Cuentos 087 No te fíes de las apariencias

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– Maestro – le dijo Sergei con una amplia sonrisa – hoy estás como unas castañuelas. Da gusto verte. Desde que me he levantado te he visto por el jardín y parecía que saludabas a las flores.
– No, liebre curiosa, les cantaba canciones que en mi niñez escuchaba a mi madre durante esta época. Mi madre se llamaba Luz de Otoño.
– ¡Ahí va! ¿Has tenido buenas noticias?
– Sí, Sergei. Los ojos son horizontales y la nariz vertical.
– Eso es lo que respondió el patriarca Dogen cuando regresó a Japón después de su peregrinar por China.
– Pues eso, Sergei, pues eso. Estamos viviendo. Es otoño. El té estaba bueno.
– Y el zumo de naranjas con ese toque de jengibre.
– Y esas galletas de canela que nos envió la viuda de Nanking. ¿No la tendrás desatendida y busca recomendaciones?
– Ay Maestro, Luz Impasible – dijo con tono lastimero –.  Esa viuda me trae a mal traer y yo creo que deberíamos de tomar una decisión porque si me quedo aquí, peligra mi integridad emocional.
– Pues sí que vamos a salir ganando. El Noble doctor Ting Chang regresa a Shangai y no sé por qué me parece que esta Luz que Brilla en el otoño ha recibido algún mensaje que le ha alegrado el corazón.
– ¿Cómo? ¿Ha pasado algo y yo no me enterado? Pues estamos j…
– ¡Sergei, qué lenguaje! Escucha lo que le sucedió a un joven apuesto, alto, sonriente y muy inteligente que se encontró con un sabio en la ciudad de Shiraz. Éste le preguntó quién era. ‘Soy el Diablo, Venerable Señor’. ‘¡No es posible! – respondió el hombre santo -. ¡El diablo es feo y malvado, hortera y huele a azufre!’ ‘Ay, amigo mío, ¡has estado escuchando a mis difamadores!’

José Carlos Gª Fajardo. Emérito U.C.M. Fundador de Solidarios

 

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