Antonio Gutiérrez, el médico que rechazó su último Día del padre por amor

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El doctor Antonio Gutiérrez y sus hijas.

(León. Médico de Atención Primaria, murió a los 67 años el 2 de abril). Médico por vocación, Antonio Gutiérrez solo dudó si decantarse por la Psiquiatría. Unos estudios que, según repetía su amigo José, no le hacían falta para manejar con maestría la relación médico-paciente. A sus 67 años, el coordinador médico del centro de Salud de Eras de Renueva (León) falleció el 2 de abril. Había pasado 32 horas de guardia, a las que siguieron otras cuatro jornadas de trabajo contra el Covid, hasta que los primeros síntomas de la enfermedad hicieron acto de presencia. Apasionado de su familia y del pueblo en el que se crio, Lugueros (León), cada vez que lo nombraba se le iluminaba el rostro. “No faltaba conversación en la que no saliera de su boca alguna simpática anécdota”, rememoran desde el vecino Ayuntamiento de Valdelugueros. “Siempre nos enseñó los valores de la humildad y la sencillez, a disfrutar de los pequeños placeres de la vida”, cuenta su hija Ana. Para él, eran cosas sencillas: las charlas en el bar con los amigos, ver una película sus hijas, comentar la actualidad. Valiente y luchador, lo que más le preocupaba era contagiar a su familia. Rechazó celebrar juntos el Día del padre, lo prefería así antes que exponer a sus hijas. “El 13 de marzo obligó a mi hermana que viajaba hacia León a regresar a Salamanca, cuando ya estaba en Benavente, con el único fin de protegerla”, rememora Ana. Sin haber tenido acceso a la protección necesaria, el 17 de marzo fue consciente de que podía estar contagiado. Había estado demasiado expuesto. Tras una semana de reposo y paracetamol, Antonio empeoró. El 24 su familia le llevó al hospital. Estuvo ingresado nueve días. “Nueve días sin apenas información, sin saber qué estaba pasando con mi padre, sin saber quién le trataba”, cuenta su hija. Sin poder cogerle de la mano, abrazarle, ni darle el último adiós. Porque cuando el 2 de abril la familia llegaba al aparcamiento del centro hospitalario, recibieron la fatal llamada. “No pude despedirme de mi padre”. Ahora la familia se aferra a la gratitud hacia todos los que les han ayudado, llamado, atendido. Pero, sobre todo, se agarran a los recuerdos. Como en la fotografía que encabeza este texto, “con su preciosa sonrisa, rodeado de sus hijas, en uno de los momentos más felices que recordamos junto a mi padre”. Isabel Miranda. Gracias al diario ABC.

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