– No, es muy prudente. No es una cotilla, Danglard. Funciona según la ley de la mariposa que se mueve en Nueva York y provoca una explosión en Bangok.
– ¿Lo dice ella?
– No, lo dice Emeri.
– Pues se equivoca. Es en Brasil donde la mariposa bate las alas, y en Texas donde tiene lugar el tornedo.
– ¿Y eso cambia muchos las cosas, Danglard?
– Sí. De tanto alejarse de las palabras, las teorías de más puras degeneran en bulos. Y uno acaba no enterándose de nada. Entre aproximación e inexactitud, la verdad va disolviéndose dando paso al oscurantismo.
– Seguramente existen varias versiones de esta historia de la mariposa.
– No- contestó Danglard con firmeza-. No es un cuento moral, es una teoría científica sobre la predictibilidad. La formula Edward Lorenz en 1972 bajo la forma que le he dicho. La mariposa está en Brasil, y el tornado en Texas. No cabe ninguna variación en esto.

Poco más puedo yo añadir a este texto, porque el papel que normalmente juego de corregir en plan quisquilloso lo hace ya Danglard en este diálogo. Efectivamente, Lorenz, comenzó creando un modelo matemático para estudiar los movimientos de convección de la atmósfera y llegó a las conclusiones que se sugieren en el texto.
Muy bueno eso de que la verdad se disuelve entre imprecisión y la inexactitud: lo había advertido el gran Platón en la antigüedad.El texto, además tiene una gran actualidad en lo que se refiere al asunto del calentamiento global y los cambios climáticos, pues las teoría de la predictibilidad de L., al imponer límites a la previsión del comportamiento de los fenómenos naturales, invita a ser muy cautos en las predicciones que pasen de más de dos o tres semanas. Pues no es lo mismo ni pueden serlo la predicción y la profecía.
Me llama la atención que un gran matemático como él (y con la fama que muchos de los tales tienen de personas de mente rígida y cuadrada) abra el camino de lo impredecible y lo caótico. ¿Qué diría Descartes si se enterara?





