Carta a nico guau con motivo de su crónica de la Feria del Libro

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De pronto, usted, nico guau, me tiró de un brazo y ante mí apareció el altísimo profesor y escritor Vizcaíno. A su lado, a la altura de sus ojos, los de Adela Escartín. En verdad, los cuatro ojos de Adela Escartín, porque el señor que estaba en la caseta firmando libros se había escrito dos tomos de Adela Escartín, mito y rito de una actriz. De pronto caí en la cuenta de que el estampado de su camisa eran pájaros con el vuelo echado... ¡La hora de ir al Pabellón de Actividades!

 

Perro mío:

 

Siento la tardanza en la respuesta. En verdad, siento que llego al ritmo que llega el teatro a ciertos saraos. ¿Podría usted decirme por qué siempre se dejan los libros de teatro para el último día de la Feria? Es con esa sensación de no tener suficiente oxígeno en los pulmones que llego a la cita. A la de hoy y a la del domingo pasado. “¡Tengo que ir al Retiro! He dicho que iba a ir.” Pero llegué tarde, como ciertos géneros literarios. Habíamos quedado en el Granier de la Plaza de Mariano de Cavia, 2, aunque yo hubiera jurado que la cafetería no estaba dentro de la plaza. Me dormí. Me dormí porque estuve toda la noche leyendo el último número de la revista Acotaciones. El número 34. Me duché rápido, todo lo más rápido que pude, me sequé el pelo a lo exprés y salí corriendo de casa. Pero era domingo y los domingos el transporte público te juega muy malas pasadas. Alcancé la parada de taxis. Veinticuatro €urazos para empezar el día… Cuando llegué al lugar me encontré con usted y con las dramaturgas (el ordenador subraya en rojo la palabra ‘dramaturga’, no así en su versión masculina) Fernández de Sevilla y Luque. La primera, menos mal, me invitó a desayunar. La segunda me contó sus buenas nuevas  y usted me miró y sonrió. ¿Lo recuerda?

 

Con el buche lleno nos adentramos en el parque del Retiro. No sé quién de nosotras hizo un breve comentario sobre la luz de Madrid, la luz de las ocho de la tarde. El caso es que era la hora del Ángelus y en ese mismo momento apareció el otro dramaturgo de estreno: Gómez-Urda, como caído del cielo.  Hablamos de teatro, de filosofía, de investigaciones futuras, de la conciliación de la vida pública y privada, de los textos dramáticos… Usted, mientras, echaba fotos a diestro y siniestro. Hablamos hasta que nos topamos con otro joven dramaturgo, el señor Gil. Y entonces charlamos de A Coruña, de su Monte Alto, de la magia de esa ciudad, del mar… Hablamos hasta que nos encontramos con el editor y dramaturgo Pajón Leyra. Me fijé en que sólo hombres firmaban libros en su caseta… “Es que las dramaturgas no nos envían textos”, confesó. ¿Lo habéis oído? ¡Dramaturgas de España, enviad textos a Ediciones Antígona!

 

Feria

 

De pronto, usted, nico guau, me tiró de un brazo y ante mí apareció el altísimo profesor y escritor Vizcaíno. A su lado, a la altura de sus ojos, los de Adela Escartín. En verdad, los cuatro ojos de Adela Escartín, porque el señor que estaba en la caseta firmando libros se había escrito dos tomos de Adela Escartín, mito y rito de una actriz. De pronto caí en la cuenta de que el estampado de su camisa eran pájaros con el vuelo echado… ¡La hora de ir al Pabellón de Actividades!

 

¡Qué cantidad de gente! Nos tuvimos que sentar atrás del todo… Mire usted qué cosas, que me encontré con el actor Poika a quien había conocido en Huelva. El mundo es un pañuelo. ¿O lo es esto del teatro? De pronto, oiga, que solo rostros conocidos… El caso es que empezó, entonces sí, el motivo que nos había llevado hasta allí. Empezaron las presentaciones del trabajo hecho y editado. No me voy a extender en lo acontecido porque usted, perro mío, lo ha hecho maravillosamente en su crónica. Pero sí daré, sin embargo, nota de los títulos presentados, de los textos editados (todos por la editorial Fundamentos), por si de pronto alguien con deseos irrefrenables desea bucearlos. He aquí la lista:

 

Adela Escartín, mito y rito de una actriz, vol. 1  y 2, de Juan Antonio Vizcaíno. 

 

José Estruch, el teatro como nexo identitario, de Vene Herrero.

 

Promoción RESAD 2014 — Lola Correa, Lola Fernández de Sevilla y Félix Gómez-Urda

 

Acotaciones 34. Con los textos teatrales: La toma de Madrid, de Rubén Buren y Rita, de Itziar Pascual. 

 

Yo tomé algunas notas por usted, espero no le moleste: 

 

“Esta noche voy a dormir a pierna suelta”… No sé muy bien en qué momento alguien dijo esto ni qué relación directa podía tener con el teatro. 

 

Luego, una mujer, empezó a decir adjetivos todos juntos: “poético, ritual, cotidiano, brillante, feroz”. Creo que se refería a la nueva dramaturgia española. ¡Nueva Dramaturgia!

 

Feria

 

“El escritor del Apocalipsis no ha tenido tanto éxito como nosotros los del teatro”… O algo así muy raro dicho con el asombro de encontrar el pabellón a rebosar de gente… 

 

“Yo soy anarquista”. Esto lo tengo apuntado diez veces… No sé. ¿Qué cree usted que puede ser? 

 

Luego, sin duda, nos fuimos a comer juntos y juntos también corrimos a la parada del autobús y nos dijimos cosas hermosas… Pero de esto no cuento nada porque luego hay quien dice que usted y yo parecemos un matrimonio. La gente, ya sabe… 

 

 

Con amor, 

 

la señora del fondo 

 

El Gallinero es la bitácora de un grupo de dramaturgos que interpretan el papel de un periodista. Un espacio donde se informa del teatro que no acostumbra a salir en los medios de comunicación, de los recovecos que componen la vida teatral de Madrid y los espectáculos/ espacios/ creadores/ gestores menos conocidos.   En El Gallinero escribe nico guau, y en una época escribieron muchas más gallinas: Antonio García, El Trapo, Folguera, la señora del fondo, Manuel Rodríguez, Muflón Silvestre, Pelma y gris, Turuleta, Vera Yobardé... Si queréis contactar con nosotros, podéis hacerlo en elgallinerofronterad @ gmail.com, quitándo lo espacios alrededor de la @.