Hablemos de porno

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Leo en la prensa extranjera que el conglomerado del porno Hustler ha producido una versión X de Avatar cuyo título será This Ain’t Avatar XXX (desconozco si la existencia de tres X guarda relación con la intensidad del contenido erótico, a más X más cochina es la cinta, o es un fallo del redactor de la noticia que también puede ser con las prisas que imperan en los medios…). Y es que, el eufemísticamente denominado cine para adultos, se nutre a menudo del cine, vamos a decir, convencional. Les pongo unos ejemplos de películas de escaso hilo argumental (una característica común en estas producciones) pero de gran imaginación e incluso cierto gracejo en los títulos: El cartero siempre llama con el rabo (ah, qué gran actor es Jack Nicholson y qué pena que los carteros no llamen con esta parte del cuerpo a las puertas y tiren de portero…); El hombre que susurraba a los coños o Sinderella, la versión caliente del tierno cuento infantil. Un amigo, de forma totalmente altruista, aporta otro título: Más p’adentro, pero no sé si la cinta existe en realidad o si es un delirium de este colega porque yo, queridos lectores/as (si es que hay alguno/a) soy poco consumidora de este género. Sé que con esta confesión quizás esté firmando mi sentencia de muerte y que decepcionaré a aquellos/a que piensan que como escribo de sexo debo de ser una devoradora de películas X. Pero no: yo, lo más y como diría el chiste, veo las películas X hasta el final para ver si sus protagonistas se casan… Qué bonito, ¿no? Que después de tope de escenas de sexo el protagonista masculino, con el rabo erecto, le pida matrimonio a la chica neumática de tetas grandes. Super romántico.

 

El cine porno va de capa caída porque como existe Internet quién más quien menos bien se baja los contenidos by the face o se dedica a ver el porno amateur que pulula por la Red, que es mucho. Hasta el gran Nacho Vidal (gran por lo que ustedes quieran pensar) me confesó en una ocasión que ya sólo visionaba sus pelis y el resto de contenido X lo veía en Internet. Y es que en la Red hay de todo: zoofilia, porno amateur, sadomaso… Basta conectarse a una página web porno gratuita y fijarse en la categorización del contenido: Hentai, Famosas, Jovencitas, Tetonas, Oral (no se confundan que esta categoría no se refiere a las pelis con grandes diálogos)… Si las categorías no tienen desperdicio, qué decir de los títulos de los vídeos: Puta que come rabos; Corrida facial en cara de colegiala cachonda; Española muy joven para mamar y follar; El biberón; Esta puta se lo traga todo….

 

Viendo estos títulos deduzco que los usuarios de estas páginas web serán en su mayoría hombres pero no porque a las mujeres no nos guste el porno, que eso es una falacia, sino porque viendo el título Puta que come rabos se deduce que el que ha subido dicho vídeo, y por extensión el que lo consume, tiene una visión arcaica, casposa y añeja del sexo. Que pertenece a esa raza, que no está en extinción lamentablemente, que piensa que si a una mujer le gusta el sexo (en solitario, en grupo, con su pareja, con quien le dé la gana, clásico o esperpéntico) es una puta. Así nos luce el pelo… Feliz semana a todos/as.

Vengo de París, como casi todos los niños, y me he pasado la vida entre Francia y España (aunque me defino extremeña). Empecé escribiendo de economía en Capital pero tras ocho años en los mercados bursátiles, y demostrando ser de perfil arriesgado, me hice freelance. He colaborado con los principales medios de este país y escrito varios libros de sexo, el último, "Hola, sexo: anatomía de las citas online (Arcopress)". Este blog es a consumir sin moderación pero ¡tampoco te lo creas todo!