Besos con sabor a wasabi

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Me debato entre hablaros de Strauss-Khan y sus escarceos sexuales, si los hubo, (el hombre ha pasado de etiquetar a los jóvenes como generación perdida a perder él la cabeza) o contaros que me he quedado sin una entrevista con mi idolatrado Jean Reno en Cascais y que, para vengarme (no sé de qué, la verdad) me he planteado ir al festival de Cans, donde mis amigos los de Porriño (a los que ya dediqué otro post). Será por lo de pasar de un tema cinéfilo a otro, no sé. Pero ni lo uno ni lo otro: voy a hablaros de una solución práctica para espantar a moscones e indeseables. Que haberlos haylos y muchos.

 

Queridas lectoras, si es que hay alguna: si vuestra labia o actitud no sirve de nada, sabed que la innovación y el desarrollo, en este caso en forma de cosmética, acuden en nuestra ayuda en caso de acosamiento por parte de un coleóptero. Myidbox comercializa a través de Internet un bálsamo labial con sabor a…. wasabi. Según parece, si lo pruebas no te lloran los ojos, pero el mal gusto no hay quien te lo quite. Que se lo digan a mi amigo Fidel (hola compi) que la primera vez que me acompañó a un japonés se hartó de echarse wasabi en el plato (yo le miraba sorprendida sin decir ni pío como buena lagarta que soy) y se metió una cucharada de masa verde, casi sopera, en la boca. Vamos, lloró más que viendo ET o Candy Candy y ni el agua ni el vino blanco consiguieron sofocar sus picores. Todavía se acuerda.

 

Pero en fin, a lo nuestro: pues eso, que esto del bálsamo labial es de lo más discreto. Te lo metes en el bolso y claro, llegado el momento, que llegará porque hay mucho pesao cuarentón, tienes que pasar el mal trago de que el infame se te acerque a la boca. Yo te recomiendo que aguantes como una jabata y le dejes hacer, aunque sólo sea por ver su cara al notar el sabor de wasabi. También puedes echar mano de otros repelentes, como comerte una cebolla cruda antes de salir de casa, lo que pasa es que con eso espantas a todo el mundo, no sólo al indeseable de turno. Total, por sólo 3,95 euros, el precio del invento, tienes una solución de lo más discreta, ¿no? Ojo, sólo sirve para espantar al que no te gusta. Luego hay otros problemas que no se solucionan ni con bálsamo de wasabi ni con cebolla. Me refiero a una anécdota que me contó una amiga que no puedo nombrar (hola Pepa). Una noche se ligó a un policía que estaba buenísimo (porque hay miembros del cuerpo represor que están de muy buen ver, la verdad) y cuando ya iban a pasar a mayores, en su casa, la pobre descubrió que el susodicho, a pesar de tener un cuerpo de cine, sufría de micropene. No sé a ciencia cierta si era micropene o no porque Pepa no tenía ni wasabi a mano ni tampoco metro (ni de costura ni de carpintero). Pero vamos, que aquello era muy pequeño y no había por dónde cogerlo, nunca mejor dicho. Así que le tuvo que echar de casa. Sin más miramientos. Joder, esto de ligar cada vez se complica más, ¿no?

 

Feliz semana queridos/as y un beso, pero con sabor a chocolate.

Vengo de París, como casi todos los niños, y me he pasado la vida entre Francia y España (aunque me defino extremeña). Empecé escribiendo de economía en Capital pero tras ocho años en los mercados bursátiles, y demostrando ser de perfil arriesgado, me hice freelance. He colaborado con los principales medios de este país y escrito varios libros de sexo, el último, "Hola, sexo: anatomía de las citas online (Arcopress)". Este blog es a consumir sin moderación pero ¡tampoco te lo creas todo!