El Estado (de sitio) de Guatemala

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Hace tiempo que Guatemala no tiene un Estado que merezca ese nombre. El último que intentó pensar un país fue Arbenz y ya se encargó la United Fruit Company de crear un Movimiento de Liberación Nacional que liberara a los gringos de un presidente con ideas tan peregrinas como la de hacer una reforma agraria y que condenara a los guatemaltecos a la noche eterna de los tiempos. La United Fruit Company (Bandegua, en Guatemala) gobernó el país del que era dueña (el 41% de la tierra era de su propiedad sin pagar ni un dólar por ella) desde que llegó para quedarse en 1901. Los ladinos poderosos de la naciente independencia –una vez que pasaron de ser una casta más de la administración colonial a ser la élite del país- vieron en ella el brazo armado para protegerse de indígenas y ladinos campesinos y para enriquecerse cobrando los favores como secretarios de lujo de la multinacional.

 

Esa noche eterna tiene dueños y nunca han gustado de repartir, ni tan siquiera las migajas. Ni una larga guerra, ni el profesional actuar de los escuadrones anticomunistas, ni los fallidos acuerdos de paz les sirvieron… siempre quieren más. Ahora, como en el resto de Latinoamérica, han vuelto a las prácticas rentistas del nacimiento de la República de ladinos y alquilan (o venden) el país al mejor postor a cambio de beneficios que solo quedan en las cuentas de las élites.

 

Por eso se explica el nuevo estado de sitio que ha decretado el presidente Otto Pérez Molina (ex militar sospechoso de haber cometido delitos de lesa humanidad y elegido presidente para cuidar la finca) en cuatro municipios de los departamentos de Jalapa y Santa Rosa. Lo ha hecho ante las protestas masivas de la población contra un proyecto minero de la multinacional canadiense Tahoe Resources, igual que lo hizo hace un año en Barillas, igual que lo hará en cualquier punto de la geografía nacional donde haya resistencia a los megaproyectos extractivos. ¿Qué dice la comunidad internacional? Nada, absolutamente nada. Otto Pérez, capitán Tito para sus víctimas durante la ofensiva contrainsurgente que arrasó los territorios mayas quiché, sigue siendo invitado a Cumbres Iberoamericanas presididas por un rey del medievo; la Unión Europea y Estados Unidos siguen cooperando con el país en su supuesta lucha contra el narco y las maras; todos nos consolamos con cuatro tópicos que no muestran la realidad de un país colonizado y expoliado por extraños con la ayuda de las vergonzosas élites locales.

 

Quizá hoy os escribo con un poco más de enfado del habitual (y ya suele ser alto el nivel), pero es tan doloroso ver cómo la historia se repite, cómo las denuncias caen en saco roto, cómo la población civil de Guatemala no tiene si quiera espacios para denunciar el lento economicidio del que son víctimas… No sé… No sé como describir a este Estado (de sitio) de Guatemala. 

Me perdí en Otramérica, esa que no es Iberoamérica, ni Latinoamérica, ni Indoamérica, ni Abya Yala... y que es todas esas al tiempo. Hace ya 13 años que me enredé en este laberinto donde aprendí de la guerra en Colombia, de sus tercas secuelas en Nicaragua, de la riqueza indígena en Bolivia o Ecuador, del universo concentrado de Brasil o de la huella de las colonizaciones en Panamá, donde vivo ahora. Soy periodista y en el DNI dice que nací en Murcia en 1971. Ahora, unos añitos después, ejerzo el periodismo de forma independiente (porque no como de él), asesoro a periódicos de varios países de la región (porque me dan de comer) y colaboro con comunidades campesinas e indígenas en la resistencia a los megaproyectos económicos (porque no me como el cuento del desarrollismo). Este blog tratará de acercar esta Otramérica combatiendo con palabras mi propio eurocentrismo y los tópicos que alimentan los imaginarios.