Conozco cada lunar de tu cuerpo

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Mi amiga Palmy forma parte, desde hace unos días, del movimiento de mujeres escépticas. O asqueadas con el género masculino. Y todo por culpa de un mamonazo que se enrolló con una amiga suya. Resulta que ella, como buena Escorpio, no reconocía en absoluto que el sujeto le molaba aún siendo así, y la cuestión se demostró cuando el mozo, tras haber coqueteado con ella durante la noche, se largó después con una amiga. Tardó la pobre en reconocerme que le gustaba y ahora me dice que ha pasado de la TSA a la mala hostia, en cuestión de horas. Normal: a ver, chicos, es muy poco elegante enrollarse con la amiga de una. Noooo, estas cosas son de mal gusto, no se hacen porque cortan el rollo.

A la que tengo fuera de sí es a Eva, que ha ligado. Tan contenta está que en su estado del WhatsApp ha puesto “Ando despistada desde que entró en mi vida”. 

Me consta que no sólo ha entrado en su vida sino en otras partes de su cuerpo, todas las posibles. Ella me cuenta que la tiene enloquecida no sólo por lo cachonda que la pone (se pasan el día enviándose mensajitos tórridos) sino porque le dice cosas del tipo “Sé cuantos lunares tienes en el cuerpo pero no sé si te gusta el limón en la Coca Cola”. Por Diossss, no me digáis que no es bonito, a mi un tío me dice esto y se me caen las bragas a plomo. Al parecer, el chico es un virtuoso de los besos y del lenguaje (debe de serlo también de otras cosas a tenor de la cara de boba que tiene Eva desde hace semanas): la llama mi diosa, no se cansa de repetirle lo buena que es en la cama,  reconoce tener únicamente una neurona (la cual le permite o follar o leer pero no dos cosas al mismo tiempo), etc. Un tipo inteligente vaya… Por si fuera poco, incluso ¡¡¡se ríen en la cama!!!! ¿Os lo imagináis? Eso debe de ser la hostia.

Me comenta Eva que el otro día, tras una partida de sexo que duró horas (porque sí queridos lectores/as, pueden ir salivando que yo lo estoy desde que me enteré: el muchacho tiene aguante para follar durante horas y sin necesidad de caramelos que aporten glucosa) le espetó: “De seguir así se me va a producir una distensión en los vasos cavernosos del pene”. Toma ya, además deportista. Cuando Eva me lo contó se equivocó y me dijo “vasos capilares” y claro, mi búsqueda en San Google no daba ningún resultado… Ya podía yo buscar como una posesa.

Ah, y María también está enamorada. Hasta los huesos. Así que chico, que sé que me lees (y te lo agradezco): trátala bien que es un ángel.

Bendito verano que nos hace ir más ligeros de ropa y de moralinas. ¿A que sí?

 

 

 

Vengo de París, como casi todos los niños, y me he pasado la vida entre Francia y España (aunque me defino extremeña). Empecé escribiendo de economía en Capital pero tras ocho años en los mercados bursátiles, y demostrando ser de perfil arriesgado, me hice freelance. He colaborado con los principales medios de este país y escrito varios libros de sexo, el último, "Hola, sexo: anatomía de las citas online (Arcopress)". Este blog es a consumir sin moderación pero ¡tampoco te lo creas todo!