Blackbird singing in the dead of night…

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Leyendo la revista Yorokobu, he corroborado que uno siempre piensa que ya hemos llegado a la última frontera de lo increíble, pero no, siempre se rompe esa barrera.

 

Si te pones a estudiar cómo es el paisaje de tu ciudad, hay cosas que se pueden ver, sonidos que escuchar, aromas que oler y algunas cosas, incluso, sentir. Y todas, de una o de otra manera, se pueden describir. Pero hay otras que, aunque estén ahí, pasan inadvertidas pata todos excepto para la artista Kerry Morrison. En su afán de que escuchemos lo inaudible, cubrió con telas, en las que imprimió un pentagrama, algunas zonas de los parques de la ciudad de Liverpool con el fin de que los pájaros, al aliviar sus pequeños intestinos, fuesen escribiendo la partitura con la impronta de sus excrementos.

 

Mientras los pájaros componían, el artista sonoro Helmut Lemke grababa la mezcla de sonido que podemos escuchar en un parque urbano. En este caso, un parque urbano inglés, claro.

 

Las telas han estado extendidas desde junio hasta octubre, meses en los que se ha ido gestando esta sinfonía, hasta que se las llevaron para que el compositor Jon Hering trasladase todo a una partitura que pudiera interpretar una orquesta. Y hace unos días tuvo lugar la premier de la “Bird Sheet Music” en la “Tate Liverpool Art Gallery”, una pieza más de un proyecto llamado “Our Liverpool Landscape: From Turner to Today” que dirige Kerry Morrison sobre las plantas y animales que forman parte del paisaje urbano de la ciudad. Y es que en Inglaterra, la música es tan consustancial a la vida, que hasta los pájaros componen.

 

@Estivigon

Nacido en Madrid en septiembre de 1962. A mí y a mi entorno, cada vez nos cuesta más definir a qué me dedico. Periodista de carrera durante quince años en la editorial GyJ, guionista de cine y teatro, productor de contenidos audiovisuales para museos y centros de interpretación, community manager en BMG Rights España, gestionando la identidad digital de un puñado de artistas, y músico. Aunque esto último me queda un poco grande; me considero un aficionado, pero, para bien y para mal, llevo veinte años metido de lleno en esta vorágine en donde me conocen más como Estivi. Discos grabados, conciertos, giras, noches… y muchos amigos.