El héroe innovador

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“En Italia, durante los Borgia, hubo guerrilla, terror, asesinatos…
de allí surgieron Miguel Ángel y el Renacimiento. En Suiza reinó el amor
fraterno durante 500 años. ¿Y qué produjeron? ¡El reloj de cuco!”


Harry Lime (Orson Wells) en “el Tercer hombre”

Con la innovación pasa como con el subconsciente: nunca podremos
saber lo bastante sobre ellos… por definición. Si, como ocurre hoy, la
economía es incierta y la tecnología muy dinámica, el empeño en
sistematizar la innovación es aún más inútil.

Cuando no hay mapas para caminar
por terrenos poco conocidos, se
buscan guías. Cuando las organizaciones deben afrontar grandes cambios,
se buscan líderes. Por eso, en tiempos turbulentos triunfan los líderes

empresariales visionarios, luchadores y carismáticos. Como
Jack Welch, Iacocca, Matsushita, Branson, Jobs…

 

Algo parecido ocurre en todo progreso humano. Cualquier cosa o
concepto que nos facilita la vida puede rastrearse hasta un innovador
que atrevió a separarse de las fórmulas convencionales. Se ha llegado a
decir que “la cultura es una forma de beneficiarse de lo que averiguaron
otros sin pagar el precio que pagaron ellos”.

“Héroe” sería el que afronta conflictos y sacrificios para
obtener un éxito que comparte.
Eso ocurre con los “héroes” de
nuestra cultura (Ulises, Moisés, César, Jesucristo), con los superhéroes
de la fantasía o incluso con los que están en proceso de
“heroificación” (como Einstein, Lennon, Luther King, Mandela…).

En su libro “el héroe de las mil caras”, Joseph Campbell hizo
evidentes los asombrosos paralelos entre las grandes historias heroicas
cubiertas por los mitos antiguos. Todos siguen una serie común de fases,
que se pueden agrupar en tres: “partida a la aventura”, “pruebas y
apoteosis” y “regreso al mundo normal”. Más asombroso si cabe es que
esos patrones y fases son reproducidos incluso en las
historias actuales, de forma consciente o inconsciente. En el cine
esto es evidente en la saga de la Guerra de las Galaxias, el Señor de
los Anillos, Indiana Jones, Batman, Matrix o incluso El Rey León.

Los antiguos se molestaron en repetir estas historias generación tras
generación no sólo por su belleza, sino porque así, graban sus
enseñanzas en la memoria colectiva. Lamentablemente, si algo enseña la
historia es que no se aprende de ella.

Aún así, sin pretender apurarlas, me atrevo a enumerar algunas
lecciones de innovación para nuestros esforzados líderes
, que
he creído encontrar en el patrón que siguen las historias de héroes:

– El héroe de los mitos es un transformador, no un
administrador
. Por ejemplo, tanto Ulises, como
el rey sumerio Gilgamesh, como Buda (o como Batman) abandonan, ante la
incomprensión de muchos, sus dignidades y gestiones, para correr
aventuras. Por otro lado, muchos líderes innovadores han demostrado tras
su triunfo ser después pésimos gestores.

– Los motivos iniciales del héroe no son siempre solidarios.
La recompensa (económica, conocimiento o en forma de damisela), la
rivalidad con otros héroes, y sobre todo, el prestigio, suelen ser
importantes incentivos en el comienzo de la aventura. Ya en los
negocios, se ha observado que muchos líderes visionarios muestran cierto
sesgo de personalidad hacia el narcisismo, combinando grandes dotes creativas con
no menores capacidades de egolatría, combatividad y ausencia de empatía
para con los suyos. Por ejemplo, no es casualidad que en el sector más
innovador de la economía, el de las tecnologías de la información,
veamos notorias las luchas de egos entre sus dirigentes o que del CEO de
Oracle se diga que “la diferencia entre Dios y Larry Ellison es que
Dios sabe que no es Larry Ellison”. Y no es precisamente el único que
podría ser donante de autoestima.

– “El no-cambio puede ser muy persuasivo”. En todas
las aventuras aparece el ogro, bruja, dragón o tirano que no renuncia a
lo que considera suyo (su hija, su país o su tesoro), pese a las
repercusiones negativas para el pueblo. Representa las fuerzas egoístas
del no-cambio. En el mundo real, es irónico que muchas veces se trata de
los mismos protagonistas del cambio anterior.

– “Es necesario visualizar (o mejor, experimentar) el reto”.
Luke Skywalker hubiera seguido su carrera de granjero si sus tíos no
hubieran sido asesinados por el Imperio. Sin percepción viva de un reto,
los humanos no aspiran, ni imaginan el camino para superarlo, ni
arrastran con esa visión a los primeros seguidores. El mejor ejemplo es
la propia civilización humana: si no fuera porque en la glaciación de
hace 50.000 años hubo que espabilar y hacer nuevas herramientas,
hubiéramos seguido sin civilización, haciendo trekking, atrapando bichos
y ramoneando, como los 2 millones de años anteriores.

– “Separarse para innovar”. La aventura siempre
empieza con un viaje. La innovación es en esencia otra forma de ver, y
la perspectiva de la distancia ayuda. Por ejemplo, Body Shop surgió del
viaje de su fundadora en el que pudo observar como las mujeres en países
en desarrollo empleaban cuidados naturales. Por otro lado, como indica Christensen,
a veces las nuevas oportunidades deben ser aprovechadas por
organizaciones independientes al negocio principal, porque si no,
tienden a ser contrarrestadas.

– “Un equipo multidisciplinar”. En sus viajes, el
héroe suele estar apoyado por un equipo con distintas habilidades,
procedente de ambos mundos, que le orienta y le acompaña en la lucha.
Ese grupo suele tener su propia personalidad que es incomprendida por el
resto. Del mismo modo, antes de la apoteosis actual de Steve Jobs, se
rumoreaba con ironía que la diferencia entre Apple y un grupo de Boy
Scouts era que éstos últimos suelen tener la supervisión de un adulto.

– “Aprender a dominar los propios poderes”. Son
muchos los paralelismos que pueden encontrarse entre las muchas
aventuras de los héroes y las de los innovadores. Una importante es que
no suelen ser rápidas. Contra las apariencias, la innovación es una
carrera de larga distancia que pone a prueba el entusiasmo de los
pioneros, pero que a su fin, se convierten, como los héroes, en
“maestros de dos mundos”: el nuevo y reducido, y el antiguo y más amplio
en el que finalmente desembarcan y al que revolucionan.

– “La fase final es siempre la entrega”. Al final de
la historia mítica, el poder o la bendición que se ha obtenido debe ser
transferido al mundo de origen. El logro sólo lo es en la medida en que
pueda extenderse en la organización, o en la comunidad. Esto implica un
cierto sacrificio del innovador, lo que suele coincidir con una
elevación del héroe a un nivel más espiritual. Ésta no es una doctrina
muy compatible con los intereses de los accionistas, con lo que esta
labor filantrópica suele confiarse a las fuerzas de imitación del
mercado y a la cada vez más invisible mano invisible de Adam Smith. En
esta misma línea, la responsabilidad social corporativa y más aún las
iniciativas altruistas à la Gates o Buffet son formas de que la aventura
corporativa y personal acabe donde debe: en los demás.

 

Entrada publicada el 14/06/2010 en Innovadirectivos. URL corta: http://bit.ly/cIYSXV

Imagen del post
http://pacotraver.wordpress.com/2008/01/12/heroes-y-mensajeros/

1 COMENTARIO

  1. Me hace gracia lo que dices
    Me hace gracia lo que dices de ‘sistematizar la innovación’, es como esa gente que pretende ‘enseñar’ inteligencia emocional.
    Las ideas, la innovación, o la inteligencia emocional, o se tienen o no se tienen. Y hay cada directivo en las empresas que asusta…
    Y estoy muy de acuerdo que los innovadores no suelen ser buenos gestores.
    Pero supongo que los asesores les ayudarán a minimizar los destrozos.
    Otro saludo, después del post de Apple

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