El mariscador paquistaní de Isla Canela

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Fotografía realizada por la autora de este blog. Isla Canela. 9 de agosto. Tasadaq a lo lejos.

 

Isla Canela. 9 de agosto. Municipio de Ayamonte, Huelva. Se le puede observar en la distancia, en medio de una de las numerosas marismas atlánticas junto a la orilla. Mientras muchos turistas rellenan las playas de sombrillas de colores, Tasadaq, pronunciado Tasadeq, ‘trabaja con el corazón’ y con las mareas a la conquista de coquinas a buen ritmo marino. Tasadaq destaca a lo lejos por el movimiento armonioso que realiza con las piernas, con la espalda y con un brazo. Hace ejercicio con todo el cuerpo para hacer mover el invento, un caza-coquinas, elaborado a mano y compuesto por una rueda, una red y una botella en un extremo y a otro, un bastión de madera y lo que fuera un escurridor blanco de platos de metal, donde criba las coquinas de las almejas (según Tasadaq ‘quiclas’), de los cangrejos, de otras conchas rotas y de las múltiples coquinas minúsculas.

 

 Tasadaq hace la criba.

 

Acercarse a Tasadaq con una sonrisa es ganar otra sonrisa, es aprender a saber en qué consiste ser mariscador, es pasar un rato agradable, es despedirse con pena. Conversa con alegría a pesar de la dureza de su trabajo, horas bajo el sol, horas junto al mar, horas de soledad, sin dejar de cesar en su vaivén. Se deja hacer fotos y no sólo responde a la batería de preguntas de una extraña sino que, además, también pregunta, también demuestra interés por quien se acerca, siente curiosidad e incluso aprovecha para fumarse un cigarrillo. Según cuenta, es de origen paquistaní, tiene 34 años y lleva 14 en España y ha viajado mucho por todo nuestro país, sin embargo, no ha vuelto a Paquistán en todo ese tiempo, no ha vuelto a ver a su familia. En nuestra conversación, se me escapa un ‘me encanta el té paquistaní’, té con leche y un punto amargo. ‘Es mejor el de Afganistán‘, asegura. Tasadaq agradece la compañía aunque no lo confiese abiertamente, eso sí, apunta que los inviernos son muy duros porque no hay gente en la playa y habla de la rutina diaria con poco descanso.

 

Tasadaq hace mover el ‘cazacoquinas’, fundamental para el trabajo de mariscador.

 

Ser mariscador es saber bailar con las marismas, moverse al son de un cazacoquinas y, de vez en vez, hacer criba. Coquinas hermosas deben llenar la red que une una rueda del colador de mariscos. Son 8 euros el kilo de coquinas. De 4 a 5 horas diarias de azuzar con el brazo el bastón de madera, de remover la arena, de sacar el colador y hacer una buena selección que será vendida a un almacén de mariscos y, de ahí, a los restaurantes y los mercados. Descansa los sábados, gana más de mil euros, es autónomo y paga 180 euros a la Junta de Andalucía para conseguir el permiso de ser mariscador. Tasadaq está acostumbrado al sol, su cara repleta de pecas, su piel morena y su delgadez dicen mucho de su trabajo como mariscador. Sin embargo, y a pesar de todo, es capaz de decir que ‘trabaja con el corazón y es muy feliz de vivir en España’.

 

Sus redes no son las nuestras. No tuvo oportunidad de estudiar, no disponde de mail, no sabe de tecnologías pero sí de mareas, de supervivencia y cómo no, de coquinas. Gracias Tasadaq por dejarme escribir sobre ti.

Fátima Margu nace en la antigua Emérita Augusta (Mérida, Extremadura) un caluroso verano de 1981. Ha trabajado como profesora de Universidad, periodista e investigadora. Aficionada a Internet y eterna alumna con una única vocación: cuestionarse qué está pasando para procurar llegar a la Verdad de las cosas. Alma viajera, siempre con la intención de hacer extraordinario aquello que para muchos pasaría desapercibido porque no se pararon a observar la belleza o el trasfondo que una instantánea puede condensar.