Ciber 015. Actitud Fundamental del Voluntario

0
172

Para un auténtico voluntariado social, son precisos una formación y un aprendizaje en la sensibilidad, en el respeto y en la aceptación del otro, tal como es y sin pretender cambiarlo. Nosotros no vamos a enseñar nada ni a cambiar a nadie, sino a ayudar a transformar a quien lo desee, desde su propia realidad en la maduración de sus señas de identidad.

Los que vivimos a pie de obra sabemos que para que un voluntario se forme, para poder enviar recursos, realizar estudios, mantener correspondencia, controlar los proyectos, etc., se necesita dinero. Y no importa la edad ni la salud que tenga el que se “conmueve” ante tanto dolor e injusticia para que no pueda aportar su contribución regularmente.

En nuestro país hay centenares de miles de personas que se están formando como voluntarios sociales y las Organizaciones que los preparan necesitan medios económicos para hacerlo. Lamentarse, criticar y no cooperar no es coherente.

Aceptamos el término “curar” desde su significado más auténtico: “cuidar”, que conlleva “consolar”, “acompañar”, “simpatizar”, “empatizar”, “compadecer”, “compartir”, “vivir-con”. De ahí “compañero-copain”: el que comparte el pan.

Saber al otro no sólo como “alteridad” sino como “reciprocidad”, que supera la tolerancia. Porque ésta entraña una acepción de personas y un “prejuicio” al partir de un supuesto que invalida y contamina toda la acción: el imaginarse en posesión de la verdad. Como si la Verdad pudiera poseerla alguien o tenerla en propiedad: persona, grupo o institución.

Esta actitud es un activo irrenunciable ante tanto reduccionismo, fanatismo, fundamentalismo, falso espiritualismo, antropocentrismo, con un alienante “perfeccionismo” que tiene mucho de cátaro, de calvinista y de pelagiano. Nadie es más que nadie. Por lo tanto, se trata de ser consecuentes y adaptarnos a la realidad. Sólo un necio, el que no sabe, calificaría esta actitud como sincretismo, relativismo, materialismo o panteísmo.

Sólo una actitud contemplativa, brotada del silencio, puede fundamentar y dar sentido a un vivir coherente. Si el ser humano ha nacido para ser feliz, la felicidad no puede ser separada de sus raíces: ser uno mismo en plenitud y en libertad, aunque las circunstancias nos encadenen, nos enreden, nos zahieran o nos hieran. La libertad es consustancial a la persona, aunque como individuo pueda padecer las mayores limitaciones efecto de las culturas, de las tradiciones, de las circunstancias, y siempre de los abusos de poder. De ahí que la paz sea fruto de la justicia y la felicidad tenga aroma de serenidad, de sosiego y de radical alegría en un ser que asume su condición y dice: “Está bien así. Yo sé quién soy”.

 Jose Carlos Gª Fajardo. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios para el desarrollo

Print Friendly, PDF & Email
Artículo anteriorARTE64 ¡Tablas milagrosas!
Artículo siguienteMarsé, “spleen” socialdemócrata
Seis hijos y doce nietos. Doctor en Derecho. Licenciado en Filosofía y Teología. Premio Nacional Fin de Carrera de Periodismo. Filosofía y Literatura en la Universidad de París y Relaciones Públicas en Oxford. Autor de Comunicación de Masas y Pensamiento Político (1984), Encenderé un fuego para ti. Viaje al corazón de los pueblos de África (1999), Marrakech: una huida (2001), Manual del voluntariado (2004), entre otros. Fundador de la ONG "Solidarios para el Desarrollo".

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, deja tu comentario!
Por favor, introduce tu nombre aquí