Aptitud, actitudes y deberes del voluntario social

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Libertad:
La libertad se constituye como el eje principal que define la acción voluntaria. Antes aún que la solidaridad o la búsqueda de justicia. Sin cumplir este principio, una buena acción puede ser eficaz socialmente, puede tener repercusiones positivas para personas marginadas o grupos excluidos, pero nunca será voluntaria puesto que la decisión está movida total o parcialmente por un objetivo interesado: un sueldo, unos créditos académicos, cumplir con una ley, presión familiar o de un grupo de referencia, incentivos desmesurados, un servicio militar o las prácticas o becas de contenido profesional y repercusiones económicas.
En otro contexto, también hay que tener cuidado con la presión que pueden ejercer, con la mejor intención, profesores, padres, terapeutas u otros educadores para que los jóvenes a su cargo realicen alguna tarea de voluntariado social. La orientación y la educación en la solidaridad para niños y jóvenes no se debe confundir con la obligatoriedad de ser voluntarios.
Protagonismo del excluido
Un servicio de voluntariado es un conjunto de acciones creadas para mejorar la calidad de vida de personas con necesidades diversas. El marginado, el enfermo, la persona sola y abandonada, es el protagonista de toda acción voluntaria y hacia ellos deben tender todos los esfuerzos. La planificación, la selección de los voluntarios, la formación, el seguimiento a los programas, los apoyos al voluntariado, etc. son hilos que se anudan en un mismo punto: el bienestar del beneficiario de ese servicio.

Hay mucha diferencia entre “programas de voluntariado para la reinserción de marginados” y  “programas para la reinserción de marginados hechos por voluntarios”. El voluntario siempre dirige su esfuerzo hacia una tercera persona fuera del grupo de los propios voluntarios, un equipo de voluntarios no se puede convertir en un grupo de autoayuda, al menos como primer objetivo.

Las personas no son instrumentos. Ninguna persona es un instrumento para llegar a ningún fin, por alto que el fin sea. El protagonista en el voluntariado es la persona marginada y en ella tenemos que pensar a la hora de plantear cualquier método de trabajo. Habrá voluntarios cuyas motivaciones, mal entendidas, entren en colisión con este principio radical del voluntariado. No se pueden anteponer los beneficios del voluntario a los del beneficiario de los programas. El voluntario o la organización no pueden elegir un método de trabajo pensando en lo bien que se va a sentir el voluntario, o en si éste va a salir de su depresión o si se adapta más a una doctrina, o si se conseguirá repercusión pública y relumbrón, o si se conseguirán votos. Se buscará el método más eficaz para que la persona enferma o marginada alcance el mayor beneficio. Otra cosa es que, de paso, el voluntario obtenga recompensas personales incalculables.

José Carlos Gª Fajardo. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios para el Desarrollo

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Seis hijos y doce nietos. Doctor en Derecho. Licenciado en Filosofía y Teología. Premio Nacional Fin de Carrera de Periodismo. Filosofía y Literatura en la Universidad de París y Relaciones Públicas en Oxford. Autor de Comunicación de Masas y Pensamiento Político (1984), Encenderé un fuego para ti. Viaje al corazón de los pueblos de África (1999), Marrakech: una huida (2001), Manual del voluntariado (2004), entre otros. Fundador de la ONG "Solidarios para el Desarrollo".

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