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La fábrica de historias el blog de Iara Mantiñán Bua


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9 de diciembre, 2012

Antonio Pampliega: “45 euros por crónica desde zona de guerra”

                                          

  Le dedico este post a Antonio Pampliega

 

Conocí a Pampliega este verano, gracias a un buen amigo periodista, José Antonio Ayuso, al que todos llamamos Nono. Por aquel entonces Pampliega estaba en Afganistán trabajando como reportero freelance –había abierto un blog para el diario español Público–, aunque no duró mucho. En unos pocos meses cambió Afganistán por Siria. Ahora está con los periodistas freelance españoles en su oficina de Alepo, Siria –zona de los rebeldes, opositores al régimen del dictador Bashar al Assad– jugándose la vida, sin contrato, ni seguro, ni certeza de si van a vender sus crónicas (pagadas a 45 euros, cuando se compran), simplemente porque creen en este oficio.

 

Pampliega ha sido entrevistado por el periodidsta Enrique Meneses, a quien le relata los riesgos de su trabajo; ha explicado la situación política que ha visto de primera mano en la guerra de Siria; ha elaborado un estupendo trabajo sobre el terreno, compartiendo cada segundo de historias cazadas en las redes sociales. Pero me interesaba saber por qué un joven repotero de 30 años llega a Siria sin visado y arriesga su vida para publicar sus crónicas; por qué antes de llegar a Siria ha estado tres años pagando por recorrer las zonas más peligrosas del planeta, ha invertido todos sus ahorros y ha pedido un crédito para poder trabajar en este oficio. Él responde a estas preguntas. Admiro su trabajo y el de sus compañeros por tener la valía de introducirse en una zona en la que la guerra no se realiza a través de drones, sino de morteros y cuchillos.

 

Hay periodistas que, si no tienen trabajo, simplemente se lo inventan.

 

Antonio Pampliega: 45 euros por crónica desde zona de guerra”

 

 

 

¿Por qué decidiste hacerte periodista?


Porque me encantaba el deporte y mi sueño era trabajar en el diario As; pero después de dos años como becario y haciendo sustituciones me acabó frustrando. No concibo el periodismo para estar en una redacción sin pisar la calle, por lo que decido dejarlo y apostar por las zonas de conflicto. En la facultad siempre me llamó la atención y en febrero de 2008 aterrizo en Bagdad... y, desde entonces sigo persiguiendo las guerras.


En la entrevista con Enrique Meneses sostienes que los jóvenes españoles han de trabajar para medios extranjeros. En tu caso, gracias a trabajar para AFP y AP tus fotos y textos han salido en medios latinoamericanos, europeos y de Oriente Medio. Pero has de reconocer que tu firma no ha sido conocida en España hasta que publicaste en El País –después de 5 años como freelance jugándote la vida–. ¿Qué opinas del tema?


Lo más importante es mi trabajo no que yo sea o deje de ser conocido. A mí me gusta contar historias y no hablar de mi vida ni de lo peligroso que es cubrir un conflicto bélico. Los periodistas pecamos de exceso de protagonismo. ¡Qué no me conocen en España! ¿y? ¿Cuál es el problema? ¿Qué no me van a dar ningún premio?, ¡bueno! La que lo lamentará es mi madre. Mi motivación es seguir trabajando y estoy muy orgullo de trabajar para la agencia de noticias AFP y AP. Muchas veces nos nubla nuestro ego y pensamos que somos más importantes que la noticia que firmamos cuando no es así; además, la gente no sabe quienes somos, no nos conoce.


¿Qué se siente al publicar tus crónicas de guerra en El País?

 

Es un orgullo, por supuesto. Como lo fue publicar en Público, en Tiempo, en The Times, en CNN, en AP o en AFP. Publicar siempre es un motivo de alegría para cualquier periodista y más en los tiempos que corren; pero no hay que dar excesiva importancia en el medio en el que aparece tu trabajo, sino la calidad y la importancia del mismo. Esa debe ser nuestra seña de identidad. Si tu trabajo es horrible... lo seguirá siendo aunque publiques en El País. No idealicemos a los medios.


En una ocasión Ramón Lobo dijo que todos los corresponsales de guerra han tenido un problema con la figura del padre. Mencionaba su propio caso, el de Alfonso Armada y el de Gervasio Sánchez, grades figuras del periodismo en zonas de conflicto. ¿Estás de acuerdo con su afirmación?


Yo, como otros compañeros, tenemos modelos a seguir a los que nos gustaría parecernos, pero no debemos perder de vista la idea de que somos personas distintas, con ideas distintas y puntos de vista distintos. No podemos ser Ramón Lobo o Gervasio Sánchez porque solo hay uno. Debemos aspirar a ser como ellos, por supuesto, porque son un gran ejemplo para los que estamos empezando y motivo de inspiración.

 

¿Has pensado alguna vez si el gran problema de los freelancer es que invertimos todos nuestros ahorros en busca de reportajes porque necesitamos alimentar nuestro ego?


El día que encuentre a mi ego se lo preguntaré. Si tuviese ego no colaboraría con agencias internacionales porque la mayoría de las noticias que hago no van firmadas. ¿Ego? Todos tenemos ego, por supuesto, pero yo trabajo porque me encanta mi profesión, porque no sabría hacer otra cosa y porque no quiero hacer otra cosa, no por mi ego. Para mí, lo más importante es la víctima, no yo. Pero allá cada uno. Esto es una carrera de fondo y al final el trabajo de cada uno es el que hablará de lo que somos y hasta donde podemos llegar.


No me entra en la cabeza cómo tenéis que recurrir al crowdfunding para publicar vuestro libro de Siria. Más allá de Bab Al-Asam. ¿No hay ninguna editorial que lo edite?


Fue una apuesta personal. Decidimos no recurrir a ninguna gran edito; apostar por hacer un proyecto pequeño y ver si la gente estaba interesada en un producto diferente lanzado por siete periodistas independientes sin el respaldo de nadie. Y nos hemos dado cuenta de que nuestros curriculums profesionales han sido uno de los grandes motivadores que han tenido los seguidores a la hora de apostar por Siria: Más allá de Bab Al-Salam. Ellos saben quiénes somos y cuál es nuestra manera de trabajar.


¿Qué opinas del crowdfunding?


Al principio no las tenía todas conmigo; de hecho al hablar con Miguel Ángel García –project manager del libro– pensamos que 75 apoyos quizás era algo excesivo y que tendríamos que comprar nosotros mismos los libros para poder sacar adelante el proyecto. En seis horas conseguimos los 75 apoyos necesarios para que el libro sea una realidad y a falta de más de 20 días de campaña hemos conseguido el 320% de la financiación. Ha servido para comprobar que el buen periodismo se sigue demandando. Es algo motivador para futuros proyectos.


Mikel Ayestaran comentaba que muchos artículos de los freelancer que estáis en Siria se publicaron gratis en vuestro blog, sobre todo cuando estalló el ataque a Gaza y Siria pasó a un segundo plano. ¿No es frustrante tener que publicar tus historias en un blog gratuito porque "no interesan"?

 

No puedo hablar por el resto de compañeros. Yo te diré que las historias que no me compran me las guardo para futuras ocasiones, porque hago y cuento reportajes atemporales para que no tengan fecha de caducidad. Pero si es verdad que muchos compañeros han tenido que publicarlas en su blog porque no hay nadie a quién les haya interesado. El periodismo en España, en general, es frustrante porque te hace que te preguntes qué estás haciendo con tu vida y porque te arriesgas –en el caso de los que cubren conflictos bélicos– haciendo información que vas a tener que colgar en la red de manera gratuita. Pero bueno, todo el mundo tiene que empezar y siempre hay un comienzo; y a menos de que seas hijo de... los comienzos son todos muy duros. No se llega arriba sin haberte arrastrado. Nos ha pasado a todos.

 

¿Qué has sentido cuando has vuelto a Madrid? ¿Te ha entrado el mal humor al volver a tu país?

 

Pues me sentí un poco desubicado porque Alepo ha sido una experiencia muy intensa y aún estoy recuperándome de las secuelas de lo que allí he visto. Además, con la promoción del libro ha sido un mes muy intenso y apenas he parado. Tiene su parte buena y su parte mala, como todo en esta vida. ¿Mal humor? No, en absoluto. Simplemente cuando vuelvo necesito cargar las pilas para volver a irme porque aquí no hago nada; mi oficina está lejos de aquí. Y es allí donde quiero estar. Pero siempre es agradable volver a España, ver a la familia, a los amigos y disfrutar de la vida. No todo tiene que ser drama y guerra. Solo se vive una vez. Y en España se vive muy bien.

 

¿Te acostumbrarías a volver a vivir en España?

 

Si no te acostumbras estás perdido. Lo que no puede ser es que por cubrir zonas de conflicto lo que has visto y vivido te marque tu vida cotidiana, porque sino es un problema muy grave, y lo mejor es dejarlo y dedicarse a otra cosa. Yo tengo mis pesadillas, mis miedos y mis fantasmas. Trato de que no me atemoricen constantemente. Está claro que lo que vivimos nos marca para el resto de nuestra vida, pero nuestra vida no puede girar en torno a lo que vemos.

 

Imagínate que un joven español quiere empotrarse con los rebeldes sirios para cubrir la guerra. ¿Qué pasos tiene que dar? ¿Reporteros sin fronteras le puede asegurar?


Mi consejo es que nadie sin experiencia en zona de conflicto vaya a cubrir la guerra de Siria; aquello es lo peor que he visto yo en mis cinco años como periodista. Creo que el trabajo que estamos haciendo sobre el terreno y su difusión en las redes sociales ha hecho que mucha gente quiera ir a cubrir la guerra; el problema es que no saben a lo que se van a enfrentar y aquí se tiene un solo fallo. Pero allá cada uno.  


Para empotrarse y cubrir la guerra tienes que cruzar la frontera entre Siria y Turquía (las otras fronteras son inviables e intransitables; se puede hacer, pero no es la mejor opción), coger un coche en dirección a Alepo y buscarte la vida. Pero vamos, si uno tiene claro que quiere ir a Siria una vez allí supongo que tendrá claro que tiene que buscarse la vida el solito. Esto no es una guardería donde te van guiando. Reporteros sin Fronteras puede facilitar un seguro de vida y un chaleco antibalas a los socios; y creo que el chaleco, por lo menos, es imprescindible para cubrir Siria. Pero, insisto, allá cada uno.

 

En verano estuvimos hablando por Skype y me comentabas que a veces os trataban a los periodistas como espías en Siria. ¿Podrías relatarnos alguna historia?

 

En Jabal Zawiya, a Ricardo García Vilanova, a Javier Espinosa y a mí nos acusaron de trabajar para el régimen sirio, y estamos amenazados de muerte en aquella zona. Todo vino a raíz de un ataque de las tropas de Al Asad diez días después de que nosotros abandonásemos aquella región, y se nos acusó de estar detrás.

 

¿Qué equipo hace falta para irse a una guerra? ¿Dónde escribes tus noticias? ¿Desde dónde envías los datos a los medios?

 

Depende. Si eres fotógrafo, cámaras de foto; si eres plumilla, un bolígrafo y una libreta y si eres cámara de vídeo..., pues eso. Pero en esta profesión se tiende a que hagamos todos de todo, y la calidad se acaba resintiendo en nuestros trabajos. Somos hombres orquesta. Escribo donde puedo, a veces en un coche, otras en el suelo, otras en primera línea, depende de cada situación y cada contexto.  

 

Envío mis trabajos desde los media center que hay repartidos por Siria o, cuando salgo del país, aprovecho para enviar los vídeos, debido a la velocidad de internet dentro de Siria. 

 

¿Crees que el freelancer es un modelo viable en España? ¿Un reportero independiente sólo puede vivir dignamente si cubre los conflictos armados? ¿Ha de apostar por la televisión?


En España, aparte de políticos corruptos y banqueros sin escrúpulos, nada es viable. ¿Periodista? Bueno, teniendo en cuenta que muchos medios te pagan 45 euros por crónica desde una zona de guerra, tú me dirás si es viable o no. Las guerras son muy caras; y con la miseria que nos pagan debemos estar meses sobre el terreno para no perder dinero. No hablo ya para ganar dinero, sino para no ¡PERDER! Se puede vivir dignamente cubriendo conflictos, información del tiempo, desde China. Pero trabajando para mil medios. Al final te preguntas qué tipo de dignidad es esa en la que no descansas ni un segundo. Si quieres vivir dignamente hay que irse fuera de España. A los de aquí les importamos un carajo, así que no nos van a echar de menos. La televisión paga mejor que los periódicos por texto y foto... pero eso no garantiza que quieran tu trabajo. Muchos medios lo cogen de internet o de las agencias, no tienes nada que hacer. Lo que hay que hacer es no flagelarse, si aquí no se apuesta por los freelancer, pues a cruzar los Pirineos, a vivir y listo.

 

Has comentado que tu sueño sería irte a África, aunque sabes que no ganarías dinero ¿Por qué esa atracción hacia el continente negro? ¿Qué país?


No es atracción, es cansancio de Oriente Medio y Asia Central. Necesito un cambio en mi vida. Caras nuevas, paisajes nuevos, sensaciones nuevas. Cinco años en la región acaban agotando y es bueno cambiar de ambiente de vez en cuando. Me gustaría ir a Congo o a Sierra Leona para hacer un tema con niños soldados. Iría aunque no ganase dinero, pero es un proyecto personal. No lo haría por publicar, sino para mí.


¿Es posible cubrir guerras y tener una pareja estable? ¿Es el periodismo una profesión de divorciados, como afirmaba David Jiménez corresponsal de El Mundo en Asia?

 

Es posible, pero es complicado. No es fácil despedirse de alguien al que es posible que no vayas a ver nunca más. Tenemos que encontrar a personas que se dediquen a lo mismo, lo entiendan y nos apoyen; pero es posible que al final esté abocado al fracaso. En mi caso, al final fue un fracaso. Pero conozco compañeros casados y a los que les va bien en el plano sentimental. 

 

Me has mandado fotos increíbles para poner en la entrevista, pero si te pido que saques el móvil y me enseñes una fotografía que signifique algo importante en tu vida, o de lo que hayas vivido, en el plano humano, ¿qué foto mandarías?


Te mandaría una foto de mi familia porque para mi es lo más importante, y una sobre mi vida profesional, con mis compañeros, que también son parte de mi familia.

 

¿Qué diferencia hay entre un periodista local y un enviado especial?

 

Los enviados especiales tienen un respaldo importante de un medio de comunicación y los locales, no. Los enviados especiales se van y los locales se quedan. Los locales tienen menos visibilidad y más peligro (de hecho los matan más que a los enviados extranjeros). Se endiosa a los enviados especiales y se ningunea a los locales por el mero hecho de ser eso, locales.

 

 

Reportaje fotográfico: Antonio Pampliega/AFP, en Alepo

 

Antonio Pampliega/AFP

 

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