Estoy rendida
ante la belleza
de mi pasado
Lenguas naranjas
deformaban
el paisaje
le hacían
cobrar vida
Casi de noche
imaginaba un mundo
tras esas llamas
que me lamían
la garganta
Era una niña
con un jersey amarillo
y largas trenzas rubias
No sabía nada
pero entendía el fuego
Comprendí pronto
que era alguien
en quien confiar
Me hablaba
y me hacía sentirme
firme segura
A veces veía sin miedo
monstruos
casas derruidas hadas
la soledad
A veces se inclinaba
en mi regazo y me daba
su agua roja
que calmaba unas ansias
hasta entonces desconocidas
Me acercaba mucho
me quemaba los límites
me otorgaba un poder
inmenso y delicado
que me elevaba
aun sin saberlo manejar
Mucho más tarde
cuando el tiempo me habló
descubrí
que la luz de ese fuego
se había introducido
en mi interior
Ya era mío
completamente
y, para siempre, mío





