero que tiende a no molestar demasiado al poder.
  2. Los porretas de Mecánicas: “Estudiantes de Ingeniería Mecánica en bloqueo: se encuentra marihuana en una de las taquillas, seguridad, decano y Ministerio del Interior inmediatamente informado”, reza el titular de N1, medio crítico con el gobierno. El 15 de septiembre de 2025, estudiantes participantes en la ocupación (blokade) la Facultad de Ingeniería Mecánica de Belgrado encontraron marihuana en una taquilla y avisaron, muy posiblemente para curarse en salud, a la seguridad, al decano y a la policía. Según los estudiantes, la taquilla estaba asignada a una persona que ya no estudiaba allí. La policía encontró otras sustancias y los estudiantes denunciaron que medios próximos al gobierno presentaron el hallazgo mediante titulares engañosos.
  3. Estudiante no partidario de las protestas corrido a latazos (de cerveza): El 5 de junio de 2025, el estudiante de Medicina Miloš Pavlović, definido por el gobierno como integrante del grupo de “estudiantes que quieren estudiar” (es decir, los que son responsables, a diferencia de los drogatas cerveceros partidarios de los poderes foráneos, digo de las protestas). El estudiante era contrario a los bloqueos y fue agredido en el campus universitario de Belgrado con latas de cerveza y agua. Dačić ordenó la detención de once personas sospechosas de participar en la agresión. Los estudiantes organizaron una serie de acciones y concentraciones exigiendo su liberación.
  4. Tras la gran manifestación del 28 de junio, tuvieron enfrentamientos, detenciones y las acostumbradas denuncias de uso excesivo de la fuerza policial. Amnistía Internacional y Civil Rights Defenders calificaron las protestas como mayoritariamente pacíficas y demandaron esclarecer diversos episodios de brutalidad policial contra los manifestantes.
  1. Vandalismo en las sedes del SNS (Partido Progresista de Serbia, de Vučić). El 12 de agosto de 2025, en Vrbas y Bačka Palanka, grupos identificados por testigos y medios como simpatizantes del SNS atacaron a manifestantes antigubernamentales con bengalas, piedras y botellas. En Vrbas resultó herido un cámara de N1. Las imágenes difundidas mostraron lanzamiento de objetos por ambos bandos. Durante los días siguientes, los enfrentamientos se extendieron a otras ciudades; unos manifestantes atacaron y provocaron daños en los locales del SNS. La policía respondió duramente con empleo de gases lacrimógenos y mucha violencia. Hubo numerosos heridos y detenciones. Se documentan provocaciones de miembros del SNS (el gobierno echa mano en más de una oportunidad, de su nómina de alborotadores y pendencieros que tienen como misión medular caldear las concentraciones; ya saben: el viejo truco de la acción-reacción). Además, la OSW, centro de estudios polaco que monitoriza este tipo de episodios, documentó que la policía permaneció pasiva mientras manifestantes eran atacados en Vrbas y que protegió de manera desigual a los distintos grupos. El caso llegó al Consejo de Europa, que señaló tanto los ataques de manifestantes contra locales del SNS y edificios públicos (lo que es inaceptable), como las denuncias de uso desproporcionado de la fuerza por parte de la policía. Exigió investigaciones independientes y eficaces, responsabilidades a los agentes y particulares implicados y realizó llamamientos a las autoridades para que protegieran a la población frente a provocaciones y agresiones de actores no estatales.
  2. El baloncestista serbio Vladimir Štimac (1987), subcampeón mundial en 2014 (España), plata olímpica en los Juegos de Río 2016, plata en el Eurobasket de 2017. Ha ganado ligas con diversos equipos en Serbia, República Checa y Turquía. Además, fue MVP de la liga alemana en 2008 y máximo reboteador en las ligas turca y china. Jugó en el Estrella Roja de Belgrado, el Unicaja Málaga, el Bayern de Múnich, el Movistar Estudiantes, el Anadolu Efes y el Fenerbahçe, para finalizar su carrera en clubes chinos. El deportista da fe de la transversalidad del pokret estudiantil: está lejos de representar el tipo de opositor vinculado a la izquierda o a movimientos sociales. De hecho, comparte con Vučić casi todo en lo ideológico, en particular aquellas posturas escoradas hacia el ultranacionalismo más chovinista con especial beligerancia en el asunto de Kosovo, hasta el punto de que Vučić, en esta cosmovisión del consabido espinoso asunto, sería un concesionista: un tibio. No obstante, siempre formó parte de plataformas opositoras de cariz conservador contra el poder y la corrupción a él inherente. Ni siquiera sus credenciales nacionalistas y conservadores le permitieron evadir la represión policial. Štimac apoyó a Dijana Hrka, madre de una de las 16 víctimas de la estación de Novi Sad. El 2 de noviembre de 2025 inició una huelga de hambre frente al Parlamento serbio para exigir justicia para las víctimas, la liberación de los estudiantes detenidos y la convocatoria de elecciones anticipadas. Štimac llamó a los ciudadanos a salir a la calle para apoyarla y fue detenido esa misma noche. Tras quedar en libertad, volvió a reunirse con los manifestantes frente al parlamento. RTS (Radio-televizija Srbije), en su cotidiano estilo de comentar las noticias, reportó que el deportista, que pedía a los ciudadanos concentrarse frente al parlamento, era sospechoso de pedir un cambio violento del orden constitucional: lo que viene siendo un golpista. Como no tenían nada y retener a alguien tan conocido hubiera supuesto un excesivo ejercicio del arte de dar el cante, fue liberado, volviendo a la concentración frente a las Skupština.
  3. Es sólo la punta del iceberg. Se han documentado un sinnúmero de incidentes que culminaron con la detención de estudiantes, defensores de derechos humanos, activistas, o la afectación de más de un centenar de trabajadores de la enseñanza que habrían sido despedidos o suspendidos, así como la entrada violenta de la policía en la universidad de Novi Sad.

 

Un poco lo de siempre

Cómo está el mundo, dónde vamos a llegar
Gente mendigando cada día hay más
Es algo cotidiano, además huelen fatal
Menos jolgorio, que se pongan a currar

Usted se siente diferente, usted es algo muy normal
Se afeita todas las mañanas, qué formal

‘Mal humor’, Barricada. No hay tregua. RCA, 1986

 

Nada nuevo, por otra parte, bajo el sol etiquetar de violentos a los que no piensan como le gustaría al poder. La también descentralizada como los estudiantes serbios Antifa ha sido calificada como terrorista por Viktor Orbán. Otro gran clásico, Donald Trump, achaca a aquellos que se manifiestan contra él de agitadores, anarquistas, terroristas de izquierda, a los que, consecuentemente, debería investigarse por crimen organizado. En El Salvador Nayib Bukele dedicó a las organizaciones pro derechos humanos epítetos como criminales violentos, violadores, asesinos y terroristas. Otro de los clásicos del insulto es Javier Milei, el presidente argentino. Para él, los integrantes de las concentraciones kirchneristas se marcan como meta provocar protestas violentas o incluso asesinarlo. Jarosław Kaczyński, antiguo gobernante polaco del PiS, aquel que exploró el apoyo de un afín próximo en lo ideológico como Konfederacja. Políticos de dicho partido son los autores del aserto de que la mujer es considerada como un bien del  hombre, a nivel de bestias de arado (¿hay algo aún más ultra que PiS? Sí: Konfederacja). Jarosław Kaczyński llega a la dignidad de sensei en la noble disciplina de la descalificación de cariz venenoso. El hombre –injusto sería no reconocerlo– tiene talento para ello: sus grandes éxitos (imposible enumerarlos todos) dan el pasaporte directo al salón de la fama tóxico-punk: desde reprochar a manifestantes que lo increpaban “tener el corazón y la cabeza llenos de basura” y amenazarlos con la prisión, a llamar a Donald Tusk (actual primer ministro polaco, a quien siempre tuvo especial pelusilla) “agente alemán” en el Sejm (parlamento polaco). Tusk habla alemán fluidamente: señal inequívoca de que tiene que estar untado con lana alemana. Lógico que, en otro de sus memorables éxitos dialécticos, lo llamó “enemigo del pueblo” y lo conminó a irse a Alemania para que hiciera daño allí y no en Polonia. A muchos opositores los calificó de escoria putinista, delincuentes o “cabrones” a secas. Entre sus logros también se cuenta una precuela de la arenga “el que pueda hacer, que haga”, pidiendo durante las movilizaciones contra la sentencia sobre el aborto que suavizaba sus condiciones (en Polonia el retroceso en esta materia es de unos 40 años con respecto al período comunista), exhortando a miembros y simpatizantes de PiS a implicarse en la defensa de las iglesias “a cualquier precio”

Con razón los estudiantes serbios huyeron siempre de mostrar a un estudiante que despuntara más de lo necesario y seguro.

Digresión balcánica: las conexiones sarajevitas de la ultraderecha española 

Otra dirigente que hila fino en ese sentido es Isabel Díaz Ayuso, al calificar de kale borroka las protestas propalestinas y comparar irresponsablemente la situación con el Sarajevo sitiado durante la guerra (ya tenemos conexión balcánica), por mucho que Jonas Vingegaard, vencedor de la ronda entonces (2025), declarara que comprendía que la gente tiene derecho a protestar. 

Antes de ella, David Arranz, un político del partido español de extrema derecha Vox, también se había ocupado de Sarajevo en 2022: con motivo de la presentación de Sarajevo como socio en la candidatura conjunta Cataluña-Aragón para los Juegos Olímpicos de Invierno, trazó una quimérica triangulación. Advertir, antes de nada, que se recomiendan varias relecturas, habida cuenta del difícil afán de captar la enrevesada esencia del iter deductivo del político voxista. A ver. Premisa 1: la Generalitat participa en una candidatura olímpica con Aragón, pero mantiene un proyecto político independentista, lo que supone, para él, una terrible e irresoluble contradicción. Premisa 2: la Generalitat se acerca a Sarajevo como socio de la candidatura; es más, la prioriza frente a Aragón. Premisa 3 (implícita): Sarajevo simboliza la desintegración de Yugoslavia, ergooo ¡la idea es romper España! Acabáramos; conclusión: la relación con Sarajevo supone una pretendida balcanización de España.

Hay un dato que no le pasaron los asesores o quizá no fuera a las clases de historia de Vox: que Sarajevo fue presentada en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984 como símbolo de la unidad yugoslava y de la cooperación entre sus pueblos, una especie de Yugoslavia en miniatura. Con intención, porque Yugoslavia ya atravesaba desde la muerte de Tito (1980) una crisis política y económica y ya existían tensiones nacionales que amenazaban su cohesión. De ello ya estaba tomando nota desde los años 1970 la inteligencia estadounidense.

Todo indica que el jefe político de turno le empujó a ocupar el atril de oradores, cabe suponer no sin cierta resistencia por parte del señor Arranz. Da igual: mira, tú sal ahí y di cualquier cosa.

La generación de cristal… ‘panzer’

Los estudiantes serbios han coreado sus marchas durante casi dos años. El domingo 25 de octubre de 2026, por fin, la suerte (no hay suerte sin trabajo y ambición) viajó con ellos. ‘Za Beograd’. Autobuses desvencijados con palos en las ruedas, trenes búlgaros (luego se comenta), represión o calumnias. Pero llegaron. De nuevo, daba la impresión de que, tras la ilusión, podía sobrevenir, como era costumbre, el mazazo del fracaso. Esos jóvenes a cuya generación los llaman de cristal: Z, no sé qué letra más debe renombrarlos. Igual deben adoptarse caracteres del alfabeto serbio (a ser posible, no el cirílico, sino el latinizado, tampoco nos vengamos arriba): candidata podría ser una especie de z: la ž; suena como la y de argentino diciendo “yo”. No es lo mismo, pero es menos que nada.

Frágiles, todo el día pegados a la pantalla. No valen para nada: “A esos les daba yo un arao y los ponía yo a trabajar en el campo y se les quitaba la tontería”. Cuántas veces se ha oído tal aserto sapiencial en sus más diversas versiones.

Quizá no tanto: es la gente que nunca tendrá un piso en propiedad ni una vida desahogada ni, al paso que discurren las cosas, una pensión decente. Sí que exhibe, por el contrario, otras cualidades. En cuanto a las pantallas, estas constituyeron, precisamente, el motor más poderoso de convocatoria.

Se movilizaron en la Alemania aefdista en las elecciones de 2025. Piso a piso, decidieron no dar por regalada la victoria a AfD. Al menos, no toda: timbre a timbre, se lanzaron a convencer a los electores, sobre todo a los apáticos, y aefdistas-desencantados-del-este, que los había. En un mar teñido de azul neonazi, consiguieron que en ciertos barrios de Berlín casi se respirara victoria siempre que no avanzaras unos metros y te adentraras en la zona AfD. También lo consiguieron en 2026. Impidieron que los aefdistas cosecharan mejores resultados en la capital. El entendimiento entre los tres partidos de izquierda era el paso natural, aunque nada es fácil en este mundo teutónico de gente que le encanta complicarse la vida. Parece que SPD y los Verdes (en realidad, la fusión Bündnis 90/ Die Grünen o Alianza 1990/Los Verdes), quienes juntos suman lo mismo que Die Linke, tienen una condición: que apoye un derecho a la existencia del Estado de Israel que no existe en la ONU: ni para Israel, ni para Alemania, ni para Tuvalu ni Madagascar. CDU es más expeditivo y les llama “antisemitas de izquierdas”. Al final todo da a suponer que la entente izquierdosa se avendrá a lo que parece lógico, dejando a un lado la israelización de la política alemana en lo tocante a (los genocidios de) Israel.

Con Zohran Mamdani en Nueva York fueron determinantes esos jóvenes puerta-por-puerta para lograr la alcaldía. Se retroalimentaron. Huevo o gallina, igual da. En Brasil ha sucedido algo similar: los jóvenes decidieron echarse a los hombros parte del futuro de Brasil para apoyar en Lula da Silva, el penúltimo dique de contención contra el nacionalpopulismo extremoderechista encarnado por Donald Trump. Lula está tocado, tiene una edad y quizá esté haciendo un ímprobo esfuerzo para catalizar con su ya erosionado carisma la sensación de derrota imperante en la inmensa mayoría de los analistas y encuestas de opinión… pero no en la calle. La calle tenía su propio suministro de oxígeno alternativo que el confiado bolsonarismo no tenía ni en las mientes: lo atestigua la adustez demacrada de Flávio y sus acólitos, que dispusieron el balcón de la casa de un simpatizante para una celebración sin fin y, en cambio, el único fin que hallaron fue el de sus expectativas de triunfo.

La movilización juvenil en Brasil, en la calle y en el espacio virtual, dio a Lula un impulso para llevarse la segunda vuelta de la campaña, una reactivación insospechada que cogió por sorpresa a los ganadores de las encuestas, que llevaban una semana celebrando y diciendo más tonterías de la cuenta. Total: iba a ganar. Mala consejera es la confianza excesiva.

En Brasil, miles de estudiantes de la Universidad Federal Fluminense se manifestaron en defensa de la educación pública y gratuita: se extendieron a otras urbes y coadyuvaron a la movilización de sectores más amplios de la izquierda y de la sociedad civil no necesariamente de izquierda no comulgantes con Flávio Bolsonaro. Al mando de la calle se sumó una actividad frenética en las redes, con exhortaciones a salir a votar y jóvenes que llevaban a sus familiares en silla de ruedas a depositar el voto pese a los sabotajes en el transporte. En Bahia, en São Paulo, Alagoas, Pernambuco, Roraima, Piauí, Paraíba, Pará, Rio de Janeiro. Determinados supuestos fueron tan flagrantes, que se decidió abrir una investigación judicial. Con todo, se consiguió revertir la tendencia abstencionista.

En España, por otra parte, también hay jóvenes que no se resignan, pero la mayoría son… dejémoslo ahí para apuntar que el día en que se escriben estas letras, hace en Colonia un magnífico, espléndido e inusual día de sol.

En Serbia, no se puede decir que los jóvenes “contribuyeron” a algo, sino que más bien se hicieron cargo de levantar el ánimo de una población mayoritariamente convencida de que la banca siempre gana, lo cual es comprensible: toda vez que se convoca a votar se da el extraño expediente de que llegan no sólo los ciudadanos inscritos en el censo, sino gente de la vecina Republika Srpska de Dodik (entidad, por obra suya, devenida en secesionista que propugna hacer saltar por los aires los acuerdos de Dayton), de otras ciudades, muertos, numerosos votantes centenarios (Serbia debe ostentar la plusmarca de país con mayor índice de esperanza de vida del mundo). Todo vale en la Serbia de Vučić… y hablamos en presente porque la predsednica Ana Brnabić, constitucionalmente la máxima autoridad, tiene como jefe de partido a Vučić, pero sólo tiene cuerda para tres meses, horquilla temporal constitucional.

La hora de la verdad tras los resultados que desataron la euforia

La Studentska lista – Studenti pobeđuju (Lista estudiantil – Los estudiantes vencen) logró una victoria incontestable de la que algo se olerían los estrategas electorales del SNS y de Ujedinjena Srbija. Vučić, que había dimitido de la presidencia para encabezar la lista del SNS a primer ministro, reconoció la derrota en la propia noche electoral. Según la prensa internacional, la participación rondó el 69 %, una de las más altas desde el alborear de la desintegración de Yugoslavia: en 1990 todo el mundo quería votar y se llegó al 71,50% mientras que en 2020 no llegó al 49%. En cualquier caso, la afluencia a las urnas es mucho mayor que en las últimas dos convocatorias electorales. Las de 2026 registraron, por consiguiente, la tercera plaza en participación, sólo un punto por debajo de las de 1992, y siempre teniendo en cuenta que quedan aún mesas por escrutar.

Así las cosas, los estudiantes no solo vencieron con solvencia, sino que convencieron a los resignados, finalmente de que votar valía la pena.

Fuente: Vreme.

Apunte filológico intrascendente, pero pregnante: en serbio, las palabras para “elecciones” y para “fuente” se parecen bastante: Izbori (избори), elecciones; izvor (извор), fuente (también de agua).

Fuente: Centro para las Elecciones Libres y la Democracia (CeSID).

Una campaña electoral tramposa, como manda la tradición 

El SNS suele concurrir a cada proceso electoral con ventajas derivadas del habitual despliegue del amaño electoral. De este modo se asegura salir siempre victorioso. Vučić contaba con carisma, gente que de verdad está convencida de que no hay alternativa, una oposición dividida y un electorado muy abstencionista. Empero, los resultados ya no aseguran el margen amplio de antaño, lo que faculta a pensar qué hubiera sucedido si el proceso hubiera transcurrido sin irregularidades.

Si tomamos como ejemplo el año 2023 saltan a la vista técnicas de pucherazo como la migración ilegal de votantes y empadronamientos fraudulentos, votantes fantasmas (personas ya fallecidas inscritas en el censo electoral), financiación irregular del SNS mediante falsos donantes y dinero de actividades ilegales, nepotismo y amiguismo vinculados al SNS, manipulación electoral en Belgrado. Esta última tan flagrante que llevó a repetir los comicios municipales en junio de 2024 tras las demandas de diversos organismos internacionales. La lista, que en modo alguno pretende ser exhaustiva, prosigue con el silenciamiento de las denuncias de irregularidades presentadas por organizaciones como CRTA, en las que jugaron un importante rol los medios del/influidos por el gobierno, como se comentará.

Es por todo lo dicho que la virtud de la Studentska lista – Studenti pobeđuju es mayor si se examinan las condiciones de juego sufridas en la cancha electoral. El oficialismo partía dopado, con un aparato del Estado a su servicio, medios afines y clientelismo como arma de campaña. Se denunciaron presiones sobre trabajadores públicos y privados para acudir a mítines y votar en determinada dirección, detenciones injustificadas de estudiantes y activistas (como el mencionado Srđan Ilić), y amenazas por parte de matones. El 16 de octubre, Vučić celebró en Novi Sad su primer mitin en la ciudad desde la catástrofe de la estación, con simpatizantes traídos en autobuses facilitados por la organización y con Robert Fico y Milorad Dodik como invitados de honor: una “regeneración” avalada por sus mejores amigos autócratas.

Cuando se acude a votar en un ‘tren búlgaro’

La organización no gubernamental CRTA alertó de terceras personas no autorizadas en los colegios electorales, de injerencias en misiones de observación y de electores fotografiando su papeleta. Que nos aclaremos: ¿Desde cuándo hacer fotos a las papeletas es un delito? En principio, algo como hacer una foto de la boleta electoral no es delito. En cualquier caso, la cuestión no es la foto, sino el humo que demuestra el incendio lo que refleja. De acuerdo con esto, la fotografía serviría de recibo ¿recibo de qué?: de compra/coacción del voto. Esto es: prueba ante quien compra el voto, o lo exige bajo amenaza de perder el empleo o algún tipo de influencia. Sería un mecanismo de comprobación de que se ha votado según lo indicado. CRTA detectó dicha práctica en una proporción muy elevada de colegios, aunque la fotografía, por sí sola, no permite saber de manera irrefutable si cada elector actuó o no presionado. Este tipo de tranfullería electoral se conoce en Serbia como “tren búlgaro” (bugarski voz) o voto en carrusel. En Bulgaria, curiosamente, no se llama así: debe ser como la “gripe española” o la “ensaladilla rusa”. En cualquier caso, hay webs que dan pistas para reconocerlo.

Otros intentos de cambiar el sentido del voto pasaron por las consabidas campañas masivas de desinformación: los estudiantes son (des)calificados como blokaderi (autores de ocupaciones, bloqueos, cortes de carretera y, en general, promotores de desorden y caos), vagos que perjudican al país por no arrimar el hombro y trabajar, juerguistas, actores no nacionales, marionetas de Occidente (muy orbaniano, por cierto).

La ONG FakeNews Tragač analizó contenidos falsos y manipulativos sobre las protestas estudiantiles publicados por los tabloides Alo, B92, Informer y Srpski Telegraf: sólo del 22 de noviembre al 17 de diciembre de 2024 certificó 181 artículos de este calado. El intervalo se elige en razón de los disturbios iniciados el día en que estudiantes y profesores de la Facultad de Artes Dramáticas de Belgrado fueron agredidos mientras homenajeaban a las víctimas del derrumbe de la estación de Novi Sad.

El año 2025 fue un año de gran laboriosidad: en Kraljevo aparecieron carteles con un fotomontaje, con elevadas dosis de cutrez, de un activista caracterizado como ustaša (un insulto muy grave que equivale a antiserbio). No se hacían prisioneros (salvo los detenidos): no se libraron de la furia injuriante ni los abogados que defendían (gratis) a los estudiantes, ni los fiscales y jueces que emitían sentencias ajenas al agrado del gobierno, designados por él como mafiosos o bandas criminales 

Y, para cerrar el repertorio, el clásico poli bueno, poli malo. Vučić pidió en 2025 perdón por los insultos a los estudiantes y prometió encender una vela por cada víctima de Novi Sad en la iglesia, donde acudiría a rezar por ellas. En cualquier caso, Vučić es siempre Vučić y recriminó a los estudiantes que exigieran justicia en las calles, ya que la instancia para ello son los tribunales, donde las causas judiciales contra los responsables languidecen aburridas por la inactividad de una judicatura controlada por el SNS.

Del micrófono de Pale al despacho presidencial

Vučić nació en Belgrado en 1970 y se curtió en la guerra de Bosnia como locutor de Kanal S, en Pale, la capital política de los serbobosnios de Radovan Karadžić, donde las consignas eran las del liderazgo: propaganda, manipulación informativa y la idea de que los serbios de Bosnia eran un pueblo amenazado de extinción. Ese currículum –¡cómo vale este chico!– le abrió las puertas del ultraderechista Partido Radical Serbio (SRS) de Vojislav Šešelj: diputado desde 1993, secretario general y ministro de Información entre 1998 y 2000, con Milošević en la presidencia yugoslava. Por entonces dejó para la hemeroteca la advertencia en la tribuna del congreso, en 1995, de que por cada serbio muerto matarían a cien musulmanes.

Tras vegetar en la oposición con la caída de Milošević, ascendió en la sombra hasta hacerse con el Partido Progresista Serbio (SNS), del que es líder indiscutible desde 2012: ministro de Defensa (2012-2013), viceprimer ministro (2012-2014), primer ministro (2014-2017) y presidente (2017-2026). Su receta fue siempre la misma: poder concentrado, caudillismo, recursos públicos al servicio del partido, medios bajo control y persecución a la oposición; un régimen híbrido, alejado, según lo descrito por varias organizaciones internacionales de una democracia plena. De todos los embrollos salió airoso, hasta la catástrofe de noviembre del 24. Que pataleen –pensó–, acabarán por aburrirse, seguro de que conseguiría conjurar la enésima crisis sin despeinarse: sacrificar ciertos peones valdrá (pensó).

Vučić respondió sacrificando peones: un Goran Vesić (ministro de Construcción, Transporte e Infraestructuras de 2022 a 2024) por acá, un Tomislav Momirović (ministro de Construcción, Transporte e Infraestructuras de 2020 a 2022 y de Comercio Interior y Exterior de 2022 a 2024) por allá, y un Milan Đurić (alcalde de Novi Sad de 2022 a 2025) por acullá, y listo… Luego los recoloco ganando una buena pasta y cada uno en su casa y Dios en la de todos.

Pero esta vez la situación o la capacidad gubernamental de retorcerla habían experimentado una merma considerable y el poder había perdido en control de la calle y el relato: toda Serbia y Belgrado se llenaban de Studenti a los que era imposible desmotivar, y se les unía la gente por minutos. La población llenaba las plazas (en Belgrado, cientos de miles de personas el 15 de marzo de 2025). Pues va a ser que no se me cansan, pues va a ser que se me está yendo de las manos, comenzó el predsednik a preocuparse. No pasa nada, está to pagao: tengo un as bajo la manga. En septiembre disolvió el Parlamento y dimitió de la presidencia para encabezar una lista, Serbia Unida, con la que volver reforzado como ave Fénix, esta vez como premijer (primer ministro). Dobló la apuesta, todo sobre la mesa: tanto que queréis a los estudiantes, vamos a la realidad. Soy yo o el caos; es decir, esos estudiantes regados con mucha guita del extranjero. Los estudiantes no traerán nada bueno, advirtió, para, acto seguido compararlos sin venir a cuento con otro movimiento de estudiantes, el de Macedonia que (sostiene Vučić) lo único que consiguieron fue que Macedonia tuviera que renunciar a su nombre (por entonces su nombre era “antigua república yugoslava de Macedonia”, para no chocar con los griegos, quienes se oponían a la denominación de “Macedonia” a secas). Los jóvenes macedonios no tuvieron nada que ver: la negociación sobre el nombre oficial del país ya existía.

Se estaba refiriendo Vučić al movimiento de estudiantes del país vecino que empezó demandando mejoras educativas y acabó convirtiéndose en un ariete contra un gobierno similar en corrupción y autoritarismo al de Vučić, el de Nikola Gruevski, que acabó trayendo al gobierno en Skopje a Zoran Zaev, mientras Nikola se iba a Hungría con papá Viktor. Ahora amenaza con volver y parece que la población lo echa de menos. Se piensa que puede ganar.

Sin embargo, la quema de naves como estrategia plebiscitaria le reportó a Vučić un triste montón de lígneas cenizas. Si los sondeos previos no daban mayoría absoluta pero sí una victoria más o menos escuálida del oficialismo, el desarrollo del escrutinio constató la derrota del SNS y sus aliados.

La composición de la futura Skupština 

Antes de nada, conviene aclarar que los resultados no son del todo definitivos, por mucho que las variaciones no vayan a ser en absoluto decisivas. La proyección de CeSID e Ipsos atribuía 141 escaños a la lista estudiantil y 103 a la de Vučić. La Comisión Electoral serbia (RIK), en cambio, atribuía 140 escaños a los estudiantes y 104 a Serbia Unida. En ambos escenarios, la lista estudiantil supera con holgura los 126 escaños necesarios preceptivos para alcanzar la mayoría absoluta en la Skupština.

Pasando a las distintas candidaturas, y tomando como referencia el CeSID, la Studentska lista, fiel a la segunda parte de su denominación –Studenti pobeđuju (“los estudiantes vencen”), obtuvo una victoria incontestable, con más del 50% de los sufragios y 141 escaños. Su lista estaba integrada por 250 candidatos sin un líder formal, elegidos por los estudiantes en asambleas, entre una serie de perfiles técnicos o académicos. Su programa se centraba en la recuperación de las instituciones, la independencia judicial, la libertad de prensa, la reforma de los organismos reguladores, la rendición de cuentas y los derechos humanos. También defendía la continuidad de la vía europea: algo que gran parte de sociedad demanda, tras años de distanciamiento putinizante deseaba. Al menos, no alejarse. Serbia, en este sentido, pasó de ser denominada por la jerga comunitaria, junto a Montenegro, como frontrunner (los que más cerca están de llegar a la meta), a ver cómo es adelantada por su vecino, que sí va satisfaciendo las condiciones que la UE estipula para formar parte de ella. No se habla de otra cosa. Europeanización o, más específicamente definido, comunitarización. De acuerdo: son unas lentejas en toda regla, de modo que puede ser contemplado como una asimilación. Razón no falta. Nadie es perfecto, pero es que la actitud serbia con respecto a la UE es pasarse, y no un solo pueblo, hasta el final de la línea. 

La lista de Aleksandar Vučić, Ujedinjena Srbija (Serbia Unida), vinculada al SNS y presentada con un nuevo nombre, obtuvo más del 39% de los votos (que no deja de ser poca cosa), dando fe de que el país no estaba precisamente unido en torno al SNS. Su programa se articulaba en torno a cinco puntos: reducir el aparato estatal, introducir una disciplina laboral inspirada en Alemania (la consabida meritocracia; trabajando duro llegas donde te lo propongas), reformar la educación, desarrollar el sector energético –incluida la energía nuclear– e impulsar las tecnologías avanzadas.

Otras candidaturas, como el Partido Socialista de Serbia de Ivica Dačić, habitual socio del SNS con su lista Faktor stabilnosti (Factor de estabilidad: ¿en serio?), se quedó en el 2,15 %, por debajo del umbral electoral del 3 % (el alemán 5-Prozent-Hürde): se convierte en fuerza (aceptemos pulpo) extraparlamentaria, algo inédito en la formación fundada en 1990 y en la historia electoral serbia. También quedaron fuera otras candidaturas minoritarias, como Autentična Desnica (Derecha auténtica), con el 0,89 %. La lista Ćale, ovo je za tebe (Papi, esto es por ti) apenas alcanzó el 0,05 %. Esta candidatura presenta una historia curiosa que data de tiempos de la pandemia de covid: el padre del candidato falleció esperando un respirador. Cuando una periodista de N1 le preguntó, en el marco de unas protestas frente a la Skupština en Belgrado, por qué seguía manifestándose, Petar respondió: “Papi, esto es por ti, que moriste porque no había un respirador”. 

Luctuosas anécdotas aparte, la vida, para el resto, sigue. Otros partidos quedaron por debajo del límite del 3 %, pero lograron representación parlamentaria: la ley protege a las listas que representan a minorías nacionales y no se les aplica la restricción. Así la distribución de asientos queda como sigue: Alianza de los Húngaros de Voivodina y Coalición Albanesa. Ljudski (algo así como “humanos”), la lista de Rasim Ljajić y SDA Sandžak: un diputado cada uno. Por último, debe mencionarse la SPP de Usame Zukorlić, también minoría étnica bosníaca (eslavos musulmanes de la zona), que podría todavía conseguir un diputado cuando los resultados se tornen definitivos.

Ganar elecciones no es lo mismo que gobernar

Encauzar una fuerza dormida y convertirla en fuerza gobernante son dos cuestiones distintas. La lista estudiantil no tiene, como se ha dicho, un líder visible ni una estructura partidista convencional, resultado de estrategias conducentes a enfrentar el descabezamiento de la candidatura por el régimen. Además, responde a la necesidad de una lista de consenso, un abandono de las diferencias para centrarse en ganar las elecciones. El procedimiento para elegir al titular del futuro gobierno es un misterio aún, si bien todo apunta a que lo llevarán a cabo los estudiantes manteniendo la exquisita neutralidad política y apartidista que les ha caracterizado hasta la fecha. En cualquier caso, lo que funcionó para vencer a Vučić no tiene por qué ser válido en esta fase. Nadie lo sabe.

No menos esencial es una tarea intencionada y largamente preterida, por temida. Llegado el momento, que ya está aquí, es menester resolver las diferencias internas entre sectores con profundas diferencias de intereses.

Los estudiantes obtuvieron la mayoría absoluta, lo cual no equivale a que todos sus heterogéneos componentes voten en la misma dirección, si lo comparamos con la experiencia del “modelo” polaco tuskiano, español pedrosáncheziano o, directamente, Borgen. En un momento dado, no está descartado que los diputados más conservadores o nacionalistas acaben votando con el SNS determinadas cuestiones. Entre los posibles aliados de la lista estudiantil figuran las formaciones de las minorías nacionales, aunque no cabe considerarlas aliadas automáticamente. La SDA de Sandžak (centroderecha con ciertas particularidades) y la Coalición Albanesa pueden coincidir con los estudiantes en determinadas reformas institucionales y demandas relativas a los derechos de las minorías, como cuestiones de lengua o gobierno autónomo. También hay que tener en cuenta que la formación albanesa está compuesta, a su vez, por 8 partidos, que tendrán que ponerse a su vez de acuerdo entre ellos.

Ljudski, la lista de Rasim Ljajić, representa un perfil más pragmático y abierto, mientras que la Alianza de Húngaros de Voivodina (SVM), tradicional socio del SNS y con vínculos con Viktor Orbán, deja más interrogantes que certezas.

Las instituciones siguen controladas por SNS

La vertiente institucional también juega un rol de primer orden. Ana Brnabić es la mano derecha de Vučić y presidenta en funciones a causa de la dimisión de aquel. La constitución serbia estipula que, dimitido el presidente, ocupa su puesto el presidente (presidenta, en este caso) de la Asamblea nacional, que es Brnabić. Ella es la jefa del Estado, aunque nunca llegará a la hegemonía institucional de que gozó su jefe. Vučić no sólo era el predsednik, además controlaba y sigue controlando el SNS, que a su vez es el incumbente, vía captura de Estado y poder institucional, de Serbia. Está por ver si Brnabić quiere volar sola y tejerse una presidencia autónoma o sigue bajo el mando del jefe de su partido. Muy alto tampoco podrá, de momento, porque la carta magna preceptúa que el cargo en funciones durará máximo tres meses, cuando se convocarán elecciones presidenciales: la fecha barajada es el 27 de diciembre. Vučić no puede volver a presentarse. Por tanto, se asiste a una interinidad en la jefatura del Estado en un momento en que el nuevo Parlamento no está aún constituido.

Tras la constitución de dicha asamblea echará a andar el procedimiento para proponer un candidato a primer ministro, iniciado por la presidencia de la república (Brnabić). El candidato, cuando se designe, precisará el respaldo de “la mayoría del número total de diputados”, es decir, mayoría absoluta: no basta con superar los votos en contra o tener más síes que noes. Si no se logra formar Gobierno dentro del plazo constitucional de 90 días desde la constitución de la Asamblea será disuelta y se convocarán nuevas elecciones: no existe la segunda votación por mayoría simple como en España, por ejemplo.

La experiencia de Polonia tras la salida del gobierno de la formación Ley y Justicia (PiS) da fe de que una mayoría electoral heterogénea puede desplazar a un partido asentado en el poder, con independencia de que las diferencias entre sus integrantes no haga fácil el empeño de regir un país. En Serbia, el desafío no estriba en el fatigoso quehacer de sacar adelante legislación para dirigir un país, sino competir con una red perfectamente engrasada durante más de una década. No es sustituir a Vučić, es también, y, sobre todo, desmontar su madeja política, económica y clientelar que aún mantiene poder en muchos municipios e instituciones del Estado. 

La lluvia helada cayó sobre Vučić. Habrá que esperar que los nubarrones no se ciernan sobre los diputados estudiantiles.

Epílogo cuántico Magyar

En realidad, para qué ser tan duros con el pobre Péter: sería faltar a la verdad pasar por alto que sí dedicó unas palabras cariñosas a los estudiantes serbios… sólo cuando se alzaron con la victoria en las elecciones de octubre de 2026, de manera un poco cínica y comparando a los jóvenes con el movimiento que le llevó a él, directo desde la sala presidencial del Fidesz a la presidencia del gobierno. El líder húngaro habló por teléfono con los representantes estudiantiles serbios para felicitarlos y asegurarles el respaldo húngaro. A buenas horas, mangas verdes. 

No queda la cosa ahí, pues aseguró más o menos que, en realidad, era él quien había derrotado a Vučić. Avercómoteloexplico: resulta que el triunfo electoral en abril de 2026 había insuflado insospechadas fuerzas espinacopopeyanas a los serbios, de lo que se felicitó él mismamente, Péter, dejando para la física de partículas un momento único de superposición cuántica de muertos en el entierro, novios en la boda, depredadores de fotos y vencedor de Vučić en Budapest y Belgrado a la vez, sin siquiera pasar por la región de Vojvodina, también habitada por muchos húngaros.

Los Studenti acaban, como quien dice, de descender del autobús tras su largo viaje. Todavía no han terminado de celebrar y ya está capitalizando su éxito un advenedizo. Bienvenidos a la más descarnada Realpolitik: ya avisaron de que Belgrado era sombrío. Por eso, remitiendo a la canción, el asunto no debe terminar “hasta que los estudiantes digan”, así pasen un millón de años. Es pronto para decirlo, pero cuesta imaginar que una organización tan laboriosamente edificada vaya a permitir que los manden a las clases de nuevo para hacer lo que les venga en gana como siempre. Ya han perdido dos años, pero han ganado un país: para perdidos, al río.

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