Informando a las colonias: El sistema social II. La Sanidad II

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Querida lectora, la actualidad te ha traído estos días noticias sobre las últimas elecciones celebradas en el Imperio y eso te ha despertado una queja contra mí: «Este gran Necio, nos dice que nos informa del Imperio y después de casi un año, no nos ha hablado aún de sus emperadores, ni de su política.»

 

Modera tú crítica. Sé consecuente. Te recuerdo que aceptaste leerme a sabiendas de que no soy un gran cronista, uno de esos que te picotean las noticias en los periódicos o te las cacarean por internet, sino uno modesto y torpe que necesita mucho tiempo para pensar lo que escribe. Ya ves tú, para terminar diciendo disparates.

 

Dejame explicarte, además, que si bien es cierto no he hablado aún de los emperadores sí lo he hecho bastante de su política. ¿Qué es la sanidad pública o privada si no una decisión política? ¿Qué el permitir una mayor desigualdad entre ricos y pobres si no otra decisión política? ¿Qué la declaración de guerras? ¿Qué nombrar amiga o enemiga a una colonia? Aún más, te he hablado mucho de la religión Capitalista y ¿qué es ésta si no el resultado de las decisiones políticas de sus sumos sacerdotes? Son ellos y no los emperadores, los que ahora hacen y deshacen la política del Imperio como en tiempos fueron los papas, obispos y cardenales de la Iglesia Católica quienes dirigían la política de España. A cada Imperio, su predicador.

 

La política, querida lectora, es mucho más que un sistema político que se designa con una palabra como democracia. Por ese motivo, no me censures por haber dejado para más adelante el hablar de emperadores y sistemas políticos. Todo llegará.

 

Aclarado este asunto, continuó contándote las peculiaridades del sistema sanitario donde lo dejé hace dos semanas. Te sorprenderá saber que la sanidad privada tiene su burocracia y, aunque internet ha agilizado mucho las gestiones, has de tener presente que no se puede ir al médico que uno quiera sino al que tenga un acuerdo con el seguro médico contratado. La diferencia, si uno se equivoca de médico, es tiene que pagas de su bolsillo la consulta o gestión sanitaria.

 

Por ejemplo, quitarle cinco puntos de sutura a una niña de tres años que se ha dado un golpe contra la pared puede costar 375 dólares si no se va al médico del seguro, una radiografía puede salir por 450 y una sesión de quiropráctico por 175. Por cierto, eso es lo que pagas si cometes la temeridad de no tener seguro.

 

Otra característica del sistema es que los lugares donde se opera y atiende a las personas no son hospitales, clínicas, ambulatorios o consultas médicas sino compañías de servicios sanitarios, es decir, empresas que trabajan sólo por los beneficios, a igual forma que hacen los seguros médicos.

 

Esa situación genera una curiosa tensión entre la compañía y el seguro que juegan al tira y afloja con la salud y la vida de los pacientes. De un lado, el seguro intenta por todos los medios ahorrar al máximo los gastos. Así, un enfermo aquejado de una grave dolencia en la columna vertebral, que es operado a las cinco de la tarde, pasa tan sólo una noche en hospital, por el módico precio de 1.500 dólares, y a la mañana siguiente se le envía a casa con un montón de analgésicos y un «ya se mejorará usted». Por otro lado, al cobrar por sus consultas, análisis e intervenciones, la compañía sanitaria tiende a ejecutar el máximo posible de operaciones, muchas de ellas sin necesidad para el paciente.

 

También el asunto de la investigación médica también tiene su lado bueno y su lado malo. Las compañías sanitarias y lo seguros invierten en investigaciones que proporcionan determinadas terapias y tratamientos para curar dolencias y enfermedades. Eso es lo bueno.

 

Lo malo es que, bajo la lógica capitalista, sólo investigan las enfermedades que son rentables. Además, una vez hallado un tratamiento o terapia no se administra otro más moderno hasta que no se ha amortizado la inversión de ese tratamiento o terapia, claro. Y, por supuesto, siguiendo la lógica de la rentabilidad capitalista, entre un tratamiento bueno y caro y uno regular y barato, el seguro siempre elige el regular y barato.

 

Luego, viene la cuestión de los medicamentos. Debido a que las empresas deben ganar dinero, una aspirina cuesta cuatro veces más en el Imperio que en las colonias. Por otra parte, los seguros unas veces cubren las medicinas, otras no. Pero, incluso, aunque estén cubiertas, el paciente tiene que pagar un 20% de su precio. Cuando son unos simples antibióticos no es un gran problema pero en las enfermedades graves la cuestión puede tratarse de tener que elegir entre la casa o la vida.

 

Te pongo un ejemplo. Digamos que una persona padece cáncer y digamos que tiene que pagar un 20% de cada dosis de quimioterapia que necesita en un tratamiento. Digamos que la dosis, actulamente, cuesta unos seis mil dólares. Digamos también que el 20% de seis mil dólares son 1.200. Y digamos, al fin, que el tratamiento exige seis, doce o veinte sesiones. Es decir, esa persona además de sufrir cáncer ha de pagar de su bolsillo, 7.200 mil, 14.400 o 24.000 mil dólares. ¡Y eso sólo por la quimioterapia!

 

Ahora comprenderás, querida lectora, porque en el Imperio muchas personas tienen que vender su casa cuando les diagnostican ese cáncer. Y también comprenderás porque las que no tienen casa no tienen curación.

 

Dejame ahora que te explique otra cosa, querida lectora. Existe una corriente de pensamiento que dice que cada individuo es responsable de sus actos y que ha de ser responsable de valerse por sí mismo. O sea, el individuo es Dios. Por esa razón, la tal corriente de pensamiento sostiene que una persona sana no tiene que pagar la enfemedad de otra. Lo he escuchado tal cual en el Imperio. ¡Como si las personas fueran responsables de sus enfermedades!

 

Es una forma de ver la vida. Una forma egoísta, miope, misántropa y hasta incivil, pero una forma. Desde luego no es la mía.

 

Por ese motivo, sigo sin comprender porque hay gente por la vida que considera que el mero beneficio de unos pocos es mejor que los impuestos para gestionar la vida en sociedad. Es cierto que los impuestos tienen el peligro de su mala gestión, de las burocracias y de la corrupción pero también lo es que el beneficio de unos pocos tiene los mismos peligros y genera, además, sociedades avaras y crueles capaces de dejar morir a las personas sin la menor consternación.

 

Deseándote de nuevo buena salud, te dejo hasta la semana que viene.

 

Vale

Máximo Necio nació en Madrid por accidente, como casi todo en su vida. Estudió humanidades en la Universidad Complutense. Al terminar los estudios buscó la erudición a través de la aventura, sin que hasta el momento haya aprendido más que un par de verdades de andar por casa. Tan escaso conocimiento le permite, sin embargo, cierto filibusterismo cultural y mucha, mucha indignación, aunque es más la de los intransigentes que la de los justos. En corregirlo anda.