Ciencia ficción

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Estos días me ha entrado una obsesión estúpida. ¿Qué ocurriría si unos extraterrestres bajaran al planeta Tierra un 1 de mayo de 2011 y vieran a miles de humanos en una plaza de piedra adorando a un señor muerto, un tal Jean Paul, vestido con túnicas extrañas que es homenajeado por otro señor vestido de forma rara y que exalta el hecho de que el muerto frenara la expansión de las tesis de un señor que murió antes que él, un tal Marx?

Yo no sé, pero somos raros. O lo son. Quiero decir: que yo no estaba allí ni se me antojaría celebrar el carácter beato de uno de los mayores enemigos de la razón y del progreso. En Otramérica la cosa es más grave. La Iglesia católica oficial, la del Vaticano, solo da pasos hacia atrás y acaba con todo lo que huela a solidaridad o a amor por el prójimo. Juan Pablo II fue el peor enemigo de La Teología de la Liberación, ese intento hermoso de construir alternativas desde la base que, aunque sufriera del ‘pecado original’ religioso, supuso una alternativa de organización y de reivindicación para los millones de desheredados de estas tierras.

Mi obsesión es terca. Si los extraterrestres hubieran llegado unas horas antes habrían visto a otros miles de fanáticos rodeando un palacio donde dos personas disfrazadas de carnaval se daban un beso. Un beso que costó millones de dólares y una que otra lipotimia.

En fin, que estamos mal. Bueno, que están mal. Porque todo esto ocurría cerca -o encima- del 1 de mayo, el supuesto momento en el que los obreros deberían sacar los dientes y hacer temer a los capitalistas -dueños de los medios de producción según el muertito al que combatió el otro muertito- una revolución decente y adecentadora que ponga punto y final a la crisis (a la del capitalismo). Esto ni ha ocurrido ni va a ocurrir.

Yo, por si acaso, me planto todas las noches en el descampado más cercano a ver si tengo suerte y me abducen los extraterrestres. Después de lo que he visto, nada me puede sorprender en el espacio interestelar. 

Me perdí en Otramérica, esa que no es Iberoamérica, ni Latinoamérica, ni Indoamérica, ni Abya Yala... y que es todas esas al tiempo. Hace ya 13 años que me enredé en este laberinto donde aprendí de la guerra en Colombia, de sus tercas secuelas en Nicaragua, de la riqueza indígena en Bolivia o Ecuador, del universo concentrado de Brasil o de la huella de las colonizaciones en Panamá, donde vivo ahora. Soy periodista y en el DNI dice que nací en Murcia en 1971. Ahora, unos añitos después, ejerzo el periodismo de forma independiente (porque no como de él), asesoro a periódicos de varios países de la región (porque me dan de comer) y colaboro con comunidades campesinas e indígenas en la resistencia a los megaproyectos económicos (porque no me como el cuento del desarrollismo). Este blog tratará de acercar esta Otramérica combatiendo con palabras mi propio eurocentrismo y los tópicos que alimentan los imaginarios.